Como responsable del tema “ambiente seguro” en la institución educativa donde me desempeño, atiendo de manera regular situaciones de conflicto, algunas de estas -sin minimizar su importancia- no son de trascendencia, puesto que es natural que en las relaciones interpersonales se presenten desacuerdos y formas de percibir diferentes que pueden complicar el entendimiento y la construcción de acuerdos. Llama mi atención la influencia de la comunidad y del entorno familiar para que algunos de estos conflictos menores escalen y compliquen la resolución, pues en algunas ocasiones, a pesar de que los involucrados han llegado a tener acuerdos, al hacer partícipes a los amigos o familiares, los olvidan y se vuelven renuentes, mostrando poco disponibilidad o voluntad para cumplirlos.
Si bien la relación colaborativa entre la familia y escuela resulta de suma importancia en la construcción de entornos en donde se viva la cultura de la paz, la comunidad en general también adquiere un papel relevante, pues muchas veces a pesar del esfuerzo que hacen las escuelas o los padres, la tarea de educar se vuelve muy complicada en aquellos entornos -poco favorables- en donde los jóvenes no encuentran modelos y mensajes que respalden las enseñanzas de las escuelas y de las familias.
Tomas Lickona en su libro CARÁCTER, propone algunas acciones y estrategias para crear comunidades de carácter, donde sus integrantes sean conscientes de la importancia de la vivencia de las virtudes y buenos hábitos y que, a su vez, contribuyan en la formación de otros de sus integrantes. A continuación, citaremos estas de una manera sencilla.
1.- Fortalecer la alianza entre la escuela y la comunidad, comenzando por reconocer y respaldar las Instituciones responsables de la educación, formación moral y espiritual de las nuevas generaciones.
2.- Fortalecer a la familia, como núcleo vital en la formación de las personas.
3.-Compromiso con la formación de comunidades conscientes y participativas.
4.-Formación de grupos de liderazgo, que permitan coordinar los esfuerzos y de seguimiento a las iniciativas. La participación será muy importante.
5.- Dar la oportunidad de contribuir: todos tenemos la capacidad de aportar ideas que mejoren la vivencia comunitaria; establecer y promover mesas de trabajo, encuentros, etc. en donde se tenga una participación activa.
6.-Identifica las virtudes meta: por medio de los grupos de liderazgo identificar las virtudes que como sociedad queremos fortalecer para impulsarlas mediante las alianzas con las escuelas y familia.
7.- Formación de liderazgo. Estableciendo programas formales y bien enfocados, que fortalezcan a los liderazgos de los grupos y a quienes toman decisiones.
8.-Buscar la participación de las empresas, estas a menudo manifiestan su interés por apoyar a las escuelas que promueven valores como la honradez, la colaboración, el trabajo en equipo, etc.
9.- Fomentar la conciencia del carácter en la gente. Los medios digitales actuales pueden ser una herramienta poderosa para recordar constantemente la importancia del buen carácter en la construcción de sociedades sanas.
10.- Integrar formación del carácter en todos los programas comunitarios.
11.- Reconocer el papel de las autoridades. Respaldando y respetando sus decisiones.
12.- Dar a los niños y jóvenes un papel de liderazgo. Haciéndoles consientes del impacto que puede tener en la comunidad, así como la responsabilidad en su toma de decisiones.
13.-Reconocer el buen carácter, exaltando modelos positivos y propositivos.
14.-Permitir a voluntarios de la comunidad, enseñar carácter en las escuelas.
15.- Evaluar el impacto de las iniciativas.
La clave para el éxito de estas estrategias será darles continuidad y evaluando de manera constante su eficacia. Existen algunos modelos que proponen los promotores de la formación del carácter -como el autor citado- que se han puesto en marcha y que han dado resultados positivos.
A partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en donde se reconocía de manera apremiante la vida, la libertad y la seguridad personal, los gobiernos y algunos organismos internacionales han impulsado acciones, programas y protocolos que abonan a la cultura de paz y la sana convivencia, entendiendo esta cultura como la creación de entornos seguros en donde se promueve la no violencia, la resolución de conflictos pacifica por medio del dialogo, el reconocimiento de la dignidad de la persona y la promoción de valores. Estas acciones pueden ser un punto de partida importante si se aplican más allá del discurso político.
Aunque existen muchos factores en la generación de la violencia, si pretendemos establecer una cultura capaz de resolver los conflictos de manera pacífica, basados en la tolerancia, la comprensión y el respeto mutuo, donde la violencia disminuya y no sea parte de la cotidianidad y que solo se frene por miedo al castigo, tendremos que asumir un rol protagónico, tomando con determinación la contribución al bien común y al fortalecimiento de comunidades consientes y responsables en donde podamos desarrollarnos de manera integral y libre.
Referencias:
LICKONA, T. (2010). CARÁCTER (1.ª ed., pp. 349–362). México: VIDAL SCHMILL. México: VIDAL SCHMILL.





