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El Espacio. La geopolítica desde el cielo

por | Internacional

En 2022 se alcanzó la cifra de 2.046 lanzamientos de satélites y ha sido el año con la mayor actividad espacial registrada hasta el momento. La tendencia ascendente continúa, y en 2023 ya se han registrado 544 satélites lanzados.

En la actualidad, según datos de la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior, la cantidad de satélites en órbita alrededor de la Tierra suman un total de 10.928 ¿Por qué surge este interés por el espacio exterior? ¿Qué lectura podemos hacer desde un análisis geopolítico?

El espacio es parte de la geopolítica y tiene su más clara expresión en los satélites. O se tienen satélites, o se alquilan sus servicios, o no se tiene. Esta es una sencilla expresión del poder, que no es sobre el dominio de tierras y océanos, sino sobre lo que ocurre a partir de los 160 kilómetros de altura.

Actualmente, Estados Unidos cuenta con 830 satélites, seguido por China (280), India (104), Rusia (97), Japón (96), Reino Unido (84) y Alemania (68). El interés por disponer de un programa propio responde a diversos motivos. El principal es para reforzar las estrategias de seguridad nacional, razón por la cual los proyectos se califican como de «tecnologías duales», es decir, iniciativas conjuntas con fines civiles y militares.

La conquista del espacio ya no depende únicamente de agencias nacionales, ya que las empresas privadas han comenzado una actividad con notables avances tanto en tecnología como en aplicaciones, debido al auge del mercado de la red de las telecomunicaciones y la conectividad (SapceX, Blue Origin, Virgin Galactic, etc.).

Los nanosatélites y las redes de satélites en órbita son una de las principales prioridades, aunque la popularidad sea el turismo espacial. Para tener un acceso directo al espacio hace falta tener la capacidad técnica para fabricar el cohete, y el listado de países se reduce a nueve, encabezado por Estados Unidos, Rusia y China. Por cierto, que en el ámbito iberoamericano, cabe destacar las iniciativas puestas en marcha por la Agencia Espacial Brasileña.

Un satélite en una órbita terrestre baja puede alcanzar los 1.500 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, y pueden dar la vuelta al planeta hasta 16 veces al día, ya que tienen un periodo orbital corto, de entre 90 y 120 minutos. Ese número son la cantidad de veces que pueden pasar sobre un objetivo para hacer fotografías, de día y de noche, ya sea con tecnología optrónica o radárica. Una órbita geoestacionaria puede alcanzar los 35.000 km de altura, lo que significa una atalaya privilegiada para el ejercicio del poder.

Tan importante es el satélite como las antenas. Este tipo de complejos son esenciales y se busca asegurar las operaciones para poder controlar la señal en todo momento, 24/7. Esa es la razón por la cual Estados Unidos, a través de la NASA, estableció acuerdos con España y Australia, ya que con esas estaciones, sumada a la de California, permite operar en los 360º grados terráqueo. Lo mismo ocurre con Francia, por ejemplo, con estaciones en sus territorios de ultramar, la Guayana, costa noreste de Sudamérica, o las islas de la Polinesia, en el océano Pacífico.

La comprensión geopolítica del espacio viene marcada por su interés militar. En la doctrina que aborda la comprensión de los asuntos estratégicos en materia de seguridad y defensa, el espacio es parte de un dominio más, formando parte de una visión conjunta que agrupa lo terrestre, lo aéreo, lo marítimo y lo informativo, que es lo que afecta a la opinión pública.

Las Grandes Potencias lo son porque ejercen soberanía en este multidominio, abordando desde el desarrollo de capacidades hasta su uso y regulación. Toda resolución de conflictos necesitará de estos cinco escenarios, y lo mismo para plantear un ataque preventivo o para establecer los criterios para una adecuada disuasión. Los drones, como la televisión, necesitan de los satélites.

La denominación de las fuerzas aéreas de varios países se va ampliando con el «Espacio», siendo el primero Estados Unidos con la United States Space Force (2019), y más tarde L’Armée de l’Air et de l’Espace (Francia, 2020), United Kingdom Space Command (Reino Unido, 2021) o Ejército del Aire y del Espacio (España, 2022).

El caso de China es reciente y se ha denominado “near-space” o «Comando de Espacio Cercano» del Ejército de Liberación Popular. Lo interesante es que ha señalado su interés en los misiles hipersónicos porque entiende en estas armas puede sacar una ventaja aérea decisiva en las potenciales guerras del futuro.

El “espacio cercano” es una región suborbital que comienza a una altitud de unos 20 km de la Tierra y llega hasta los 100 km, el límite inferior del espacio; está por encima de la altitud de crucero de un avión y por debajo de un misil balístico intercontinental, por lo que necesitará antenas gigantes y grandes nudos de comunicaciones. Por su parte, Corea del Norte acaba de anunciar que ha puesto en órbita su primer satélite espía.

El espacio también es una oportunidad para desarrollar programas de cooperación, tanto tecnológicos como académicos, que van más allá de los aeronáuticos y aeroespaciales, pudiendo ser medioambientales o científicos, como los oceanográficos, para el estudio de mares y océanos.

Un caso de éxito ha sido la Estación Espacial Internacional, que se lanzó en 1998 y que cuenta con la colaboración de numerosas agencias. También es de interés lo que hay más allá de la atmósfera, y de ahí los programas que se centran en la Luna o en Marte para la prospección de materias primas. Los análisis espectrográficos de la reciente expedición de la India “Chandrayaan-3”, revelan la existencia de azufre, aluminio, calcio, hierro, cromo y titanio en la superficie lunar, así como manganeso, silicio y oxígeno.

Asimismo, es una oportunidad para establecer y fortalecer alianzas que luego tiene su traducción en la influencia diplomática. Las organizaciones internacionales también están presentes en este dominio. La Unión Europea, mediante la Agencia Espacial Europea, tiene el programa “Galileo”. El reto es lograr un sistema de posicionamiento de alta precisión que sea propio, para no depender del GPS de Estados Unidos y dar un paso hacia su deseada autonomía estratégica. Por último, la demanda global de satélites en órbita plantea serios desafíos en términos de congestión orbital, basura espacial y riesgo de colisiones. Los acuerdos internacionales que tratan de regular la actividad en el espacio, buscan reforzar la cooperación para garantizar la seguridad y la sostenibilidad.

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Autor

  • Gabriel Cortina

    Diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ministerio de Defensa, España). Analista de asuntos estratégicos de seguridad, especializado en política de defensa.