El 19 de julio de 2024 se cumple el bicentenario de la muerte de Iturbide.
En la Ciudad de Valladolid (hoy Morelia), en una casa cercana al Convento de San Agustín, nace Agustín de Iturbide y Arámburu el 27 de septiembre de 1783. En su juventud ingresa a la milicia. Se casa el 27 de febrero de 1805 en Valladolid con Ana María Huarte, y tuvieron diez hijos, cinco hombres y cinco mujeres. Gran religiosidad católica y espíritu familiar había en esta familia, como se puede apreciar en una carta dirigida a su hijo mayor unos meses antes de morir y en otra dirigida a su esposa que escribió el mismo día de su muerte.
Militarmente fue Iturbide: Teniente, Capitán, Teniente Coronel, Coronel y ya proclamada la Independencia se le nombró Generalísimo. En el año de 1816 mandaba la Provincia de Guanajuato y Valladolid, y el Ejército del Norte. Se retira ese año a su hacienda de Chalco con su familia. Reaparece en 1820, año en que es designado para la Comandancia del Sur, con lo que obtiene el mando de tropas necesario para realizar su Plan de Independencia, que había estado preparando en su lugar de retiro; no fue suerte esta designación militar, fue obra de la Divina Providencia en la que siempre confió.
Iturbide había combatido en 1810, como parte del Ejército Realista, al cruel y erróneo movimiento insurgente de Hidalgo y Morelos, señalando en sus Memorias que era una actitud cobarde el del apático espectador de los males que afligen a la sociedad, y puntualizó: “Si tomé las armas en aquella época, no fue para hacer la guerra a los americanos (mexicanos) sino a los que infestaban al país”.
Las razones por las que Iturbide interviene para lograr la Independencia, las señala él en sus Memorias: “Muy pronto debían estallar mil revoluciones, mi Patria iba a anegarse en sangre, me creía capaz de salvarla, y corrí por segunda vez a desempeñar deber tan sagrado. Formé mi Plan conocido por el de Iguala; mío porque solo lo concebí, lo extendí, lo publiqué y lo ejecuté… La ejecución tuvo el feliz resultado que me había propuesto, seis meses bastaron para desatar el apretado nudo que ligaba a los dos mundos. Sin sangre, sin incendios, sin robos, ni depredaciones, sin desgracias y de una vez, sin lloros y sin duelos; mi Patria fue libre y transformada de Colonia en grande Imperio”.
El mismo día 24 de febrero de 1821, en que se publicó el Plan de Iguala, la Bandera Mexicana estaba ya presente. Veamos cómo fue su aparición contada por Francisco Castellanos: “Las Tres Garantías habían de quedar plasmadas en los tres colores de la Bandera, concebida, elaborada y enarbolada por Agustín de Iturbide. El Primer jefe antes de marchar a México, mandó hacer la Bandera Nacional el 21 de febrero de 1821 a un sastre y barbero de Iguala, llamado Magdaleno Ocampo… Don Magdaleno puso manos a la obra, entregó aquel lábaro a Iturbide el día 23, y el 24 de febrero el Ejército de las Tres Garantías fue abanderado”.
Con respecto a la Campaña de la Independencia, que fue una verdadera Campaña y no un paseo, sólo haremos mención de lo que dijo Iturbide, Libertador de México, en la entrada triunfal a la Ciudad de México del 27 de septiembre de 1821:
“Mexicanos: ya estáis en el caso de saludar a la Patria Independiente como os ofrecí en Iguala… Ya sabéis el modo de ser libres, a vosotros toca señalar el de ser felices…”
En un próximo artículo hablaremos ampliamente de esta Campaña de la Independencia que abarca tanto el aspecto militar, que lo hubo, como del aspecto epistolar y de diálogo que evitó el derramamiento de sangre.
Ya como Nación Mexicana Independiente, surge el Gobierno respectivo de acuerdo al Plan de Iguala y de los Tratados de Córdoba. El 28 de septiembre Iturbide instala la Junta Provisional Gubernativa dirigiéndole las siguientes palabras: “Amaneció por fin el día de nuestra libertad y de nuestra gloria, se fijó la época de nuestra feliz regeneración; y en este momento venturoso hemos comenzado a recoger el fruto de nuestros sacrificios…”
Ese mismo día, después del admirable discurso de Agustín de Iturbide a la Junta, ésta elabora y firma el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.
Veamos ahora lo que dice Francisco Castellanos: “Así, consignada la explícita y terminante Declaración de la Independencia, se trató de organizar la Administración Pública, estableciendo la conveniente separación de los Poderes Legislativo y Ejecutivo, atribuyéndose este último a una Regencia de cinco individuos; se hizo la elección e Iturbide resultó presidente. Y así fue como, el primer presidente del Poder Ejecutivo, que le tocó desempeñar a la Regencia en el México Independiente, fue Agustín de Iturbide”.
Posteriormente, empiezan las controversias de Iturbide con el Congreso manipulado por la Masonería. Pero Iturbide triunfa nuevamente derrotando a sus adversarios con la proclamación que le hace el pueblo, el Ejército y el mismo Congreso, como Emperador de México. La Coronación gloriosa fue el 21 de julio de 1822. Agustín de Iturbide es coronado como Emperador de México con la alegría y el entusiasmo del pueblo mexicano, en lo que se considera otro día feliz de México.
Sólo resta señalar por ahora, el final de nuestro Libertador Agustín de Iturbide, un verdadero Héroe Nacional y un verdadero católico. El día 19 de julio de 1824 es fusilado en Padilla, Tamaulipas; como resultado del “inicuo decreto” del Congreso Mexicano.
Sus últimas palabras, después de haber recibido el Sacramento de la Confesión, fueron:
“Mexicanos: en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la paz y la observancia de nuestra Santa Religión, ella es quien os ha de conducir a la Gloria. Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso, porque muero entre vosotros, muero con honor, no como traidor…”
Reza el Credo y el Acto de Contrición, besa el crucifijo y recibe la muerte.
Lo recordaremos ampliamente este año 2024, en el Bicentenario de su muerte. No podemos dejar pasar inadvertida esta fecha.
La Agrupación Amigos de Iturbide organizó una Misa en su memoria el domingo 21 de julio en la Catedral de la Ciudad de México, donde se encuentran sus restos





