En la sociedad actual, el habla es vulgar

Juan Alberto Treglia

En la sociedad actual, el habla es vulgar
El ciudadano medio, en un pretérito lamentablemente nostálgico, hablaba bien, pero cada vez está hablando más pobre y vulgarmente.

El deterioro paulatino de la sociedad, y el ascenso de distintos regímenes populistas y autoritarios en nuestros países, tiene como una de sus causas, el empobrecimiento cultural, que va anulando cada vez más, la posibilidad de un pensamiento crítico; la escuela ha dejado de enseñar a pensar, para convertirse en una dinámica de la pedagogía de la imagen, que va alejando la riqueza de la palabra hablada y escrita. Analizamos sus consecuencias.

¿Cómo se habla hoy, en este nuevo lenguaje cultural?

El ciudadano medio, en un pretérito lamentablemente nostálgico, hablaba bien, pero cada vez está hablando más pobre y vulgarmente. Es una pena, porque esto se advierte en el trato cotidiano con los alumnos. Nos preocupa, en primer lugar, la pobreza y, en segundo lugar, la vulgaridad.

La pobreza nos preocupa seriamente porque en una sociedad democrática, cuando al hombre se le reduce el vocabulario se lo estrecha mentalmente y pierde la posibilidad de matices de pensamiento crítico. Un régimen totalitario termina por dominar al hombre mediante la escasez del lenguaje, logrando entre nosotros involuntariamente, porque nadie se lo propone, una reducción del lenguaje y por lo tanto la libertad de expresión se va quedando entre nuestros muchachos como un derecho enunciado, pero no cumplido porque son cautivos de su propia limitación.

La pobreza y la vulgaridad en el habla los va atando a los jóvenes cada vez más.

Ahora, cuál es el gran modelo que presenta esta limitación, no son las cátedras secundarias y universitarias, es el caso de algunas manifestaciones -no todas- en los medios masivos de comunicación, en internet, en las redes sociales. Estos medios imprimen el modelo en quien lo absorbe. No hay que olvidarse que, estos medios, a diferencia del periódico, admiten los analfabetos de modo que influye en la totalidad de la población. En un modelo de pobreza lingüística el muchacho va tomando eso y se va autojustificando. El joven hace unos diez años hablaba con unas 800 palabras y ahora habla con menos de la mitad.

Los adolescentes ahora están en 200 palabras. Esto está agravado por los mensajes de textos de los celulares que les imponen un máximo de abreviación. Ahora escriben “te quiero” con una “t” y una “k”. Hay una empresa que difundió un diccionario con 200 abreviaturas para comunicarse con mensajes de textos. Es una negación que una empresa de la comunicación esté facilitando la pobreza comunicativa.

Hay que trabajar en las escuelas para explicarles a los jóvenes que en eso no consiste, esa especie de escritura críptica, el manejo del idioma porque van a ser -o ya son- cautivos de esta limitación. La pobreza y la vulgaridad los va atando cada vez más, y no me estoy metiendo en el plano moral, porque la grosería, la guasada, la guarangada, el chiste hiriente y grosero presentado permanentemente, le va quitando sensibilidad.

La educación tiene que asumir la responsabilidad de abordar una temática, sobre, lo que algún sector de las redes hace mal. Ocurre que ha tardado muchísimo y aún no se incorporó el estudio de los lenguajes de los medios de comunicación a la escuela.

Esto es importante no como una cuestión de preocupación sobre el purismo del idioma, sino porque la cuestión es que la escuela tiene que enseñar el lenguaje y la retórica de los medios. No hay que confundir la lengua en el periódico con el lenguaje del periódico. El lenguaje del periódico consiste en armar la página con una fotografía y un subtítulo, colocarlo junto a una columna en página par o impar y todo esto produce un impacto en el lector.

Esto es lo que debe enseñarse para que el chico se libere de la operación retórica de los medios, pero eso no ha llegado a la escuela. Al chico se le debe enseñar, no a ponerse en contra de los medios sino frente a los medios y desarrollarle paulatinamente un pensamiento crítico para ver qué mira y ver cómo lo manejan. Una vez que se le ha enseñado la retórica el muchacho advierte, enseguida, cuáles son los resortes que están tocando en él para manejarlos.

Si, los jóvenes utilizan sólo 200 palabras para comunicarse ¿qué nos espera?

Nos espera un cautiverio de la libertad de expresión, un sometimiento al ciudadano. El hombre no va a tener libertad para decir lo que quiere, ni matices. Nos espera un empobrecimiento gradual del intelecto porque la persona piensa con palabras, distingue gracias a las palabras una realidad. Un hombre de campo distingue ciertos tipos de pelaje porque tiene las palabras para distinguir el azulenco del mateado, pero en cambio el hombre que va de la ciudad no tiene el conocimiento de las palabras y para él los caballos son de tres tipos: blanco; overos y blancos, marrones y negros.

En términos generales, un hombre educado ¿cuántas palabras utiliza?

Un ciudadano medio, de unos 40 años, habitualmente usa unas dos mil palabras. Hay tres léxicos: el primero es el de la lectura que es más amplio del que se maneja porque lo entiende desde el contexto; en segundo lugar, está el léxico de la escritura porque cuando se escribe se manejan más palabras porque tiene tiempo para pensarlo y por último está el léxico de cuando se habla, que es el más escaso. El lenguaje y el léxico los inventa el pueblo, lo prestigia la literatura y lo avala la Academia, que actúa como el escribano que da fe pero que no inventa nada, a lo sumo puede corregir algo.

El 90 por ciento de la expresión del hombre en la vida social es la palabra hablada, pero está tan deteriorada como la palabra escrita.

“La educación ha ido cuesta abajo y ahora tenemos que recuperarla”.

Hay que generar el hábito de la lectura y eso lleva tiempo. Se debe empezar desde abajo, revisemos la enseñanza de la lectoescritura desde el primer año de escolaridad y desde la casa. En la escuela se debe exigir la lectura de libros y no recurrir a las fotocopias. La educación ha ido cuesta abajo y ahora tenemos que recuperarla.

Indudablemente la escuela es más responsable, porque es profesional y no todos los padres están preparados para enseñar a sus hijos. El futuro de una Nación depende de su Educación.

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