Un capítulo más de la serie “la historia no se repite, pero rima”
En el festival de cine de Viena de 1936 Joseph Goebbels celebraba con euforia el éxito del film Der Kaiser von Kalifornien (El emperador de California). Producción de propaganda nacionalsocialista sobre la heroica vida de Johann August Sutter; el suizo más famoso en su época, quien había tenido la dicha de nacer en Alemania y cuyas tierras en México fueron testigo del primer hallazgo de oro, episodio que desató la famosa fiebre del oro.
Narraban los diarios que James Marshall, empleado de Sutter, encontró pepitas del preciado metal una mañana del 24 de enero de 1948, 9 días antes de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo en el que se daba por terminada la guerra entre México y Estados Unidos con la cesión de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.
Los personajes
Sutter llegó a California en 1839 tras una historia truculenta. Abandonó a su esposa y cinco hijos en Suiza luego de malversar la herencia de su suegra en el negocio de ropa y mercería. Huyendo de la ley llegó a Estados Unidos y repitiendo ese mismo patrón, tuvo que escapar de ciudad en ciudad hasta presentarse en el despacho del gobernador de la Alta California, Juan Bautista Alvarado, con la solicitud de fundar la colonia La nueva Helvetia.
Se nacionalizó mexicano, recibió 20 mil hectáreas a las orillas del río Sacramento y el derecho de fungir como autoridad política, aplicar las leyes mexicanas y dispensar justicia. A cambio, debería contener a los inmigrantes ilegales norteamericanos. Cosa que no hizo. Sutter no era el único colono con “poderes”, había alrededor de 30 grandes terratenientes bajo el mismo sistema.
Uno de estos era William Brown Ide, llegó al fuerte de Sutter en octubre de 1845 buscando hacer fortuna también. Pero los negocios del suizo no cumplían sus expectativas; en su camino hacia el oeste se había convertido en mormón y deseaba fundar una colonia desde la cual hacer proselitismo religioso, así que Sutter le dio un pase para establecerse al norte de sus propiedades.
En diciembre de 1845, Sutter, Ide y los demás colonos conocieron a un tercer personaje, John Charles Frémont. Hermano de logia de Joel Poinsett en Georgia a quien le debió su entrada al ejército americano en el cuerpo de topógrafos y cuya misión fue escanear el cercano y lejano oeste.
Conocido como el pionero, con una cuadrilla de 60 soldados cartografió el territorio mexicano, desde el Gran Lago Salado, el paradisiaco Lago Tahoe, hasta Los Ángeles. Tremenda expedición requirió un financiamiento importante, otorgado por el congreso de la unión americana a través de su suegro, Thomas Hart Benton, senador por Misuri.
Su paso por la Alta California duró seis meses, suficiente tiempo para llevar a cabo su tarea de coartada y su verdadera misión: unificar a los colonos, legales e ilegales, en torno al proyecto de independencia de México.
Mientras tanto, el 24 abril del 46 se registró el primer choque armado en Texas entre México y EUA. El 13 de mayo EUA declara la guerra oficialmente, México el día 23. Un mes después, el 14 de junio, tras un levantamiento veloz y efectivo los colonos de California proclaman su independencia, apresan al líder militar en Sonoma, Cal., Mariano Guadalupe Vallejo y lo encierran en el fuerte de Sutter.
El discurso
Ide fue el primer gobernador de la California independiente, entregó los mandos al gobierno militar estadounidense a los 20 días. De su gubernatura solo queda su arenga inaugural:
—… mi objetivo ha sido defenderme a mí mismo y a mis compañeros de armas, invitados a este país con la promesa de tierras para establecerse, y a sus familias, a quienes también se les prometió un «gobierno republicano», quienes, al llegar a California, se les negó incluso el privilegio de comprar o alquilar tierras de sus amigos; quienes, en lugar de ser admitidos en un «gobierno republicano» o protegidos por él, fueron oprimidos por un «despotismo militar», e incluso fueron amenazados, mediante una «proclama» del jefe de dicho despotismo, con el exterminio si no abandonaban el país, dejando todas sus propiedades, armas y bestias de carga, privados así de medios de huida o defensa. Íbamos a ser conducidos a través de desiertos, habitados por indígenas hostiles, hacia una destrucción segura. Derrocar a un gobierno que se ha apropiado de la propiedad de las misiones para su propio engrandecimiento, que ha arruinado y oprimido vergonzosamente al pueblo trabajador de California, por sus enormes exacciones sobre los bienes importados a este país; es el propósito decidido de los valientes hombres que están asociados bajo su mando…y por la presente los invito a que se acerquen a mi campamento en Sonoma sin demora para que nos ayuden a establecer y perpetuar un «gobierno republicano» que garantice a todos: la libertad civil y religiosa…—
Para dimensionar la demagogia de este discurso hace falta terminar de contar la historia de Sutter y algunos otros datos importantes del contexto.
¿Invitados a este país con la promesa de tierras? ¿Se les negó el privilegio de comprar tierras?
En la era virreinal todo aquello estaba organizado en el delicado equilibrio misional: pueblos seguros, donde los indígenas eran propietarios de sus tierras y además participaban de las tierras comunales cuyo beneficio se empleaba en servicios comunitarios, sostener a sus cuerpos de seguridad y financiar a algún otro fraile que avanzaba fundando otro pueblo.
Durante el fugaz Imperio Mexicano el sistema continuó, la última misión se estableció en Sonoma en 1823, año en que abdicó Iturbide. Guadalupe Victoria suspendió nuevas fundaciones, rumió la idea de desmantelarlas. Igual que sus sucesores dejaron de ver las misiones como medio para poblar y asegurar posiciones, era más cómodo aceptar colonos con la condición de nacionalizarse mexicanos y ser católicos; en pocas palabras, no estaban permitidas las colonias extranjeras; por eso entre 1826 y 1834 casi nada cambio.
¿Derrocar al gobierno antidemocrático que osó suprimir a las misiones para su propio engrandecimiento arruinando al pueblo trabajador californiano?
Pero luego cometieron un gravísimo error estratégico, por decir lo menos.
El anticlerical Gómez Farías ordenó la disolución de las misiones-pueblo, pusieron en venta todos los ranchos, y los requisitos de nacionalidad y religión dejaron de vigilarse. Inmediatamente aparecieron 200 ranchos en manos de americanos; para 1848 había 800, desde pequeñas rancherías hasta grandes haciendas que cubrían una extensión de 8 millones de acres.
La torpeza no solo estuvo en abrir la puerta a la migración extranjera, sino en dejar a los nacionales sin protección, sin trabajo, sin vínculos, sin escuelas, etc., sabotearon el sistema civilizador legado de San Junípero Serra. Luego, la única forma de sobrevivir era ir a trabajar con los Sutters.
Sutter se dedicó a la agricultura y ganadería, fundó diferentes complejos en los que empleó mano de obra local en condiciones de esclavitud, la cual era ilegal, pero gozaba de impunidad gracias al amplio margen de maniobra e independencia que el mismo gobierno de la Alta California le había otorgado, él, como otros colonos, podían darse el lujo de inclusive “intercambiar” “trabajadores”.
Cuando se hizo inminente la intervención americana, las autoridades mexicanas recordaron el “viejo recurso legal” de que solo podían poblar esas tierras naturalizados mexicanos y católicos. Pero ya era tarde.
¿los bienes extractivos?
La independencia de la Republica de la Bandera del Oso ocurrió dos años antes del famoso hallazgo en el aserradero de Sutter; sin embargo, existen teorías que sostienen que fue la certeza de abundancia de oro motivó el plan de anexión de California; las cuales tienen cierto sustento:
Ide alude a bienes extractivos en su discurso. En 1842 se enviaron 20 onzas de oro a la casa de moneda de Filadelfia; se disparó la llegada de migrantes; las notas en prensa neoyorkina hablaron sobre hallazgos en San Fernando y Los Ángeles; Francisco López solicitó permiso de explotación al gobernador; la misión topográfica profesional de Frémont en la región.
La carga de la culpa
El establecimiento de colonos al margen de la ley, la presencia de tropas en la región y sus expediciones de reconocimiento, el hallazgo de recursos minerales, las condiciones laborales y de indigencia de los mexicanos y muchos otros síntomas estuvieron presentes en la región por casi 20 años; luego surge la pregunta, ¿qué hacían las autoridades al respecto?
Pues los gobernadores de la Alta California (liberales y conservadores) se caracterizaron por obsesionarse con la aplicación de la Ley de Disolución de las Misiones; o en organizar levantamientos para derrocar a sus oponentes; o en declarar la independencia del estado para negociar con la presidencia de México; o ilegalmente dividir el poder entre aliados políticos y militares; o en hacer negocio. ¿Y que hizo la presidencia de México ante la crisis política del norte? En pocas palabras, nada, estaban en las mismas.
El desenlace
Se desató la guerra, EUA invadió México, tomó las fronteras, los puertos, la ciudad de México. Y llegó el momento de negociar la paz con un tratado firmado en la Villa de Guadalupe. México perdió 60% del territorio nacional y fue indemnizado con 15 millones de pesos (justo la misma cantidad en que se valuaron los bienes de las misiones del norte, ingresos que se diluyeron en los gastos de la guerra).
Las lecciones
Las decisiones políticas tienen consecuencias a corto, mediano y largo plazo. El clima de inseguridad, crisis política, la desarticulación del tejido social, el triunfo de las ideologías políticas sobre el Bien Común, las agendas individualistas y la falta de estado de derecho cobraron una factura muy cara.
La lección es clara y sin embargo sigue usándose un punto de vista ideológico y reduccionista: el extranjero “que nos robó”, el político “que nos traicionó”. Más allá de las intenciones legitimas o ilegitimas del extranjero, el riesgo a la soberanía nacional comienza en debilitar al país ante el crimen, el desmantelamiento de las instituciones, etc.
Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, Estados Unidos conquistó prácticamente todo el territorio nacional, a pesar de ello conservamos la mitad. Coyunturalmente el tema migratorio y de soberanía está en la agenda, quizás ya va siendo hora de congruencia en los criterios de análisis de ambas épocas, y eso aplica para ambas naciones.
¿Es valido migrar en busca de mejores condiciones de vida?, ¿es válido poner condiciones para los que llegan?, ¿los que llegan deben aceptarlas y adaptarse?, ¿es válido llegar y no querer ser parte de la nación que te acoge?, ¿es justificable la llegada masiva de extranjeros que no aceptan las reglas y la cultura de quien los acoge?, ¿es justificable enviar o expulsar conciudadanos para que otros gobiernos paguen el precio del fracaso o la falta de oportunidades?
Machaconamente ponemos el dedo en la llaga cuando miramos al norte… y ¿hacia el sur? ¿Qué hace el gobierno mexicano con los migrantes de Centroamérica?, ¿acaso no retiene o agiliza su paso porque la nación no tiene manera de gestionar la llegada masiva de migrantes?, ¿acaso no es justificable el temor de que entre los migrantes lleguen bandas criminales, guerrilleros y hasta terroristas? ¿acaso no están esos migrantes en situación de indigencia y cayendo en redes de tráfico de drogas y de blancas también?, ¿Acaso México no le robó territorio a Guatemala?
Posdata 1: ¿Justicia divina?
Sutter lo perdió todo, sus vicios y deudas le impidieron prosperar. La migración apabullante por la fiebre del oro acabó con sus haciendas. Buscadores de tesoros invadieron sus tierras y cuando apeló a las autoridades americanas para salvar sus propiedades, le cantaron en la cara que él era ciudadano mexicano y que EUA no reconocía ningún título de propiedad que no fuera otorgado por una nación “extranjera” y así compartió el mismo destino que todos los mexicanos incluyendo a los colonos que legalmente aceptaron las reglas mexicanas de nacionalizarse.
Frémont hizo carrera política, prosperó en sus negocios financieros, salió mal parado después de la guerra civil, fue declarado culpable de fraude por el gobierno francés y al final lo perdió todo. Recibió una última oportunidad como gobernador de Arizona, puesto del que el presidente Arthur le pidió la renuncia. Murió en la miseria también.
Ide, hizo negocio con los minerales, compró tierras más al norte de California, puso en funcionamiento su misión mormona. Fue funcionario público ocupando múltiples cargos a la vez, todos relacionados con las auditorias sobre la propiedad de tierras de los que se iban desterrados y los que llegaban a poblar. Murió de viruela tan solo cuatro años después de la guerra.
Posdata 2 ¡Cuidado con la propaganda! Nada es lo que parece
Terminemos recordando otra película, que al igual que la primera, narra las aventuras de un personaje para encubrir propaganda política. Me refiero a la película La máscara del Zorro (1998) con Antonio Banderas.
Hay una escena en la que el personaje en cuestión se conmueve y enfurece ante la desgarradora situación de niños y mujeres esclavos en una mina de oro, cuyos beneficios han servido para que una elite de nobles españoles compre las tierras de California y financien su independencia.
Ellos han comprado la voluntad de políticos mexicanos, se aprovechan de su necesidad de recursos para financiar la guerra contra Estados Unidos y cuentan con algunos militares americanos que más bien son mercenarios. ¡y luego nos preguntamos porque los californianos, hispanos y nativos se desquitan con las estatuas de San Junípero Serra!
Cita este artículo
Mondragón, M., (2026, 23 marzo). La República de la bandera del Oso. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-republica-de-la-bandera-del-oso/
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