V centenario de los dominicos en México

Alejandro Cravioto Lebrija

V centenario de los dominicos en México
Hace 2 años, en 2024, conmemoramos el V centenario de la llegada de los primeros franciscanos a México, a la cabeza de “los doce” venía el santo varón Fray Martín de Valencia.

Ahora recordamos la llegada de los primeros misioneros de la Orden de Santo Domingo, los Dominicos, a la Ciudad de México, capital de la naciente Nueva España, el 23 de junio de 1526, hace exactamente cinco siglos.

“La grandeza de la Nueva España fue antes que política o militar, artística y religiosa”. Octavio Paz. 

Se embarcaron, como todos los viajeros hacia América, en Sanlúcar de Barrameda el 2 de febrero de 1526. Al arribar a La Hispaniola, hoy Santo Domingo, recibieron la lamentable noticia de que del grupo de 12 que les había antecedido llegando a la isla a finales de 1525, tres ya habían muerto. No se sabe con precisión cuántos llegaron en esa primera expedición.

Pero de lo que hay certeza, es que Fr. Tomás Ortíz venía como responsable o Vicario General, le acompañaban Fr. Vicente de Santa Ana, Fr. Diego de Sotomayor, Fr. Pedro de Santa María, Fr. Gonzalo Lucero, Fr. Domingo de Betanzos, Fr. Diego Ramirez, Fr. Bartolomé Calzadilla y Fr. Vicente de las Casas, Lego y novicio, respectivamente, estos últimos.

A su llegada a Ciudad de México, los acogieron los Franciscanos en su incipiente conventillo. De este malhadado grupo, nos dice Bernal Diaz de Castillo, en su memorable Historia General de la Conquista de la Nueva España,

“… quiso Dios que cuando vinieron, les dio dolencia del mal de modorra, de que todos los más murieron… y después han venido otros muchos y buenos religiosos, de santa vida y de la misma Orden del Señor Santo Domingo, en ejemplo muy santos, que han instruido a los naturales de estas provincias …en nuestra Santa Fe”.

En febrero de 1527, y muy probablemente por los conflictos con Hernan Cortés, Fr. Tomás regresó a España con algunos de los restantes, quedando solo unos cuantos con Fr. Domingo de Betanzos como Prelado, quien posteriormente se iría a evangelizar a Guatemala.

El Cardenal Loaysa dispuso en España los preparativos para que un grupo numeroso partiera hacia América. Le entregó a Fr. Vicente de Santa María, del Convento de San Esteban de Salamanca, el título de Vicario General de los religiosos. Llegaron a Veracruz los 24 religiosos dominicos, de los cuales solo siete emprendieron el trayecto, arribando en octubre a Ciudad de México, ya que los restantes quedaron maltrechos en Veracruz.

Como resultado de un Capítulo Provincial en Santo Domingo en agosto de 1531, llegó a México Fr. Francisco de San Miguel en octubre, llevando consigo al célebre Fr. Bartolomé de las Casas. En otro momento abordaremos los escritos y apasionada defensa de los aborígenes emprendida por el polémico Dominico.

Ya para entonces las denuncias de los religiosos, principalmente los Dominicos, por los excesos y violencia cometidos por algunos españoles contra los naturales, iniciándose una gran polémica jurídico-teológica, convirtiendo la presencia y actuación de España en América en un auténtico caso de conciencia.

El primero de ellos fue el Dominico Fr. Antonio de Montesinos, quien en la misa de adviento de diciembre de 1511, en Santo Domingo, increpó a los hispanos asistentes con palabras muy duras: “… todos estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes, …¿estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?”.

Asimismo, otro Dominico, Fr. Juln Garcés, primer obispo de Tlaxcala y primero también nombrado en México, en 1537 envió una larga epístola al Papa Paulo III en la que denuncia los abusos cometidos por los encomenderos contra los indios y hace una defensa extraordinaria de los valores, aptitud para recibir la fe, virtudes morales y personalidad de los niños indígenas.

Esta carta motivó al Papa Paulo III para, con “toda autoridad apostólica”, proclamar y declarar, en la Bula de la libertad, la Sublimis Deus de junio de 1537, la dignidad humana de los indios, su legítima libertad, derecho de posesión y uso de sus bienes y propiedades y ser perfectamente capaces de recibir la fe y de alcanzar la salvación.

En 1532, en el Capítulo General de la Orden realizado en Roma, se erige la Provincia de Santiago de México, que comprendía Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Tlaxcala y Pánuco. Posteriormente, en 1551 se formó la Provincia de San Vicente abarcando los obispados de Yucatán, Chiapas, Guatemala, Nicaragua, Honduras y la provincia de Coatzacoalcos y Tehuantepec. Todo el sureste de México y Centroamérica.

“Más apostólica fue la vida de la Provincia, afirmará Mariano Cuevas S. J. en su documentada Historia de la Iglesia en México, los Dominicos desde entonces tomaron parte muy activa en la conversión y doctrina de los pueblos de Nueva España. A ellos se debe, entre otros capitales esfuerzos, el que se tomaron por imprimir y divulgar los primeros catecismos, … por lo que tienen gran significación en la historia eclesiástica de México”.

Al paso de los tres siglos virreinales, los Dominicos nos legaron un maravilloso patrimonio artístico y arquitectónico, en algunos de los conjuntos conventuales más importantes del arte novohispano de México, especialmente en Oaxaca y Puebla. En sabia frase, el Nobel de Literatura mexicano, Octavio Paz, afirmó: “La arquitectura es el testigo insobornable de la Historia”.

Sobresalen como auténticos testigos mudos del paso de los hijos de Santo Domingo por nuestro terruño, el templo y exconvento de Santo Domingo de Guzmán de Oaxaca, obra maestra del barroco universal con su fastuosa ornamentación dorada interior; la Capilla del Rosario y sus retablos dorados; el Convento monumental de Santo Domingo de Yanhuitlán en la Mixteca con su enorme retablo principal; el de San Pedro y San Pablo de Teposcolula con su capilla abierta, considerada una de las más bellas de América.

El convento de San Juan Bautista de Coixtlahuaca, en la Mixteca Alta y su monumental fachada. Mención aparte merece la hermosísima capilla del Rosario de Santo Domingo en Puebla de los Ángeles. En San Cristóbal de las Casas una auténtica joya es el templo y exconvento de Santo Domingo; Tecpan, Chiapa de Corzo y medio centenar de capillas y templos más, tan solo en México y Centroamérica.

En Ciudad de México, el Convento Mayor del conjunto fue bárbaramente mutilado en las décadas de 1850 y 1860, en los gobiernos liberales de Juárez y Comonfort, por la Ley Lerdo y la de Desamortización de los Bienes Eclesiásticos. Perdiéndose para siempre la hermosa Capilla del Rosario, la portería y otras muchas dependencias conventuales, que fueron aniquiladas por la piqueta para abrir la calle Leandro Valle, “una calle que no viene de ningún lado ni va a ninguno”, el afán era destruir todo vestigio catolico, toda evidencia del espíritu que animó a México durante tres siglos, sobre todo de los Dominicos, ya que fueron en México los encargados del tribunal del Santo Oficio o Inquisición.

El sabio Cronista de la Ciudad de México, Guillermo Tovar de Teresa, en su obra La Ciudad de los Palacios: Crónica de un patrimonio perdido, da cuenta de la terrible destrucción de infinidad de conventos, templos, capillas, palacios, universidades, colegios virreinales y cuanto quedó como evidencia de la fe de los mexicanos. Citando al maestro De la Maza que nos dice: los liberales confundieron las ideas con las piedras.

Cita este artículo

Cravioto Lebrija, A., (2026, junio 24). V centenario de los dominicos en México. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/v-centenario-de-los-dominicos-en-mexico/

 

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