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El mayor bien posible: una reflexión ética

por | Política

A medida que México se prepara para unas elecciones federales que determinarán el curso de la nación, se presenta la oportunidad para reflexionar sobre la responsabilidad ética y política que tenemos como ciudadanos. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ofrece un marco para abordar estas cuestiones, resaltando la obligación de buscar el «Mayor Bien Posible».

Es un llamado a cada individuo y al Estado a promover «un conjunto de instituciones que den estructura jurídica, política y económica más humana a la convivencia social» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 168).

En palabras de San Juan Pablo II, «la persona humana y la sociedad en la que se inserta son el principio y el fin de todas las instituciones políticas» («Centesimus Annus» 48). Esto se traduce en la necesidad de implementar políticas que promuevan la equidad, la justicia y el desarrollo sostenible.

 

El Bien Posible como Norma Política

La Doctrina Social de la Iglesia resalta la importancia del bien común como el objetivo principal de la comunidad política. En México, esto se puede manifestar a través de políticas de desarrollo sostenible que aborden tanto el bienestar económico como el medioambiental y social.

La DSI establece que el bien posible es una norma obligatoria para el político cristiano. Esta idea se puede ver reflejada en la encíclica «Centesimus Annus» de Juan Pablo II, que establece: “Es tarea del Estado proveer el bienestar material de la persona, cuando los individuos y grupos sociales no son capaces de hacerlo”.

En un contexto en el cual los errores pueden convertirse fácilmente en catástrofes, la prudencia y la visión racional son más cruciales que nunca.

«Un político cristiano no puede aumentar las tensiones sociales internas, dramatizándolas, descuidando lo positivo y dejando perderse la recta visión de lo racionalmente posible» (Conceptos Fundamentales de la DSI).

Esto significa que el político cristiano debe actuar siempre con prudencia y sensatez, teniendo en cuenta las consecuencias de sus actos. La DSI no solo insta a evitar la creación de tensiones sino que también subraya la importancia de mantener una visión racional y objetiva de la realidad.

La encíclica «Caritas in Veritate» del Papa Benedicto XVI afirma que «la búsqueda del bien común es mucho más que un simple bienestar socioeconómico y no se agota en las relaciones entre el Estado y el mercado» (n. 7). «La búsqueda del bien común es el principal fin de la comunidad política» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1910).

 

El Diálogo y el Respeto Mutuo

La Doctrina Social de la Iglesia afirma que el bien común «sólo se realiza con la participación de todos los ciudadanos» (CIC, 1913), lo cual implica un compromiso activo con el diálogo.

“Deben tener, además, sumo cuidado en no derrochar sus energías en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, no se descuiden de realizar el bien que les es posible y, por tanto, obligatorio” (Conceptos fundamentales de la DSI).

Esto se evidencia en «Gaudium et Spes», donde se dice que «el diálogo es el nuevo nombre de la caridad». Este principio nos enseña a valorar las opiniones divergentes, entendiendo que el desacuerdo en temas particulares no debe traducirse en enemistad o falta de respeto.

El Papa Francisco, en «Fratelli Tutti,» nos recuerda la importancia de ver al otro como un «hermano» y no como un «enemigo» (n. 103).

 

La Complejidad de la Realidad Social y Política

El Papa Francisco en «Evangelii Gaudium» dice que «la realidad es superior a la idea». Esto resuena con la noción del Mayor Bien Posible, que nos invita a tener una comprensión integral de la realidad y no simplificarla o reducirla a agendas parciales.

La «Gaudium et Spes» señala que «los gobernantes deben tomar en cuenta todas las dimensiones del bien común» (n. 74). Esto facilita la inclusión de diversas perspectivas y soluciones.

«Las cuestiones sociales deben considerarse en su conjunto, en el contexto de una reflexión global sobre el hombre y la humanidad» (Populorum Progressio, 42).

La búsqueda del Mayor Bien Posible también implica estar dispuestos a colaborar con aquellos que no comparten nuestras creencias. En una época en que la libertad democrática se encuentra amenazada, este tipo de colaboración se vuelve no solo necesaria sino indispensable.

Una sociedad plural y democrática se beneficia de la colaboración entre diferentes comunidades. La Doctrina Social destaca la importancia de la «socialización»: el desarrollo y crecimiento en armonía con otros (CIC, 1882).

 

La Virtud de la Solidaridad

La encíclica «Sollicitudo Rei Socialis» de Juan Pablo II destaca la importancia de la solidaridad, definiéndola como «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común». Este énfasis en la solidaridad no es solo un llamado a la caridad individual, sino a la justicia social, que debe ser una preocupación central para cualquier gobierno.

«La solidaridad nos coloca ante el otro de modo respetuoso y sincero, sin caer en juicios y estigmatizaciones» (Papa Francisco, «Fratelli Tutti», n. 112). Este principio puede influir positivamente en las políticas sociales y económicas.

La solidaridad, considerada por la Doctrina Social como «una virtud eminentemente cristiana» (Sollicitudo Rei Socialis, 38), ofrece una base ética fuerte para políticas que buscan la justicia social.

Basadas en el principio de solidaridad, políticas como la redistribución de ingresos a través de impuestos progresivos y programas de bienestar social pueden ser efectivas.

El desafío es lograr un equilibrio que no desincentive la inversión ni fomente la dependencia en programas sociales.

Frente a las elecciones que se avecinan en México, la ética cristiana nos ofrece principios valiosos para guiar nuestras decisiones. Tenemos la responsabilidad de elegir líderes y políticas que estén alineados con la búsqueda del Mayor Bien Posible. Esto no es solo un derecho, sino un deber cívico y, para el cristiano, una manifestación de su fe. Así, cada voto depositado en la urna no es solo un acto político, sino también un acto moral y espiritual.

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Autor

  • Carlos Anaya

    Director General del Registro Nacional de Población. México. (2004 a 2010). CEO de Servicios Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas (2010 a la fecha). Fundador de la Unión de Servicios Solidarios - Banco de Tiempo. (2018 a la fecha). Twitter @caranaya | Linkedin https://www.linkedin.com/in/carlos-anaya-7198202b/