El informe de la UNESCO Global Education Monitoring Report 2026: Lead with Youth nos entrega un mensaje claro:
A los jóvenes no les interesa solo ser espectadores de lo que pasa en la sociedad; quieren participar activamente y colaborar ante los grandes retos de nuestra humanidad.
Entender lo que nuestros jóvenes pueden aportar es una herramienta valiosa de información y acción. Como padres de familia, nos permite orientar y potenciar el desarrollo de nuestros hijos en lo educativo, cultural, deportivo y social.
El informe revela que solo uno de cada tres países del mundo cuenta con mecanismos reales para que los jóvenes participen en decisiones, por ejemplo, en políticas educativas. En México, esto se establece en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Sin embargo, el mismo documento advierte: la mayoría de las veces se consulta… y luego se ignora. Esa brecha entre “escuchar” y “actuar” está alimentando la triple crisis que viven nuestros hijos: deserción escolar, violencia y adicciones.
En el ciclo 2024-2025 desertaron casi un millón de estudiantes en México. En media superior, la tasa real supera el 30% en muchas regiones. Miles de jóvenes abandonan la escuela porque sienten que nadie les pregunta qué necesitan, qué les duele o qué sueñan. Cuando la escuela no los escucha, muchos buscan “voz” en la calle. Solo en 2023 se registraron 1,023 homicidios de adolescentes. Esto ha provocado que el reclutamiento por grupos delincuenciales y el crimen organizado aumente hasta un 20.6% en diversas entidades. Aunque el consumo de drogas ilegales bajó ligeramente, el alcohol sigue afectando a uno de cada tres jóvenes, mientras la ansiedad, la depresión y la ideación suicida crecen de manera alarmante.
Estos problemas no ocurren por casualidad. Son consecuencia directa de que nuestros hijos se sientan objetos de la educación y no protagonistas.
El informe GEM 2026 muestra que, en los países donde los jóvenes participan de verdad, la deserción disminuye, la confianza aumenta y las familias respiran con mayor tranquilidad.
Como padres, necesitamos entender esto con claridad y actuar con decisión.
Frente a otros países: ejemplos que nos pueden inspirar
Comparemos con serenidad y esperanza. Chile vivió una intensa participación juvenil en sucesos sociales y políticos. Los jóvenes no solo protestaron: fueron escuchados y generaron cambios reales. Hoy la deserción en media superior chilena está por debajo del 8%, muy lejos de nuestro 30%. Los consejos estudiantiles tienen influencia real en los proyectos curriculares y en el presupuesto escolar. Los padres chilenos cuentan con aliados fuertes en la escuela porque sus hijos participan y se forma en ellos un sentido de corresponsabilidad.
Finlandia, uno de los países que suele liderar las evaluaciones educativas mundiales, inicia la participación desde la primaria. Los niños y jóvenes opinan sobre el clima escolar, los horarios y parte del contenido. Como resultado, la deserción es menor al 5% y las familias encuentran en la escuela un verdadero aliado en la formación de sus hijos.
En Países Bajos, desde 2024 la ley obliga a que los consejos estudiantiles tengan voto vinculante en la elección de directores y en los objetivos educativos. Los jóvenes votan de verdad. El resultado: deserción por debajo del 4% y jóvenes que se sienten dueños de su educación. Los padres holandeses participan en consejos donde sus hijos también tienen voz.
Más cerca de nosotros, Uruguay y Costa Rica integraron a las familias como eje central. En Uruguay, programas de diálogo entre padres e hijos financiados por el Estado redujeron la deserción en 15 puntos porcentuales en zonas vulnerables. Costa Rica une consejos estudiantiles con presupuestos participativos y talleres para familias. Esto ha permitido que las tasas de homicidios adolescentes sean tres veces menores que en México y que las adicciones estén mejor controladas.
Noruega y Alemania completan el panorama: parlamentos juveniles locales con presupuesto propio y consejos nacionales electos. Sus tasas de violencia juvenil son las más bajas de Europa. ¿Qué tienen en común estos países? Cuatro elementos que México todavía no aplica del todo: mecanismos formales con presupuesto y poder real, retroalimentación pública obligatoria, evaluación anual con participación de jóvenes y familias, y apoyo concreto a los padres como primeros educadores.
En México la realidad es distinta. Aunque existen políticas para fortalecer la participación juvenil en lo educativo, cultural y deportivo, para miles de padres y jóvenes se repite la misma frase: “Nos escucharon… pero al final decidieron sin nosotros”. Ese es el tokenismo que el informe GEM critica con dureza. Como padres, sentimos en carne propia esa frustración. Al final se ha impuesto el actual régimen hegemónico (el Partido MORENA en el Poder para el caso particular de México) con planes y programas al margen de la ley y sin consulta real. Esta misma situación se vive en países como Argentina, Nicaragua, Cuba, Venezuela y Brasil, tal como señalamos en el número pasado. Sin embargo, los jóvenes han encontrado formas de expresión, como la Marcha del Cubilete en México con una expresión que superó los más de 70 mil asistentes en un contexto de reconocimiento histórico del suceso de la Cristiada, nuestros jóvenes católicos mexicanos dieron su Sí para un México en Paz y buscar su libertad.
Ante la evidencia del informe, el mensaje es contundente: cuando existen condiciones de diálogo abierto, acompañamiento emocional y corresponsabilidad entre sociedad y gobierno, fenómenos como la deserción, las adicciones y la violencia caen drásticamente. En los hogares y escuelas donde los hijos se sienten escuchados, contamos con jóvenes más resilientes y con mayor capacidad de escucha en una era donde la comunicación es constante y dinámica. Desde la experiencia de la UNPF a lo largo de más de 108 años, hemos encontrado en los hogares del día a día grandes aprendizajes que han permitido superar retos no solo internos, sino también en la relación entre la escuela y la sociedad. Por eso ponemos a su disposición tres herramientas prácticas que han funcionado en nuestras familias:
1. Tener “espacios de voz. Estos momentos en casa permiten que los hijos expresen cómo viven su entorno, cómo se desempeñan y cómo pueden superar los retos escolares, con amigos, maestros, miedos o sueños. Esta rutina de escucha y preguntas fortalece la comunicación asertiva, genera corresponsabilidad y detecta problemas antes de que sea tarde. Además, crea un círculo de influencia positiva entre amigos, compañeros y la comunidad escolar.
2. Involucrarse activamente en la escuela. Desde nuestra fundación hace más de 108 años, hemos defendido el deber y derecho de los padres en la educación de sus hijos. Pero esto no se traduce solamente en participar en la mesa directiva de padres, sino también en grupos de apoyo y consejos de participación social. Allí se pueden revisar planes, contenidos, actividades de refuerzo, entornos seguros y propuestas de prevención de adicciones. Cuando padres e hijos van unidos a la escuela, la voz de la familia pesa más.
3. Monitorear señales tempranas de riesgo. Cuando aparecen cambios de humor, ausencias frecuentes, consumo de alcohol o aislamiento en vínculos sociales o afectivos, es momento de actuar. Buscar apoyo profesional inmediato (psicólogos escolares, centros comunitarios o líneas de ayuda) es clave. La prevención siempre es más barata y menos dolorosa que la cura.
Estos tres pasos no requieren dinero extra. Requieren voluntad y constancia. En Costa Rica y Uruguay, los programas de fortalecimiento familiar se convirtieron en política de Estado y los resultados se ven en menos deserción y familias más unidas. En México, donde muchas madres y padres trabajan jornadas largas, se eliminaron apoyos como los desayunos escolares o las escuelas de tiempo completo, dejando solo medidas reactivas.
Como padres de familia, no podemos esperar a que “arreglen” todo desde arriba. Podemos y debemos actuar. Es por ello que como UNPF les proponemos tres recomendaciones prácticas:
Primero: Formen grupos de padres en su escuela o colonia. Reúnanse para compartir experiencias y preparar propuestas conjuntas (mejores horarios, apoyo emocional, actividades contra las adicciones y prevención de violencia). Cuando 20 o 30 padres hablan con una sola voz, las autoridades escuchan. La constancia genera cambios reales que benefician a nuestros niños y jóvenes.
Segundo: Exijan que los consejos de participación escolar incluyan representación juvenil y que las propuestas de los jóvenes sean respondidas por escrito y en tiempo. Canalizar estas acciones puede enriquecer no solo la comunidad educativa, sino otros espacios sociales.
Tercero: Inspirémonos en los modelos de Uruguay y Costa Rica. Impulsemos talleres de inteligencia emocional, presupuestos participativos para actividades juveniles y una plataforma donde cada consulta termine con un informe claro de rendición de cuentas. Cuando involucramos a los jóvenes como parte de la solución, surgen grandes iniciativas que pueden volverse institucionales y con visión de largo plazo.
Escuchen esto con el corazón abierto: nuestro país los necesita hoy. No como héroes de película, sino como ustedes son: jóvenes reales, con sueños, dudas y ganas de hacer algo bueno. Los retos están ahí: la escuela que muchos abandonan, la violencia que asusta, las adicciones que atrapan y las familias que a veces se rompen. Pero estos problemas no son el final de la historia… son la oportunidad para escribir un capítulo mejor.
Fortalézcanse todos los días. Estudien con ganas, aunque sea difícil. Trabajen con honestidad. Cuídense el cuerpo y la mente. Hablen con sus papás, aunque a veces cueste. Lean, pregunten, piensen y no tengan miedo de equivocarse. La fuerza verdadera nace de adentro: de ser responsable, de decir la verdad y de levantarse cada vez que caigan.
Y cuando ya estén más fuertes, no se queden solo para ustedes. Empiecen por su familia: sean el apoyo, la alegría, el que escucha y el que ayuda. Una familia unida es el primer triunfo. Luego lleven esa misma fuerza a su escuela, a su colonia, a su país. Participen, propongan ideas, rechacen lo que está mal y defiendan lo que es bueno. No hace falta ser perfecto, solo hace falta ser honesto y no rendirse.
Porque México no cambia desde los discursos ni desde las redes. México cambia cuando cada joven decide: “Yo voy a ser mejor, y voy a ayudar a que mi familia y mi país también lo sean”.
Cita este artículo
Sánchez Martínez, I., (2026, abril 25). Escuchar a los jóvenes. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/escuchar-a-los-jovenes/
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