Meditación después de Navidad

Juan Alberto Treglia

Meditación después de Navidad
Llegando al mes de diciembre, la mayor parte de la humanidad se viste de fiesta para celebrar la Navidad, tiempo de esperanza, de unión, de reencuentro, de Paz. Por ello quiero compartir con ustedes una breve reflexión sobre el itinerario espiritual de la Virgen María a lo largo del Misterio de la Redención.

Desde su Concepción, María es la Inmaculada, en Ella no hay vestigio alguno de pecado; pero esto no significa que María no padezca las consecuencias que el pecado original trajo a la humanidad. María se cansa, sufre el dolor, la fatiga, la enfermedad, debe trabajar laboriosamente para alcanzar conocimientos.

Y en ello se asemeja a nosotros. Por eso es un espejo en el cual mirarnos, para no dejar que las urgencias y necesidades ahoguen nuestra vocación a la santidad.

La infancia de María es vida de oración: comunicación con Dios, que la prepara a recibir la Misión que el Señor le propone a través del Arcángel; el Magnificat es fina expresión de la interioridad de María; ella atesora en su corazón la Palabra de Dios, la medita, la contempla, la vive…

Y nos interpela a nosotros, ¿cómo es nuestro trato con la Palabra?, San Jerónimo dice: ´Desconocer la escritura es desconocer a Cristo’, nadie puede amar a quien no conoce; por eso María nos invita a sumergirnos en la Palabra de Dios, con los oídos atentos y dispuestos a cerrarse al ruido de las redes sociales, de las angustias, de las preocupaciones; para dejar hablar al Señor y en la escucha contemplaremos la voluntad divina que nos invita a vivir conforme a lo que Dios quiere.

María es joven virgen, que no sólo preserva su integridad porque vive plenamente la castidad, sino porque se ha consagrado a Dios y ha renunciado voluntariamente al gozo matrimonial; es así que, ante el anuncio del Ángel, le presenta un solo obstáculo, este es, su voto de virginidad. María vive la pureza del corazón que luego Jesús expresará en forma de bienaventuranza: «Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios».

 Qué encontramos en nuestros corazones: ¿a qué están apegados; de cuántas cosas se llenan diariamente que les hacen perder la pureza y la inocencia?; ¿de qué están repletos los corazones de nuestros niños, jóvenes y adultos? ‘de la abundancia del corazón habla la boca’. ¿Tenemos en ellos lugar para Dios?; o, por el contrario ¿están repletos de ruido, imágenes, informativos, películas, redes, Instagram, tik tok, problemas, etc?

Así como María es ejemplo de virginidad, lo es también como esposa y madre, por eso en ella toda mujer puede reflejar su vocación; María es la ‘Siempre Fiel’, ‘Semper fidelis’; fiel en primer lugar al amor de Dios y a Su Voluntad, pero también fiel a San José: novio y esposo, que respeta delicadamente el santuario de la vida y en todo se abandona en los brazos de la Providencia.

¿Cómo vivimos nuestra fidelidad?; si somos infieles a Dios, difícilmente seremos plenamente fieles a los hombres. Guardar la fidelidad en pequeñas cosas, la fidelidad implica veracidad, la mentira destruye toda relación, y la desconfianza se instala en nuestro hacer cotidiano.

María es previsora y atenta a las necesidades de quienes la rodean, como en las Bodas de Caná, donde observa la carencia, sabe quién puede resolverla y acude a Él, sabiendo que no se resistirá ante un pedido de su madre. Allí la Virgen nos muestra el camino de la fe, a Cristo vamos por María, y su súplica nos alcanza las gracias que su hijo nos concede.

María se va dejando despojar de todo para el encuentro con el Padre. Entrega a su hijo por amor a los hombres, sufre con Él nuestras ingratitudes, nuestras ofensas, nuestros egoísmos… nuestros pecados. Hace donación de sí misma, no se pone límites en su amor a Dios.

Y cuando ya su hijo ha partido y ella, Madre de la Iglesia, va acompañando a sus hijos en este itinerario hacia la santidad, se despoja de todo, haciendo real aquello de que los que poseen deben tener como si no tuvieran, pobreza de criaturas para enamorarse más de Dios. Y Dios la lleva a los cielos para coronarla de gloria como Madre, Reina y Señora de todo lo creado, compartiendo con su hijo la eterna beatitud.

La Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los cielos corona su vida sobre la tierra; y será reflexionando acerca de su vida como hemos de adentrarnos al misterio de la Encarnación y la Redención y de la unión con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Para acercarnos a María, debemos hacerlo como San Juan Diego, que en la aparición de Guadalupe le dice a la Virgen: «yo soy un hombre de campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido«; sólo desde la humildad podemos abrir nuestro corazón a María, buscar en ella refugio ante tantas dificultades y dejarnos penetrar por sus palabras que nos vuelven a repetir ‘Haced lo que Él os diga’.

 

Nuestra Señora de Guadalupe,

salva nuestra Patria y conserva nuestra Fe.

Cita este artículo

Treglia, J. A. (2026b, febrero 8). Meditación después de Navidad. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/meditacion-despues-de-navidad/

 

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Número 5, año 6, enero 2026 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-52/

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