Multipliquemos el amor

Virginia Irlanda Arellano Beltrán

El amor en acción que tantas mujeres con su esencia propia van multiplicando, un amor que va más allá de un discurso bonito o las mariposas paseando por el estómago. Este amor que es capaz de superar el cansancio, los desvelos, la enfermedad a pesar de las condiciones.

El amor se multiplica cuando se reparte. Frase de Antoine de Saint Exupery, autor del famoso libro El Principito.

Febrero “mes del amor”, mis alumnos emocionados y un poco alborotados por la fecha me cuentan sobre sus expectativas, entre los que organizan una convivencia, o esperan flores o les han dado like o seguido en Instagram, esto se vuelve una locura. Pero, en medio de todo este alboroto me he encontrado con una verdadera locura de amor, una compañera recién llegada ha sido la protagonista y aunque ella cuenta todo con mucha naturalidad creo que su ejemplo es excepcional y representa a muchas mujeres que han decidido como dice el principito multiplicar el amor por medio del servicio.

Resulta que después de perder a su papá a corta edad, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos -ella era la mayor-, y claro tuvo que renunciar a sus propias aspiraciones: postergó sus estudios y la dinámica de una adolescente común para poner su tiempo y su esfuerzo al servicio de su familia. ¿No es esto repartir amor?

Pero ahí no para. Cuando, finalmente, tuvo la oportunidad de retomar sus proyectos y formar su propia familia, entró a una empresa en la que se sentía reconocida y le encantaba su visión humanista y formadora, afrontó un nuevo desafío con la llegada de sus hijos: ¿seguir en su trabajo o renunciar? pues uno de ellos requería atención medica y cuidados especiales. No basta explicar mucho, seguro que sabes qué fue lo que eligió y, si bien ella era consciente de la prioridad del momento, no faltaron las complicaciones, pues, relata, hubo días en los que sentía un peso enorme y mucha soledad. Igual que ella, muchas mujeres se encuentran en condiciones que no les permiten elegir pues no tienen opción.

Su historia y las historias con las que hemos crecido mi madre, mi abuela, mis primas, me llevan a reflexionar sobre el amor en acción que tantas mujeres con su esencia propia van multiplicando, Un amor que va más allá de un discurso bonito o las mariposas paseando por el estómago. Este amor que es capaz de superar el cansancio, los desvelos, la enfermedad y las condiciones adversas.

Platiquemos un poco sobre estas condiciones.

En México, hay 38 millones de mujeres que son madres y 11 por ciento (4.18 millones) son madres solteras ocupadas en alguna actividad económica, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Ellas representan una fuerza laboral importante y tienen una riqueza que compartir pero, pese al esfuerzo que se hace en materia laboral, los sistemas y gobiernos no han sido capaces de lograr un acompañamiento y apoyo para las personas cuidadoras.

Cada vez son más las mujeres que se insertan al mercado laboral y, en muchos casos, son las únicas o principales proveedoras del hogar. Sin embargo, no cubren tiempos completos o se incorporan al sector informal para estar en capacidad de atender sus actividades de cuidadoras; también se van al sector informal porque los horarios de escuelas o guarderías de los hijos no suelen ser compatibles con los horarios de su jornada laboral,que si bien les brinda flexibilidad en su tarea, les priva el acceso a seguridad social.

Además de las jornadas laborales de las que obtienen recursos para sostener a su familia las mujeres dedican en promedio 47.9 horas a la semana a trabajo doméstico y de cuidados no remunerado de acuerdo a los datos de la ENUT 2014 (Encuesta Nacional sobre el uso del tiempo). La llamada “jornada doble”, que muchas asumen con amor, les dificulta convertir su entorno familiar en un espacio donde también ellas tengan oportunidad de crecer y desarrollarse.

Insisto, muchas mujeres asumen con amor la búsqueda del bien del otro, su tarea formadora y de cuidado; y es justo reconocerles su labor como madres, maestras, catequistas, empresarias, etc. Por ello, se debe de trabajar en la generación de condiciones que les permitan realizarse pues el bien que hacen impacta necesariamente en las nuevas generaciones. Bien dice la frase “Educa a una mujer y educarás a una sociedad”.

Respecto a la educación académica formal, el INEGI observa que de la población de 15 años y más, 6 de cada 10 personas sin educación, son mujeres, lo cual también es una limitante para que tengan acceso a posiciones directivas o mejor remuneradas. Estos datos revelan que aún se tiene el reto de la cobertura de educación de calidad.

Por estas y muchas otras situaciones por resolver, muchas luchas siguen pendientes, no solo para las mujeres sino para los hombres que también hacen un trabajo arduo y dedicado por la familia, y por mejorar las condiciones sociales. Honremos pues a quienes todos los días multiplican el amor mediante la donación de su tiempo, su trabajo y su esfuerzo.

Y también ayudemos a las nuevas generaciones en la comprensión del verdadero amor, de su valor como personas y del valor de la donación en el servicio a otros. Sí, que reciban flores y likes pero acompañados de auténtico respeto y cariño.

Autor

  • Docente de Colegio de Bachilleres de Irapuato. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Latina de México en Celaya y Derecho en el Centro de Estudios Universitarios Allende. Actualmente es Delegada por Guanajuato de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro de Alianza de Maestros. Ganadora del concurso municipal de ensayo convocado por el IEEG con el tema de paridad de género en los procesos electorales. Creadora del proyecto Onda México, encaminado a la formación integral de los jóvenes el cual se desarrolló y aplico en educación secundaria en la delegación de educación de Salamanca, así como en el DIF del mismo municipio. Tiene una certificación por la SEG como facilitadora del aprendizaje.

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