A cien años de la Cristiada, México debe mirar su historia religiosa como una advertencia: cuando el Estado convierte la laicidad en instrumento de control, despojo y censura, deja de proteger la libertad y comienza a gobernar la conciencia.
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A cien años de la Cristiada, México debe mirar su historia religiosa como una advertencia: cuando el Estado convierte la laicidad en instrumento de control, despojo y censura, deja de proteger la libertad y comienza a gobernar la conciencia.
La libertad religiosa no es solo un derecho humano fundamental de carácter multidimensional, sino el reflejo de la unión consciente entre lo finito del ser humano y lo infinito de lo divino. A un siglo de la Guerra Cristera, y frente a los retos de un mundo secularizado e hiperacelerado, la memoria histórica nos convoca a no olvidar las vulneraciones del pasado y a defender la libertad de conciencia como el criterio decisivo para la construcción de sociedades plurales, pacíficas y orientadas al bien común.
Según la Lista Mundial de Persecución, en la actualidad hay 46 países en los que la persecución religiosa es alta, muy alta o extrema. África y Medio Oriente destacan, pero también hay casos preocupantes en América.
Se está promoviendo, como en su momento lo hiciera el comunismo y el nazismo, una imposición ideológica que, ahora sí, implantaría un pensamiento único, recientemente configurado y sin fundamentos antropológicos, filosóficos o de cualquier otra naturaleza. Se trata de un acoso mediante el cual se pretende arrinconar a quienes no se plieguen a ciertos dictados.
En praćticamente todos los países del mundo se ha limitado o prohibido «de facto» el derecho a la libertad religiosa, con la excusa de la pandemia, curioso virus que se propaga en iglesias y catedrales pero no en tiendas de ropa ni en reuniones de sindicatos de izquierda.
Hay un fenómeno mundial creciente cuyas acciones son la intolerancia, la discriminación y la persecución abierta. Los cristianos son los más perseguidos y la la respuesta internacional para enfrentar la violencia antirreligiosa, es escasa y ha llegado demasiado tarde.
Convivir en una sociedad plural y democrática exige una cultura del respeto que no florecería sin la libertad de religión o creencia.
La libertad religiosa se encuentra conculcada en el mundo de hoy de diversas maneras, a veces totalmente impedida en regímenes totalitarios, otras veces perseguida sangrientamente y otras ignorada o subordinada al Poder Civil, y el autor muestra ejemplos de la violación sistemática de este humano derecho, con el fin de suscitar un ardor en el laicado en la defensa de su Fe.
Una vejación al catolicismo con una marcha feminista realizada en Málaga hace siete años fue llevada a los tribunales por atacar de forma reiterada y tenaz los sentimientos religiosos de forma totalmente innecesaria pues nada tiene de relación defender los derechos de la mujer con tergiversar el Credo y el Ave María o increpar e insultar a las mujeres católicas que salían de la Catedral.