La tecnología no es la panacea de la educación

Guillermo Zaracho

La tecnología no es la panacea de la educación
La tecnología no es la panacea de la educación. Esto lo dice Selwyn, profesor e investigador de la universidad de Oxford, y uno de los más citados en cuanto a tecnologías educativas.

Mucho se habla de los avances tecnológicos y su relación con la educación. En Europa ya se habla de las escuelas 5.0; en mi país, Paraguay, recién estamos empezando a discutir las escuelas 4.0.

Pareciese ser que la revolución digital no espera la actualización de mallas curriculares, nuevas pedagogías y didácticas. Este fenómeno hace preocupar a unos y analizar a otros. Si algo es tan fluctuante, ¿es necesario estructurarlo?  

El ser humano busca moldear constantemente aquello que lo rodea. Busca los patrones para formar el orden, las jerarquías y el sistema. Y esto es algo que se ha intentado constantemente con la revolución digital en los entornos educativos formales (escuelas, colegios y universidades). Sin embargo, mientras se forma la estructura educativa digital ideal, esta queda obsoleta, ya que lo digital no para de transmutar.  

Primeramente, con la universalización del internet, se hablaba de plataformas digitales educativas con gamificación incluida; posteriormente, estas evolucionaron a aplicaciones móviles; luego, estas cambiaron a plataformas personalizadas con modelos de lenguajes extensos (o machine learning en inglés); después, se transformaron en inteligencias artificiales educativas personalizadas. Los educadores no tuvimos el tiempo de aprender ni lo primero, y apenas podemos mantener el ritmo con lo último. Mientras tanto, los estados desarrollan políticas públicas desfasadas que no siguen el ritmo de la revolución digital. Y todo esto sin mencionar que estamos entrando en la era de la computación cuántica.  

Entonces, ¿qué hacemos con la tecnología? ¿Acaso no era una herramienta que nos salvaría de todos los problemas que conllevan los sistemas educativos formales? Y cuando menciono la educación formal, quiero referirme exclusivamente a la educación pública, debido a que este es el espacio en donde la mayoría tiene acceso a algún tipo de formación.  

Los docentes de instituciones educativas públicas o estatales hacen milagros para poder cumplir con el currículo escolar y su labor académica, mientras que la infraestructura escolar, los salarios y otros aspectos son insostenibles, no cumpliendo con requerimientos mínimos para una educación digna. Esta es la realidad paraguaya, la cual también se replica en varios -si no todos- países de América Latina. Mientras esta realidad exaspera al capital humano en la educación, empresas privadas prometen a los ministerios de educación que su nueva herramienta digital salvará la educación de todos sus males.  

La tecnología no es la panacea de la educación. Esto lo dice Selwyn, profesor e investigador de la universidad de Oxford, y uno de los más citados en cuanto a tecnologías educativas (Facer & Selwyn, 2021; Selwyn, 2013, 2016, 2019). Menciona que dirijamos la educación hacia un futuro sin un estúpido optimismo, y que prestemos atención para no permitir que la educación se convierta en un negocio multimillonario influenciado por las tecnologías digitales, así como en su momento lo fue para las editoras e imprentas (Facer & Selwyn, 2021). Selwyn (2019) también explica que no debemos permitir que la educación sea apresada por la economía de datos, y que estos mismos -los datos- no reflejan ningún resultado que respalde de manera significativa los supuestos beneficios de la inclusión de la tecnología en la educación.  

Generalmente las empresas de tecnologías educativas utilizan variables reduccionistas para fortalecer la narrativa en torno a el producto que ofrecen, de esta manera, redefiniendo el proceso de enseñanza y aprendizaje hacia su propio beneficio y desestimando la capacidad y autonomía de los docentes y alumnos (Selwyn, 2019). Este fenómeno también ignora el nivel de alfabetización digital que los docentes y alumnos poseen y adquieren en base a sus posibilidades económicas y de conexión al entorno virtual. De esta manera se forma una ‘división digital’ en donde aquellos que poseen acceso pleno a las distintas tecnologías toman ventaja de aquellos que no (Fang et al., 2019; Macgilchrist, 2021)  

Estas problemáticas que van apareciendo a medida que la tecnología es amplificada en distintos sectores educativos son relevantes y deben ser señaladas para una discusión más profunda y honesta. ¿Para qué es la tecnología educativa? ¿Para la rentabilidad de unos o para realmente dignificar los procesos educativos de todos? ¿Es la educación el fin o simplemente un medio? 

Y ciertamente, es imposible ignorar que las habilidades digitales deben ser parte de los procesos educativos actuales, ya que, lastimosamente, es el mercado laboral el que impone y moldea los objetivos y fines de los centros educativos. Hoy por hoy, las habilidades digitales son esenciales para ser competitivo en el mundo laboral, y esto posee virtud en sí mismo, ya que brindan nuevas herramientas a las personas para poder alcanzar el bien común para sus vidas, familias y comunidades. Entonces, ¿cómo lidiamos con las tecnologías educativas? 

Esta discusión no es para nada nueva. Sócrates, en los diálogos de Platón, hablando con Fedro sobre la oralidad vs la escritura, narraba el mito egipcio de los dioses Theuth y Thamus, donde el dios Thamus responde a Theuth lo siguiente:  

Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio.  

Sócrates utilizaba este mito para expresar que la escritura afectaría la memoria de los estudiantes, ya que ellos ya no se esforzarían en recordar nada, sino que solamente se fiarían de lo escrito, y nuevo conocimiento no se generaría debido a que solamente aprenderían “desde afuera”. Sócrates era bastante claro en su visión de la inclusión de nuevas tecnologías (en este caso los papiros o pergaminos) en la educación, creyendo que estas no eran solamente innecesarias, sino también dañinas ¿Deberíamos adoptar la postura de Sócrates? 

Personalmente, creo que no es saludable el rechazo completo, ni tampoco el absolutismo. Está claro que las tecnologías son herramientas útiles según su uso, pero no han venido a salvar ni transformar nada desde un plano elemental. Estas optimizan procesos, los cuales no se ven alterados en su esencia. Sin embargo, inútil es toda herramienta en manos de la persona que la desconoce.

Las tecnologías educativas no han venido a crear nuevas pedagogías ni procesos didácticos, han venido solamente a complementarlas, ya que estas mismas han permanecido prácticamente iguales desde John Amos Comenio o inclusive antes. Lo moderno no significa mejor, lo antiguo no sígnica obsolescencia.  

Las supuestas nuevas pedagogías a comienzo de este siglo y la década pasada solamente han re-etiquetado aquello que ya, el padre de la didáctica, Comenio, desarrolló de manera deductiva en su obra ‘Didáctica Magna’ en el siglo XVII. Con la tecnología está ocurriendo lo mismo, los tecnófilos educativos buscan redefinir la rueda para poder usufructuar de sus beneficios. ¿Cómo actuamos ante este complejo fenómeno? Me gustaría poder brindarles una respuesta clara, pero el incesante cambio quizás haga que mis respuestas del hoy sean obsoletas mañana. Firmemente creo que se puede modernizar la educación sin buscar disrumpir los procesos formales que tienen siglos de solidez y trascendencia. Además, en el contexto latinoamericano es necesario tener otros diálogos educativos antes que el de la tecnología. Ya que, con nuestras condiciones actuales, la tecnología solo sería un maquillaje que busque contonear las deformidades reales.  

 


Referencias:

Facer, K., & Selwyn, N. (2021). Digital technology and the futures of education-towards “non-stupid” optimism.​ 

Fang, M. L., Canham, S. L., Battersby, L., Sixsmith, J., Wada, M., & Sixsmith, A. (2019). Exploring Privilege in the Digital Divide: Implications for Theory, Policy, and Practice. Gerontologist, 59(1), E1–E15. https://doi.org/10.1093/geront/gny037 

Macgilchrist, F. (2021). What is ‘critical’ in critical studies of edtech? Three responses. In Learning, Media and Technology (Vol. 46, Issue 3, pp. 243–249). Routledge. https://doi.org/10.1080/17439884.2021.1958843 

Platón, Fedro, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1970. 

Selwyn, N. (2013). The ‘new’ connectivities of digital education. In M. Apple, S. Ball, & L. Gandin (Eds.), The Routledge International Handbook of Innovation Education (pp. 90–98). Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203387146 

Selwyn, N. (2016). Making Education More Commercial? In Is Technology Good for Education? Polity Press. http://ebookcentral.proquest.com/lib/oxford/detail.action?docID=4547494. 

Selwyn, N. (2019). What’s the problem with learning analytics? Journal of Learning Analytics, 6(3), 11–19. https://doi.org/10.18608/jla.2019.63.3 

Autor

  • Guillermo Zaracho

    Magíster en Educación - Universidad de Oxford. Profesor de la Facultad de Lenguas Vivas de la Universidad Evangélica del Paraguay. Profesor de la Universidad Politécnica de Taiwán en Paraguay. Consultor e investigador educativo. Autor y conferencista.

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