La epidemia de soledad y la hermosa rebeldía de casarse

Felipe Rebollo

La epidemia de soledad y la hermosa rebeldía de casarse
Dos esposos absortos en la cama. La habitación está a oscuras, iluminada únicamente por el brillo azul de… dos teléfonos celulares. Cada quien está absorto en su pantalla, deslizando el dedo infinitamente. No están peleando, pero tampoco se encuentran.

Esta escena, que se repite esta misma noche en millones de hogares, es el retrato más preciso de la crisis que atraviesa el matrimonio hoy en día: el individualismo no empieza en un juzgado con una demanda de divorcio, empieza cuando dejamos de pertenecer al otro en lo cotidiano.

Hace poco platicaba con una pareja que acaba de celebrar casi 50 años de casados. Llegar a esa cifra hoy parece un milagro. Las matemáticas del INEGI son escalofriantes: en México ya registramos 33 divorcios por cada 100 matrimonios. En el año 2000, eran apenas 7. Si proyectamos esta inercia de rupturas bajo la figura del «divorcio exprés», para el final de la década estaremos rozando los 40 fracasos por cada centena de enlaces.

Pero la gente no se rinde de la noche a la mañana. Hoy vemos dos grandes etapas donde los matrimonios naufragan. La primera ocurre entre los 5 y 10 años, cuando el cansancio de la crianza y las presiones asfixian a la pareja. La segunda la confirma el propio INEGI: el divorcio llega en promedio a los 17.7 años de casados. Es el síndrome del nido vacío; los hijos crecen, se van, y los esposos se voltean a ver para descubrir que viven con un extraño.

¿Qué pasó en esos 17 años para dejar de reconocerse? Que le abrimos la puerta al enemigo silencioso de la presencia fragmentada.

Se ha advertido insistentemente sobre la grave «epidemia de soledad» que azota al mundo.

Casi una de cada cuatro personas en el mundo (24%) se siente sola y se puede vincular a 100 muertes por hora a nivel mundial según la encuesta de Meta-Gallup, o que países como Japón o el Reino Unido han creado Ministerios de la Soledad, porque la falta de vínculos reales deprime, enferma y mata.

Y lo más trágico es que, ante el miedo natural que todo hombre tiene a quedarse solo, muchos, por simple comodidad, eligen el aislamiento dentro de su propia casa en lugar del esfuerzo del encuentro.

Es aquí donde debemos recordar nuestras bases. Porque el matrimonio, en su esencia, es precisamente compartir; es vivir en las buenas y las malas. Es la decisión diaria de elegir un compañero de vida y no un simple roommate con el que solo divides gastos. Claro, lo más cómodo es no esforzarse, no dialogar y no resolver las diferencias, pero la humanidad ha salido adelante a lo largo de los siglos demostrando que el esfuerzo y la entrega valen la pena.

No se trata de satanizar nuestra época ni la conectividad. Como todo, la tecnología es un arma de dos filos: la usamos para unirnos o para dividirnos. Usemos las herramientas a nuestro favor. Un celular bien usado es aquel que sirve para buscar datos que la pareja necesita, para bajar la lista de canciones que a todos les gustan e ir cantando como familia en el coche; es para escoger una buena serie juntos, mandarse un mensaje de aliento a mitad del día, o cuidarse en trayectos compartiendo las ubicaciones. El secreto está en usar la pantalla para acercarnos cuando estamos lejos, y tener la voluntad de soltarla para hablar cuando el otro está presente. Aprendamos y construyamos nuestro manualito de Carreño de uso de tecnología, que nunca nos enseñaron. Hoy las nuevas generaciones suelen reunirse para ver el cel o interactuar mediante likes cometarios.

La narrativa progresista del «amor líquido» aprovecha nuestra distracción para vendernos el divorcio como un simple trámite de liberación.

Nos dicen que si ya no eres «feliz», lo más sano es claudicar. Pero aquí hay que ser contundentes con las definiciones: el amor NO ES UN SENTIMIENTO… es una decisión constante, paciente, desinteresada, por anteponer el bien del otro sobre el personal.

Si casarse se tratara solo de (sentir) mariposas en el estómago, nadie duraría. Como bien nos recuerdan en las promesas del bodorrio: el amor requiere voluntad.

Para quienes creemos, entendemos que el matrimonio es un proyecto de santidad en equipo. San Juan Pablo II lo plasmó magistralmente en su obra El taller del orfebre, cuando advierte a los novios: «El peso de estos anillos no es el del oro, sino el del ser humano». Casarse es cargar y sostener al otro.

Sobrevivir hoy y aspirar al medio siglo juntos requiere acciones concretas. De aquella pareja experimentada rescaté dos consejos de oro: tolerancia absoluta para aceptar los defectos del otro, y madurez para saber escoger tus batallas. A esto debemos sumarle atreverse a un «Sabbath digital» semanal y establecer zonas sagradas sin pantallas (la mesa o la recámara), para que la tecnología no aplaste el tiempo de calidad.

¿Y por qué hacer todo este esfuerzo?

Porque la familia es saberte cobijado por los tuyos, que tu barrio te respalde. Es tener la certeza absoluta de que cuentas con una tribu que no te va a dejar caer. El matrimonio es la tranquilidad inmensa de saber que hay alguien cuidando tu espalda, y tú la suya; es el motor incombustible que te hace salir a comerte el mundo todos los días para sacar a los tuyos adelante. Es asombrarse ante la posibilidad del milagro de dar vida, de verte reflejado en tus hijos, en saber que te conocen y conoces y no es para molestar sino para ayudar y -claro- llegar así a la madurez con la satisfacción de saber que ese proyecto personal, profesional y espiritual se construye juntos sin perder tu propia identidad.

La tecnología nos promete conexión, pero solo el matrimonio nos da comunión y sentido. En una época de epidemias de soledad y vínculos desechables, apostar por el “hasta que la muerte nos separe” es la rebelión más hermosa. Una rebelión que no solo sana a nuestra sociedad, sino que nos salva a nosotros mismos.

Cita este artículo

Rebollo, F., (2026, abril 11). La epidemia de soledad y la hermosa rebeldía de casarse. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-epidemia-de-soledad-y-la-hermosa-rebeldia-de-casarse/

 

Enlace a edición mensual

Revista Forja para el Bien Común núm. 54, marzo 2026

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

La vocación oculta en la fragilidad

La vocación oculta en la fragilidad

La vocación suele asociarse con las grandes decisiones como el matrimonio, el sacerdocio, o la vida consagrada. Pero también existe una vocación que nace del propio contexto familiar. La discapacidad nos reveló esto con fuerza.

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.