¿Estamos ante el «pan y circo» de la era moderna? ¿Por qué celebrar en las canchas si vamos perdiendo como sociedad?
Un hecho trascendente ocurrió en mayo de 2026, cuando el actual secretario de Educación de México pretendió adelantar el fin del ciclo escolar usando como pretexto el próximo mundial de fútbol y el «calor». Dejó de manifiesto las verdaderas prioridades del sistema educativo actual, las cuales distan mucho de la formación de los estudiantes.
Seguramente las autoridades esperaban una respuesta favorable por parte de la ciudadanía; sin embargo, se toparon con un rechazo contundente de la sociedad civil, representada por organizaciones como la Unión Nacional de Padres de Familia, Alianza de Maestros, Mexicanos Primero, organismos empresariales y las propias secretarías de educación de algunos estados.
Este episodio es una pequeña muestra de cómo sí se le puede ganar a la arbitrariedad; una auténtica victoria de la sociedad frente al sistema.
No se trata de satanizar ni menospreciar el deporte, en este caso el fútbol. Es, más bien, un llamado a priorizar nuestras necesidades colectivas y a denunciar con esa misma energía y pasión la injusticia, la corrupción, la violencia, la impunidad, el desabasto de medicamentos, la violación de los derechos humanos y la falta de empleo. Exijamos resultados a nuestros gobernantes con el mismo ímpetu con el que apoyamos a un equipo o con la perseverancia de hacer fila de dos o tres días para conseguir boletos para un concierto.
La «pobreza» de un país a la que se refieren las frases iniciales no es solo económica; es una pobreza de compromiso social, de conciencia cívica y moral. Es la apatía que nos hace tolerar con pasividad y resignación los problemas, e incluso adoptar discursos oficiales que invitan a dejar de ser «aspiracionistas» para volverse conformistas.
Es preciso hacer un llamado a la conciencia y al equilibrio. Los ciudadanos de una nación justa e informada no tienen por qué apagar su pasión deportiva, pero sí deben desarrollar la misma fuerza, exigencia y capacidad de organización para alzar la voz ante los problemas que afectan su vida diaria.
Debemos tener claras las prioridades básicas: salud, educación, seguridad, justicia y empleo.
Los conciertos masivos gratuitos, por ejemplo, deberían pasar a un segundo término y celebrarse también en apoyo de las necesidades fundamentales de la población para contribuir a que sean plenamente cubiertas. Hay que mantener la pasión equilibrada con la exigencia y la responsabilidad social.
Más que un juego, esta Copa del Mundo es un llamado a nuestra esencia. Que el canto unísono de nuestro himno en los estadios reavive el fuego del amor por México. Al margen de cualquier resultado, la victoria ya es nuestra si demostramos de qué estamos hechos: de unidad, solidaridad y de un amor inquebrantable por nuestra Patria. ¡Ahí radica nuestro verdadero triunfo!
Referencias:
México País de Incongruencias. Herrera Vega Tarsicio.
Cita este artículo
Herrera Maldonado, J., (2026, junio 24). Del estadio a la realidad: equilibrio cívico. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/del-estadio-a-la-realidad-equilibrio-civico/
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