La Conexión entre Sentido Común y Sindéresis
El ser humano, por su naturaleza racional, está intrínsecamente orientado hacia la búsqueda de la Verdad. En este camino, dos capacidades fundamentales destacan por su papel en el discernimiento de lo real y lo moral: el sentido común y la sindéresis. Aunque provienen de tradiciones filosóficas distintas, ambos conceptos reflejan aspectos complementarios de la razón humana, guiando tanto la acción práctica como el entendimiento ético. Este ensayo analiza la relación entre el sentido común y la sindéresis, mostrando cómo estas capacidades confluyen en el propósito compartido de orientar al ser humano hacia una vida en consonancia con la Verdad.
El sentido común: Fundamento del juicio práctico
El sentido común, en su acepción filosófica, trasciende la intuición cotidiana y se presenta como una herramienta racional para juzgar lo evidente y discernir lo correcto en la práctica. Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, introduce el concepto de prudencia (phronesis), que puede asociarse con el sentido común. En sus palabras: «La prudencia es una disposición que nos hace aptos para deliberar acerca de lo que es bueno y conveniente para nosotros, no en particular, sino como un medio para vivir bien»1. Esta definición resalta la capacidad del sentido común para vincular los principios generales con las acciones concretas.
En la modernidad, Thomas Reid subraya la importancia del sentido común como base epistemológica. Según él: «El sentido común es la primera fuente de nuestras certezas; sin él, no podríamos conocer las verdades más básicas ni progresar en el conocimiento»2. Reid reivindica el sentido común como un principio confiable que conecta al ser humano con la realidad inmediata, garantizando un juicio adecuado en situaciones cotidianas.
Además, G. K. Chesterton enfatiza el valor del sentido común como un antídoto contra la complejidad innecesaria de los tiempos modernos. En Ortodoxia, afirma: «El sentido común es esa percepción de lo obvio que nos protege de la tentación de perdernos en laberintos intelectuales» (1908, p. 34). Así, el sentido común no solo es una herramienta práctica, sino también una salvaguarda frente a la desconexión con la realidad.
La sindéresis: Guía de la razón práctica hacia el bien
La sindéresis, por otro lado, tiene raíces profundas en la tradición escolástica y es entendida como una disposición natural de la razón práctica para discernir los principios universales del bien moral. Santo Tomás de Aquino la describe como «el hábito natural de los primeros principios del orden práctico, que nos lleva a conocer lo que es bueno y evitar el mal»3. En este sentido, la sindéresis no es un acto deliberado, sino una disposición innata que ilumina la conciencia y orienta las decisiones humanas hacia el bien.
Para Aquino, la sindéresis actúa como una brújula moral que guía al ser humano en sus acciones. En sus palabras: «La sindéresis no es un acto, sino un hábito; su función no es deliberar, sino percibir como evidentes los primeros principios de la ley moral»4. Este enfoque subraya la universalidad de la sindéresis, que trasciende las particularidades culturales y se funda en la naturaleza racional del ser humano.
Duns Escoto complementa esta visión al destacar que la sindéresis es «una inclinación natural hacia el bien inscrita en la voluntad y la razón, que nos permite discernir lo correcto»5. Este carácter incluyente resalta el papel de la sindéresis como una capacidad que conecta a todos los seres humanos con la verdad moral, independientemente de su contexto específico.
Convergencia entre sentido común y sindéresis
Aunque operan en niveles diferentes, el sentido común y la sindéresis comparten un propósito esencial: guiar al ser humano hacia la Verdad, ya sea en el ámbito práctico o en el moral. Esta convergencia se manifiesta en varios aspectos:
- Fundamento en la razón: Ambos conceptos están enraizados en la racionalidad humana. Mientras el sentido común se orienta hacia el juicio práctico en situaciones concretas, la sindéresis se enfoca en los principios universales que fundamentan la moralidad.
- Discernimiento de la verdad: Tanto el sentido común como la sindéresis buscan iluminar el juicio humano. El primero lo hace discerniendo la verdad en lo cotidiano, y la segunda, orientando la acción hacia el bien moral.
- Conexión con la realidad: El sentido común garantiza que el juicio práctico esté alineado con la realidad concreta, mientras que la sindéresis asegura que las decisiones estén en consonancia con los principios morales universales.
- Finalidad ética: Ambos conceptos tienen como objetivo último no solo conocer la verdad, sino vivir de acuerdo con ella, contribuyendo a una vida plena y justa.
Aplicaciones prácticas en la vida cotidiana
La integración del sentido común y la sindéresis tiene implicaciones profundas en la vida diaria y en la ética social:
Toma de decisiones: En situaciones complejas, el sentido común ayuda a evaluar las circunstancias concretas, mientras que la sindéresis garantiza que las decisiones estén alineadas con principios morales universales.
Formación de la conciencia: La conciencia bien formada requiere el desarrollo del sentido común para discernir lo práctico y de la sindéresis para actuar conforme al bien universal.
Justicia social: En el ámbito comunitario, el sentido común y la sindéresis contribuyen a la construcción de una sociedad más justa, equilibrando las necesidades particulares con los principios éticos fundamentales.
Conclusión
El sentido común y la sindéresis son capacidades complementarias que reflejan la riqueza de la razón humana en su búsqueda de la Verdad. Mientras el sentido común conecta al ser humano con la realidad inmediata, la sindéresis lo orienta hacia los principios morales universales. Juntas, estas facultades ofrecen un marco integral para vivir de manera ética y auténtica.
Como señala Santo Tomás de Aquino: «El hombre tiene un fin último que es el bien perfecto, y tanto la sindéresis como la razón práctica son herramientas otorgadas por Dios para alcanzarlo» (Suma Teológica, I-II, q.94, a.3). Este llamado a buscar la Verdad a través del juicio correcto y la orientación moral subraya la importancia de cultivar tanto el sentido común como la sindéresis en todos los aspectos de la vida.
Referencias:
Aristóteles. (1999). Ética a Nicómaco (trad. José Luis Calvo). Madrid: Gredos.
Chesterton, G. K. (1908). Ortodoxia. Londres: John Lane.
Duns Escoto. (1950). Ordinatio. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.
Reid, T. (1785). Essays on the Intellectual Powers of Man. Londres: John Bell.
Santo Tomás de Aquino. (2016). Suma Teológica (trad. Alejandro Corriente). Madrid: BAC.
Anaya, C. Vivir con sentido común e-Consulta. Noviembre 27, 2024.





