De la transición democrática a la transición autoritaria I

Jaime Aviña Zepeda

De la transición democrática a la transición autoritaria I
Asociaciones sociales, políticas y lideres sociales, en Europa y América, fueron la vanguardia en las transiciones a la democracia.

El 9 de noviembre de 1989, el mundo contempló asombrado la caída del muro de Berlín. Lo que, aparentemente, dejaba claro el fracaso económico, social y político de la organización y cultura comunista, su inviabilidad, lo que niega el hecho porque aun subsisten algunas dictaduras comunistas como Cuba y Corea del Norte, que intentan sobrevivir a pesar de hambrunas y de grandes carencias sociales, que suplen con armamentismo. 

Asociaciones sociales, políticas y lideres sociales, en Europa y América, fueron la vanguardia en las transiciones a la democracia.

Entre los más destacados, debemos mencionar a Adolfo Suarez, quien en España encabezó el gobierno de transición, tras la muerte de Francisco Franco, logrando con éxito sumar adversarios en el cambio del autoritarismo a la monarquía constitucional con jefatura de gobierno. 

Pero las transiciones más difíciles y espectaculares se dieron en Europa del Este, preparadas con grandes esfuerzos por Solidaridad y Lech Walesa, desde los astilleros de Gdansk, en Polonia, donde fue convenciendo a la sociedad polaca de la necesidad del cambio democrático de modo que cuando cayó el muro había madurez para ejecutarlo. 

En Hungría, los cambios se dieron a partir de la caída del muro, pero sus antecedentes están en la revuelta de 1956, conocida como el otoño húngaro, que ante el intento de liberación sobrevino la intervención soviética que terminó con la represión, miles de detenidos y la prisión de Pal Maleter, líder de la revolución hungara, quien fue ahorcado en 1958. 

En 1987 y 1988, se preparó la transición conocida como picnic paneuropeo, en la que el ministro de Asuntos exteriores de Hungría Gyula Horn cortó la alambrada en la frontera, con Alemania Democrática permitiendo que en el espacio por 3 horas más de 600 alemanes orientales escaparan hacia Austria; iniciando el derribamiento de la Cortina de Hierro. Finalmente, el 29 de octubre de 1989, el presidente interino Matyas Szuros, proclamó la República de Hungría, dejando de existir la República Popular de Hungría, dando pie a la transición a la democracia. 

En Bulgaria, Philip Dimitrov con la Unión de Fuerzas Democráticas (coalición de 10 partidos y organizaciones) fue a elecciones en contra del Partido Comunista Búlgaro, logrando ganar la elección y convertirse en Primer Ministro en un gobierno sin participación comunista, completando la transición a la democracia en su país. 

En Rumania, las revueltas de Timisoara y Bucarest, terminaron con el dictador Nicolás Causescu y su régimen dictatorial comunista. Las protestas fueron encabezadas por Ion Iliescu, quien después se convirtió en presidente interino de Rumania, pero fue muy criticado por por Corneliu Coposu, líder del Partido Nacional Campesino Cristiano, por mantener relaciones con el antiguo régimen. En las protestas fue notable la colaboración de soldados y policías quienes además de negarse a ir contra los manifestantes se sumaron a ellos, con el deseo de liberarse del régimen comunista. 

Ucrania se separó de la URSS, y declaró su independencia el 24 de agosto de 1991, pero desde el 21 de enero más de 300 mil ucranianos, tomados de la mano, formaron una cadena humana entre Kiev y Leópolis (540 km), y en marzo se llevaron a cabo elecciones en las que el Partido Republicano Ucraniano desplazó al Partido Comunista y eligió como presidente a Leonid Kravchuk, excomunista que en julio de 1990 firmó la declaración de soberanía estatal de Ucrania, como país democrático, con independencia política y económica de Rusia. 

A pesar de todo, la injerencia rusa en Ucrania persiste mediante la invasión militar que tiene al mundo en vilo. También hoy, en Polonia y Hungría, la regresión autoritaria comunista tiene representantes. 

Es importante ir a la raíz de estas transiciones causantes unas y derivadas otras de la desmembración de la Unión Soviética, entre 1990-91, de 15 naciones, a partir del tratado de Belavezha, firmado el 8 de diciembre de 1991, entre los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, declarando la disolución de la URRS y la independencia de las antiguas Repúblicas Soviéticas Socialistas. 

En 1985, Mijaíl Gorbachov, llegó a la Secretaria General del Partido Comunista, de la URRS, y comenzó a implementar reformas conocidas como Glasnot, (Liberalización y transparencia) y Perestroika, (Reconstrucción), lo que aumentó la crisis económica, el descontento social y el reclamo popular por el cambio. 

A Gorbachov se debe la reforma de Rusia y el intento de cambio democrático, pero a su muerte, el 30 de agosto de 2022, fue testigo de la regresión autoritaria a cargo de Putin. 

En 1993, se convocaron elecciones presidenciales que ganó Boris Yeltsin, quien, en apariencia, completó la transición a la democracia. Antes, el 23 de agosto de 1991, el Partido Comunista fue declarado ilegal, y fue disuelto el 6 de noviembre del mismo año, por lo que, para algunos, el fin del comunismo había llegado, y la apertura democrática triunfaba. 

Lamentablemente, el cambio democrático en Rusia no duró mucho. En 1999, Yeltsin nombró primer ministro a Vladimir Putin. Que al año siguiente desplazó a Yeltsin de la presidencia, iniciando un gobierno autoritario, que persiste hasta la fecha, 

Putin aprovechó el poder para heredar la presidencia a Medvedev, que a su vez permitió el regreso de Putin y su estancia en él por más tiempo que Stalin o cualquier otro dictador de Rusia. Putin reprimió el intento independenstista de Chechenia, invadió Crimea, en 2014, y a Ucrania, el 24 de febrero de 2022. 

El último evento que refleja el estado de degradación democrática de Rusia, es le muerte de Alexei Navalni, líder de la oposición, asesinado en una prisión siberiana. 

Checoeslovaquia pertenecíó al imperio austrohúngaro hasta la Primera Guerra Mundial (del que se independiza 1918). Durante el periodo 1938-45 sufre la ocupación alemana, la que recupera en 1946 como Tercera República, gobernada por Edvard Benes, quien era presidente antes de la ocupación y permaneció en el exilio, las elecciones lo confirmaron, pero el primer ministro Klement Gopttwaldd, líder del Partido Comunista, expulsó a ciudadanos de origen alemán y de otras etnias, cediendo algunos territorios. Pero sobre todo, permitiendo la injerencia de la URRS, lo que en 1960, cambió de Tercera Republica, a Republica Socialista Checoeslovaca. 

Los años siguientes permitieron un crecimiento económico con bienestar y estabilidad para la población; pero la democracia, como en todo régimen comunista, era una ficción, hasta que en 1968 fue elegido Alexander Dubcek, un reformista que durante la Primavera de Praga intentó el socialismo con rostro humano. Los cambios impulsados por su gobierno motivaron la intervención militar del pacto de Varsovia: tropas soviéticas, polacas, húngaras y búlgaras. Hubo muertos y violencia. El suceso estuvo marcado por la inmolación del estudiante Jan Palach, en la plaza Wenceslao y el traslado del Primer Ministro a Moscú, donde fue obligado a echar abajo las reformas y a renunciar, dos años después. Fue enviado como embajador a Turquía, y expulsado del partido quedando la transición interrumpida. 

A la caída del muro de Berlín, en la llamada Revolución de Terciopelo, fue elegido presidente de la asamblea federal el escritor humanista Valclav Havel. Durante las manifestaciones previas a la elección de Havel, en las que participaron más de 500 mil personas, se generalizó el tintineo de las llaves -con su doble significado- abrir las puertas, y decir a los comunistas, “adiós, es hora de irse a casa”. 

En 1993 se crearon la republica Checa, con Valclav Havel como presidente, y la república Eslovaca, con Vladimir Meclar, como jefe del Estado. Un año después, ambas naciones ingresaron individualmente a la Unión Europea. La transición se completó y hasta ahora NO HAY peligro de regresión. 

Continuaremos con el tema. 

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