Con la toma de posesión del segundo periodo presidencial de Donald Trump, en Estados Unidos (2025-2029), se han incrementado las especulaciones -positivas y negativas- de la llamada “Era Trump”; sobre si traerá cambios importantes en Estados Unidos y en el resto del mundo debido a su gran influencia política y económica, siendo la primer potencia mundial.
El presidente Trump ha anunciado cambios significativos en las relaciones con sus vecinos y socios comerciales en el T-MEC (antes TLCAN), Canadá y México. A pesar de existir un tratado de libre comercio que regula las relaciones comerciales entre los tres países, el presidente Trump ha anunciado medidas económicas, como el incremento en aranceles, para presionar políticamente a los gobiernos de estos países para involucrarlos en la solución de los principales problemas que lo afectan: migración e inseguridad (este último asociado al trasiego de drogas, por parte de los cárteles mexicanos, a los que denominó organizaciones terroristas).
La migración forzada se ha convertido en el problema más crítico para los países desarrollados Estados Unidos y Europa, a los que suelen dirigirse personas provenientes del Tercer Mundo: África, Latinoamérica y Asia, para quienes migrar representa una oportunidad huir de la inseguridad y violencia; para lograr empleos mejor remunerados y condiciones de vida dignas, debido a la falta de oportunidades o de seguridad en sus países de origen.
Aunque este problema global debería atenderse conjuntamente por organismos internacionales y los gobiernos de los países involucrados para encontrar soluciones viables en los países de origen, la ausencia de mecanismos y medidas ha generado el agravamiento de este gran problema mundial, hasta convertirse en el más importantes, después de los conflictos armados.
Según datos de la ONU, Estados Unidos es el país número uno como destino para migrantes, lo que explica la razón por la que quieren restringir y regular la movilidad de personas.
La expulsión de migrantes mexicanos afectará de diversas maneras al país: económica y socialmente, con la reducción de remesas, que representa alrededor del 4% del PIB (mas de 60 mil millones de dólares anuales) y al ingreso de miles de familias mexicanas que dependen completamente de ellas. Adicionalmente, con medidas arancelarias y comerciales para obligar a las autoridades a evitar la transmigración y la migración de mexicanos a EE.UU.; así como en en su bienestar al no ofrecerles empleo, seguridad social y servicios públicos adecuados.
Es obligación de los gobiernos garantizar el bienestar de sus ciudadanos generando condiciones y oportunidades para su desarrollo; evitar la emigración, por falta de empleo o de seguridad, y la consecuente desintegración familiar. Que en nuestro país no existan dichas condiciones y oportunidades no es culpa de los Estados Unidos, sino de nuestros gobiernos. Por su parte, Estados Unidos se beneficia de la fuerza de trabajo de nuestros nacionales y del subsidio inverso que significa que personas capacitadas y con estudios generen riqueza allá, por no poderlo hacer aquí.
Además de lo ya señalado, es obligación del gobierno mexicano garantizar la paz y la seguridad de todos los connacionales. Su omisión en estos rubros ha sido la causa del alto índice de violencia y del gran número de víctimas de la delincuencia: asesinatos, extorsión, asaltos, pagos de cuota de piso para cualquier “negocito” familiar o empresa, robos de transportes, asaltos en carreteras, etcétera, etc. Estas situaciones han orillado a familias enteras a abandonar sus hogares, sus campos de cultivo o a cerrar negocios para huir de su ciudad, estado o, en muchos casos, del país. La situación se agrava, después del 11 de septiembre de 2001, por la dificultad de que las personas que iban a trabajar por periodos entren y salgan de manera controlada, lo que ha distanciado -y hasta desintegrado- familias por décadas.
De esta situación tampoco podemos culpar a Trump o a Estados Unidos, ya que estas responsabilidades las ha omitido el gobierno mexicano.
En el tema educativo Trump ha declarado el fin de las ideologías de género y woke impulsada por los gobiernos demócratas de los Estados Unidos, al afirmar, conforme a la biología, la existencia de solo dos sexos naturales. Lamentablemente, su adopción en el sistema nacional de enseñanza ha generado un severo atraso educativo en nuestro país, através de los libros de texto, afectando incluso la percepción de niños y jóvenes en esta materia.
Como en México, Canadá también dañó a su infancia y juventud con el adoctrinamiento en esas ideologías, mediante el modelo educativo gubernamental. Como los demócratas de Estados Unidos, Justine Trudeau, primer ministro de Canadá fue un convencido de esas ideologías. Quizás ello también esté entre los motivos por los que sus conciudadanos le perdieron la confianza, y presentó su renuncia al cargo.
Estos hechos muestran, en los casos de Estados Unidos, México y Canadá, el beneficio o el daño que llegan a generar los gobernantes cuando, al margen del bien que demanda su país, imponen sus propios intereses a los de la sociedad.
Es momento de exigir y contribuir a que los gobernantes nos garanticen tanto nuestra seguridad como la satisfacción de nuestras necesidades básicas -sobre todos de seguridad, educación y empleo- sin dádivas (electoral y clientelarmente, mediante programas sociales) ya que estas impactan negativamente en el desempeño de los jóvenes quitándoles los anhelos de superación y emprendimiento, haciéndolos conformistas al pretender ingresos fáciles, sin esfuerzos ni méritos; o atractivos -como carne de cañón- para la delincuencia organizada.
Lejos de invertir en la educación y el desarrollo de los niños y jóvenes, el gobierno gasta en programas sociales que poco o ningún beneficio generan a la sociedad.
La creación de escuelas y de fuentes de empleo, está demostrado, es la mejor inversión de un país en su progreso.
Muchos mexicanos esperamos que la “Era Trump” logre erradicar a los cárteles de la droga, acabar con la violencia e inseguridad y que tanto el gobierno como los ciudadanos trabajemos armónicamente tanto en la erradicación de nuestros males como en la realización del bien común, en el marco de nuestros valores sociales y familiares, para colocarnos entre los países más desarrollados.
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