En las antiguas calles de Atenas, nacía la democracia de la reflexión colectiva, Solón –el sabio legislador y uno de los Siete Sabios de Grecia (c. 638-558 a.C.)– nos legó una advertencia que resuena en nuestra era de desconexiones juveniles. Dice Plutarco en Vidas paralelas, que Solón proclamó: Ἀργίᾱ, μήτηρ πάσης κακίας (Argía, mḗtēr pásēs kakías), –«La ociosidad es la madre de toda maldad»-. Esta frase no es un juicio moral rígido, sino una invitación a la acción: la inactividad no es mero reposo, sino un terreno fértil para frustraciones que germinan en vicios sociales, emocionales y personales.
En el contexto de los «Ninis» (termino designado a jóvenes que NI estudian NI trabajan), esta máxima griega nos urge a ver más allá del sofá: no como pereza innata, sino como síntoma de barreras invisibles que, sin intervención familiar y social, pueden perpetuar ciclos de alienación.
Solón, pensador y reformador ateniense, nos recuerda que el antídoto radica en fomentar el movimiento: pequeñas metas que cultiven propósito y resiliencia. Así, desde la Antigua Grecia hasta nuestro entorno contemporáneo, esta reflexión nos invita a transformar la ociosidad en oportunidad, guiando a nuestros hijos con empatía y sabiduría que generaciones atrás también padecieron.
Como padres de familia, todos hemos sentido esa preocupación profunda cuando vemos a nuestros hijos pasar horas en el sofá, desconectados del mundo exterior. ¿Es flojera o falta de motivación? En la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), sabemos que esta problemática va mucho más allá, que no se vislumbra en los años de formación escolar, por lo que queremos servir de apoyo y orientación a las familias que quieren resolver estos desafíos, mediante herramientas prácticas para que, juntos, podamos guiar a nuestros hijos hacia un futuro más prometedor. Siempre atentos a que es la familia el primer pilar de la educación y el apoyo emocional.
¿Qué es un «Nini», y por qué no es solo «pereza»?
Imagina a un joven de 20 años en su habitación, navegando por redes sociales, mientras el mundo pasa. En México y América Latina lo llamamos «Nini», pero a nivel global se conoce como NEET (por sus siglas en inglés: Not in Employment, Education or Training). Son jóvenes entre 15 y 29 años que no están inscritos en el sistema educativo, tampoco trabajan formalmente, y no recibe capacitación laboral. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2025, alrededor de 262 millones de jóvenes en el mundo –uno de cada cuatro entre 15 y 24 años, se encuentran en esta situación-. Esto no es un capricho; es un síntoma de problemas más profundos.
Romper el estigma es clave: no se trata de pereza inherente, sino de barreras estructurales, emocionales, con un impacto social que bloquean su camino.
En México y América Latina, factores como la pobreza y la falta de empleos dignos agravan el problema. Pero esto no es exclusivo de regiones en desarrollo. En Japón, el fenómeno se manifiesta como «Hikikomori», donde jóvenes se aíslan socialmente por meses o años; estimaciones indican que afecta a cerca de 1.5 millones de personas, alrededor del 1% de la población japonesa. En Europa, post-pandemia, países como España e Italia ven tasas NEET superiores al 15%, impulsadas por el encarecimiento de la vida y crisis de salud mental. En Asia, como en Corea del Sur, la presión académica extrema lleva a similares desconexiones. Este fenómeno global afecta a millones, desde las calles de Ciudad de México hasta los apartamentos de Tokio o las ciudades europeas. Un fenómeno que en el mundo, de no atenderlo, se pueden observar comportamientos de riesgo no solo en lo personal, sino en lo comunitario y social y que puede representar un problema de orden público.
En la UNPF, creemos que entenderlo es el primer paso para apoyar a nuestros hijos, reconociendo que detrás de cada «sofá» hay una historia de frustración, no de indolencia. El fenómeno no respeta fronteras, pero sus manifestaciones varían según el contexto socioeconómico. En México, está entrelazado con desafíos locales como la informalidad laboral, mientras que, en países desarrollados, la salud mental post-pandemia juega un rol central. Veamos los datos para entender mejor.
La realidad en México: Informalidad y brechas estructurales
Conforme a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta que, al cierre de 2025, hay 30.4 millones de jóvenes entre 15 y 29 años. De ellos, 14.5 millones –casi el 48%– forman parte de la Población No Económicamente Activa (PNEA), lo que incluye a muchos NEET. La tasa NEET se mantiene estancada alrededor del 18.9%, según la OCDE, y del 16.6% según la OIT. ¿Por qué?: La informalidad laboral es un factor clave: Más del 50% de los empleos en México son informales, sin seguridad social ni estabilidad, lo que desincentiva a los jóvenes a entrar al mercado. Datos del INEGI muestran que, entre abril y junio de 2025, más de 400 mil jóvenes de 15 a 24 años perdieron su empleo. En este sentido la política pública para su atención ha fallado. Este gobierno, de corte socialista, ha creado como uno de sus “programas insignia” el denominado Jóvenes Construyendo el Futuro, del que han invertido poco más de 16 mil millones de pesos y otorgados beneficios económicos a 3.3 millones de jóvenes desde su inicio. Sin embargo, la tasa NEET no ha bajado significativamente en siete años desde su implementación desde 2019.
En América Latina, la OIT destaca que la región tiene tasas NEET superiores al 20%, impulsadas por desigualdades y falta de educación de calidad (el fenómeno similar se vive en países como Venezuela, Honduras, Bolivia y Argentina). Este fenómeno no solo afecta a las familias, sino a la economía nacional, ya que reduce la productividad y aumenta la dependencia a programas sociales e incluso se utilizan a nuestros jóvenes para propósitos partidistas o de corte electoral, sin el adecuado desarrollo profesional que se espera de ellos y dejando de ser productivos. Por lo tanto, las políticas sociales solo son paliativos, no resuelven las causas estructurales por carecer de una adecuada agenda para responder a las necesidades regionales. Sin embargo, a pesar de ello prevalecen la violencia e inseguridad, crecen las adiciones y los grupos delincuenciales reclutan y secuestran a nuestros niños, generando peligros como el tráfico de personas, prostitución, causantes de graves e irreversibles daños.
En países desarrollados: Encarecimiento de la vida y crisis mental
En contraste, en naciones como las de la OCDE, la tasa NEET promedio es del 14% en 2024, con recuperación post-COVID, pero persisten desafíos. En el Reino Unido, la tasa es del 12.8%, mientras que en Países Bajos es solo del 3.6%. El encarecimiento de la vida (alquileres altos, inflación) hace que muchos jóvenes pospongan la independencia, quedando en un limbo. La pandemia agravó esto: el aislamiento forzado aumentó la ansiedad y depresión. Estudios postpandemia muestran que la salud mental de los jóvenes empeoró, con tasas de depresión y ansiedad en aumento. En Europa, la UE reporta que, en 2024, el 12.6% de jóvenes con baja educación son NEET, y el fenómeno creció durante el COVID por disrupciones educativas. En Japón, el Hikikomori, exacerbado por presiones sociales, afecta a 1.5 millones de jóvenes, con un aumento del 40% en casos occidentales postpandemia.
Las causas invisibles: más allá de lo evidente.
Detrás de cada joven NEET hay factores «invisibles» que los padres a menudo pasamos por alto. No es solo falta de voluntad; es un nodo de presiones.
Aquí tan solo las más evidentes.
- Desconexión del sistema educativo: Una de las causas más recientes del abandono escolar entre adolescentes y jóvenes es la percepción de que el currículo carece de relevancia y que los costos de continuar los estudios son excesivos. Los modelos educativos implantados en América Latina durante los últimos diez años han generado una brecha cada vez mayor: lo que se aprende en las aulas ya no responde a las demandas reales del mercado laboral. Además, los contenidos impartidos no fomentan las capacidades esenciales que nuestros jóvenes necesitan para crecer académica y profesionalmente. Como resultado, se produce una profunda desmotivación provocada por deficiencias graves en habilidades fundamentales: comprensión lectora, expresión escrita clara y estructurada, razonamiento lógico-matemático y resolución de problemas. Estas carencias son solo la expresión más visible de una juventud que enfrenta con incertidumbre un entorno de alta competitividad productiva.
- Falta de oportunidades laborales. En economías como la mexicana y, en general, en América Latina —caracterizadas por altas tasas de informalidad—, los jóvenes enfrentan serias barreras para acceder a empleos dignos y estables. A nivel global, en los países de bajos ingresos, este fenómeno afecta al 27,9 % de la población juvenil. Cuando no concluyen la educación básica, los jóvenes pierden acceso a oportunidades reales de inserción laboral. En este contexto, los padres de familia comienzan a percibir con claridad el problema: sus hijos atraviesan largos periodos de inactividad productiva y se enfrentan día tras día a la dificultad de adaptarse a un mercado laboral que exige conocimientos actualizados, destrezas técnicas y habilidades altamente demandadas. Como resultado, muchos optan por salidas poco claras o precarias, como el empleo informal, y en los casos más extremos, algunos terminan incorporándose a grupos delincuenciales.
- Peso de las expectativas familiares: La constante presión por salir adelante, el desarrollo profesional y ante el panorama desolador laboral puede generar parálisis. En Japón, esto contribuye al Hikikomori; en México y Latinoamérica, las expectativas culturales y profesionales suman estrés. Estos factores se entrelazan, creando un ciclo vicioso.
El impacto en la sociedad y la familia. Como ya se ha vivido y afectado en el entorno familiar, no es solo un problema individual; repercute en familias y sociedades. Económicamente, la OIT estima que los NEET globales representan una pérdida de productividad masiva, con jóvenes excluidos del mercado laboral contribuyendo a desigualdades. En México, por ejemplo, con 18.9% NEET, frena el crecimiento, ya que una generación sin habilidades queda atrapada en pobreza. Y en Latinoamérica y en los países en vías de desarrollo empuja otras problemáticas sociales.
Socialmente, aumenta la vulnerabilidad. Los jóvenes NEET son más propensos a problemas de salud mental, como depresión, donde las tasas de suicidio subieron. En contextos como el Hikikomori japonés, lleva a aislamiento extremo, afectando familias enteras que asumen el cuidado. El «efecto cicatriz» se ve en mayor inactividad juvenil. Desde la sociología, esto refleja una desconexión generacional: la generación conocida como millennials y Gen Z enfrentan un mundo con menos estabilidad que sus padres aunados a la falta de compromiso o visión de futuro como el ahorro o el formar una familia han pasado a un segundo plano. En la UNPF, vemos cómo esto erosiona el tejido familiar, generando culpas y conflictos y que en la dinámica familiar se decanta, se vuelve un problema que alcanza niveles de violencia graves.
Falta de una política pública integral. A pesar de los esfuerzos y millonarias inversiones de los Gobiernos (como en el caso de México), la ausencia de una política pública integral, coordinada y de largo plazo para prevenir la deserción escolar y garantizar la inserción productiva de adolescentes y jóvenes representa uno de los mayores costos sociales que enfrenta México y América Latina. Estos programas asistencialistas siendo acciones fragmentadas, carecen de articulación real entre educación, empleo, prevención de violencias y atención a adicciones.
Esta desconexión institucional genera un precio altísimo para toda la sociedad:
- Miles de jóvenes optan por la migración irregular en busca de oportunidades que no encuentran en su país.
- Otros se ven orillados al empleo informal, al robo o, en los casos más graves, al reclutamiento por grupos delincuenciales.
- Se profundizan las crisis de adicciones y problemas de salud mental que afectan a toda la comunidad.
Sin una estrategia integral por más recursos que reciban nuestros adolescentes y jóvenes seguirán siendo parches insuficientes. Una política pública integral no solo reduciría drásticamente la deserción y el número de NEET, sino que evitaría que la frustración juvenil se traduzca en migración forzada, violencia y pérdida de capital humano para el país. Tan solo la crisis de violencia que vivimos en México con la captura de uno de los principales narcotraficantes desplegó una ola de violencia en la que se pudieron observar adolescentes y jóvenes realizando actos vandálicos que cobraron víctimas fatales.
El rol de la familia como motor de cambio frente al fenómeno NEET.
El fenómeno NEET es global, complejo y profundamente preocupante, pero no es irreversible. Miles de jóvenes enfrentan este desafío. La diferencia radica en la respuesta que se da al problema. Desde la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), creemos firmemente que la familia es el actor más poderoso y cercano para revertir esta realidad. Con comprensión, acompañamiento y acción decidida, los padres pueden convertirse en el principal impulsor de grandes cambios en la vida de sus hijos. La familia no solo es el primer espacio de formación, sino el más efectivo para construir resiliencia emocional, motivación y propósito. Es por ello por lo que proponemos acciones concretas que toda familia puede implementar:
- Comunicación asertiva y apoyo emocional: Escuchar sin juzgar, expresar expectativas con claridad las emociones y sentimientos que enfrentan nuestros jóvenes fortalece su autoestima y reduce la sensación de fracaso.
- Acompañamiento activo: Estar presentes en sus procesos educativos y laborales, ayudarles a definir metas realistas y celebrar cada avance significativo.
- Fomento al progreso y al esfuerzo: Estimular el hábito de la superación diaria, recordándoles que el crecimiento personal es un camino de mejora continua. La cultura del esfuerzo es un gran aliciente que se vive constantemente en familia.
- Transmisión de valores fundamentales: La responsabilidad, la honestidad, la perseverancia y el respeto deben vivirse en casa como modelo, no solo como discursos. Estos valores se convierten en las mejores herramientas para enfrentar la incertidumbre del mundo actual.
Además, la familia puede ir más allá del acompañamiento individual y convertirse en espacio de colaboración y emprendimiento. Desarrollar proyectos conjuntos —desde pequeños negocios familiares hasta iniciativas comunitarias—, invertir tiempo y recursos en las ideas de los jóvenes, y fomentar la creatividad les permite descubrir talentos, generar ingresos dignos y construir confianza en sí mismos. Todo esto sin descuidar nunca la preparación académica y el fortalecimiento continuo de habilidades profesionales (técnicas, digitales, de resolución de problemas y socioemocionales).
Cuando la familia asume este rol protagónico, los resultados son contundentes: los jóvenes recuperan el sentido de pertenencia, reducen el riesgo de caer en conductas de riesgo y se convierten en agentes de cambio positivo tanto en su entorno personal como profesional, comunitario y social.
En la UNPF estamos convencidos de que ningún programa gubernamental, por grande que sea, podrá sustituir el poder de una familia unida y comprometida.
Por eso invitamos a los padres de familia a tomar las riendas: el futuro de nuestros jóvenes no se construye solo en las aulas o en las oficinas de gobierno, sino primero y principalmente en la familia.
Cita este artículo
Sánchez, I., (2026, abril 11). Entendiendo el fenómeno global de los Ninis. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/entendiendo-el-fenomeno-global-de-los-ninis/
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