Se presenta ahora lo que fue todo el proceso de la Campaña de la Independencia, que inicia el 24 de febrero de 1821 con una Proclama que hace Iturbide ese día en Iguala, a lo que se le llamó por mucho tiempo el grito de Independencia; y termina el 27 de septiembre de 1821 con la Entrada Triunfal del Ejército Trigarante, con Iturbide al mando, a la Ciudad de México.
Alfonso Junco hace un resumen de este proceso independiente:
“La Campaña es digna del Plan (de Iguala). Reúne Iturbide en su alojamiento de Iguala, el primero de marzo, a los jefes y oficiales; les revela su plan y pide su opinión, dando toda garantía y seguridad para separarse al que disienta. La aprobación es unánime y ardiente…
Al día siguiente, juran con solemnidad el Plan de Iguala, ante el Crucifijo y los Evangelios, Iturbide y todos los oficiales. Y en la plaza del pueblo, por la tarde, la tropa toda hace el juramento y desfila jubilosa bajo la Bandera…
En tanto, el Gobierno se apresta a la lucha. El Ayuntamiento de México y todas las autoridades lanzan proclamas al Virrey y confirman al punto su adhesión… Apodaca abre los brazos ofreciendo indulto amplísimo a cuantos se arrepientan, incluso Iturbide… Siendo inútil, el 14 de marzo lo declara fuera de la Ley, y delito toda comunicación con él. Se organiza el ejército poderoso que ha de combatirlo.
Son angustiosos los momentos, Iturbide que afronta la Empresa con sólo 2,400 hombres ante los 84,000 del Gobierno Virreinal, no puede contar siquiera con la segura decisión de ese pequeño núcleo… La logia de México ordena a Almela, con amenaza de muerte, que vuelva sobre sus pasos…, abandona la causa y protesta fidelidad al Virrey.
En tal aprieto, sálvale su certera resolución de abrirse paso rápidamente hacia el Bajío, tierra de más recursos y que le es familiar… Encomendándole (a Guerrero) que permanezca en el Sur impidiendo la comunicación de la Capital con Acapulco.
Empiezan noticias más favorables: algunas adhesiones de diversos puntos, principalmente la de Bustamante en Guanajuato y la de Barragán y Domínguez en Michoacán. Con su maestría para insinuarse y persuadir, Iturbide entrevista a Negrete y Cruz, Jefes españoles de gran nombre, y logra la adhesión del primero y la neutralidad del otro… Se unen también: Bravo, Santa Anna y Herrera.
Iturbide sitia Valladolid y gana su capitulación; más tarde la de Querétaro y la de Puebla… Guadalajara se declara por la Independencia; y así siguen las cosas hasta el triunfo final.
No fue esta Campaña sólo paseo militar, como suele pensarse, sino empresa de arrojo y con instantes peligrosísimos, salvada por la inicial decisión del Libertador y por su genio político, que ayudado más tarde por la felicidad de los sucesos, pudo convertir en acciones incruentas los combates, con aquella su hermosa obsesión de hacer la Independencia sin sangre, la poca que se vertió fue donde él no estuvo…”
Los combates aislados fueron entre el Ejército Trigarante y el Ejército Realista. Pero se buscó la rendición de ciudades importantes, llevadas a cabo personalmente por Iturbide, ponemos un ejemplo con la narración del padre Mariano Cuevas:
“Sabía, y con razón, Iturbide que el eje militar más importante, después del Bajío, era toda la zona militar de la Nueva Galicia. Pudo él con Negrete, que ya era suyo, atacar y tomar Guadalajara; pero con su plan de ahorrar toda la sangre posible, prefirió arreglarlo mediante el jefe realista Cruz.
Mientras la respuesta llegaba, Iturbide, con la actividad radiante que le acompañaba en aquellas fechas, se presentó a las puertas de Valladolid (Morelia), Ciudad que él estaba resuelto a rendir y sujetar con solas las armas de la persuasión y el prestigio… El Coronel (realista) Don Luis Quintanar, hombre grave y sano, quería y debía pasarse a los independientes… Desde entonces fue uno de los más poderosos auxiliares de la gran Causa Nacional.
El 22 de mayo, después de cantarse un Tedeum en la Iglesia de San Diego, Iturbide al frente de sus brillantes tropas entraba en Valladolid aclamado con delirio por sus compatriotas.”
Una parte importante de la Campaña de Independencia fue la actividad Epistolar, cartas que dirigió Iturbide antes y después de la proclamación del Plan de Iguala. Antes de esta fecha dirigió algunas cartas a algunos militares y civiles, donde les daba a conocer el citado Plan; entre ellos estaban el general Negrete y el coronel Quintanar; y después, escribió otras cartas a algunos obispos, tales como: Don Juan Ruiz Cabañas, de Guadalajara y Don Pedro Fonte, de México. Cartas que eran con el fin de persuadir a los destinatarios de la importancia de la Independencia de México.
Pasaron seis meses desde el Grito de Independencia de Iguala (que así se conocía durante mucho tiempo el inicio de la Independencia) y ya se encontraba Iturbide en la Ciudad de México, festejando con todo el pueblo de México la Libertad por él conseguida.
Veamos ahora los pormenores de la Entrada triunfal en la narración de Francisco Castellanos:
“El regocijo del pueblo era inenarrable, todos los habitantes sin excepción buscaban sus más lucientes galas, porque ese pueblo iba a iniciarse en la vida de la Libertad. Fue también el día de la concordia, el amor y la fraternidad; por todas partes se abrazaban y felicitaban ricos y pobres, mexicanos y españoles, militares y civiles… Todas las miradas ávidas para gritar con delirio cuando tuvieran más cerca al Libertador con su Ejército Trigarante.”
En ese día glorioso Agustín de Iturbide dio una arenga al pueblo de México, ponemos los párrafos más significativos:
“Mexicanos, ya estáis en el caso de saludar a la Patria Independiente como os ofrecí en Iguala; ya sabéis el modo de ser libres, a vosotros os toca el de ser felices… Dóciles a la potestad del que manda, completad con el soberano Congreso la grande obra que empecé, y dejadme a mí, que dando un paso atrás, observe atento el cuadro que trazó la Providencia, y que debe retocar la sabiduría americana, y si mis trabajos, tan debidos a la Patria, los suponéis dignos de recompensa, concededme sólo vuestra sumisión a las leyes, dejad que vuelva al seno de mi tierra y amada familia, y de tiempo en tiempo haced una memoria de vuestro amigo.”
Referencias:
Cuevas, Mariano SJ, 1947. “El Libertador”. Ciudad de México. Editorial Patria
Castellanos, Francisco, 1982. “El Trueno”. Ciudad de México. Editorial Diana
Junco, Alfonso, 1946. “Un siglo de México”. Ciudad de México. Ediciones Botas





