Se cumplen 35 años del final del Muro de Berlín. De forma intempestiva y sin poder explicarlo satisfactoriamente, el Muro cayó por errores burocráticos, después de su construcción, en 1961.
Fue construido para evitar el paso de extranjeros, pero, sobre todo; para evitar la salida de ciudadanos inconformes con el régimen comunista, represivo y sin libertades, que además de someter sus ciudadanos al espionaje y represión, especialmente contra cualquier tipo de disidencia contra el Estado.
El muro estaba provisto de un sistema complejo de alambre de púas, fosos y barreras antitanque, minas explosivas, torres de vigilancia, pistas para patrullas armadas y perros de presa para atacar a cualquiera que -en busca de la libertad- intentara evadirse. Las placas en memoria de aquellos que fallaron al intentar cruzarlo acreditan la eficiencia carcelaria. la cantidad de víctimas que lo intentaron se desconoce, aunque el Centro de Estudios Históricos de Potsdam estima que murieron 125 personas y fueron apresados más de 3 mil.
Este denominado Muro de Protección Antifascista, por el gobierno de la República Democrática Alemana, y llamado por la prensa y la opinión pública occidental “Muro de la Vergüenza”, fue el símbolo de la Guerra Fría y de una Alemania dividida en dos partes, después de la II Guerra Mundial.
Berlín, la capital de Alemania, del lado occidental se denominaba Federal; y, del lado oriental o comunista, se denominaba “Democrática”. En esta ciudad el Muro medía 160 km.
La caída del Muro, entre el jueves 9 y el viernes 10 de noviembre de 1989, fue consecuencia de la fuga de más de 13 mil ciudadanos en las fronteras de Austria y Hungría, seguido de protestas en el interior de Alemania del Este, especialmente en Leipzig, lo que provocó la renuncia del jefe de Gobierno, Erich Honecker.
A su remplazo, Egon Krenz, le tocó enfrentar las fuertes demandas sociales de libertad, lo que finalmente ocurrió, provocando la caída del Muro de la Vergüenza.
Hace algunos meses tuve la oportunidad de visitar los restos del Muro de Berlín y el museo de la STASI, policía represiva del gobierno comunista, y conocer los atentados a los derechos humanos perpetrados por el gobierno a través de esta.
He aprovechado la coincidencia del 35 aniversario de la caída del Muro, para hacer ver que sigue vigente el espíritu aislacionista, como en el caso de la construcción del muro fronterizo México-USA que, con el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, el muro será reforzado, y no cabe duda de que el tránsito entre los dos países vecinos enfrentará cada vez más dificultades.
También está el caso de Hungría, cuyo dictador, Víctor Orban, está por ese medio rechazando a los migrantes y refugiados Serbios, en busca de una vida digna y en libertad.
Esperemos que el ejemplo del Muro de Berlín haga pensar a los gobernantes en otras formas de convivencia dentro del mundo globalizado que nos ha tocado vivir. El 35 aniversario de la caída del Muro de Berlín debe ser un recordatorio de la importancia de la libertad y la democracia, y de nuestro deber de luchar por ellas.





