No podía menos que llamar poderosamente la atención la conversación de Donald Trump y JD Vance, presidente y vicepresidente de los Estados Unidos, respectivamente con Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, transmitida en vivo por televisión, la cual no terminó en felizmente.
¿Qué significó esto?, ¿en verdad se salió de control; o engañaron a Zelenski?
No será fácil conocer la verdad. Lo que es evidente es que la segunda presidencia de Trump puede dar un nuevo acento a la geopolítica mundial en el segundo cuarto del siglo XXI.
Hace años que varios autores aplican el criterio de Polivio, el griego que propuso que todo imperio sigue una curva que después de alcanzar una máxima altura declina hasta desvanecerse. Estudios que se han hecho, por una parte, como un honesto análisis histórico y, por otra parte, como deseo de verlo declinar y caer, aplican esta observación a los Estados Unidos de América, que progresivamente se fue imponiendo como nación hegemónica en Occidente desde inicios del siglo XX, hasta consolidarse como líder de los aliados al finalizar la II Guerra Mundial.
En la segunda mitad del siglo XX la hegemonía mundial le fue disputada por la URSS. Se vivió una bipolaridad, que terminó con la disolución de la retadora URSS, y se inició un corto periodo de unipolaridad. Francis Fukuyama calificó este momento como el “fin de la historia”. Sin embargo, en el corto momento que duró este periodo, China se hizo presente como nueva y poderosa nación retadora por una hegemonía mundial.
Hubo quienes hablaron de que transitábamos a un mundo multipolar en el que habría zonas de dominio regional, posible cooperación y estabilidad. Después de una breve aproximación de Vladimir Putin, presidente de Rusia, a Occidente, y de sus agresiones a ex países satélite de la URSS, se presenta nuevamente como “un retador”.
Parte de esta realidad se debe a que la tecnología ha hecho desaparecer las distancias y facilita aspirar a una hegemonía total. Hoy se cuenta con análisis geopolíticos que consideran esta rivalidad por la presencia en espacios como la Luna y, a mediano plazo, en Marte.
Con este telón de fondo, ¿cómo afectarán la actitud y las acciones de Donald Trump el liderazgo de los Estados Unidos como nación hegemónica? ¿Mantendrá a su país en la parte alta de la cresta por más tiempo?
Hacia el interior, Trump ha tomado una serie de medidas que satisfacen a su electorado, mismo que podríamos llamar -con términos aceptados- como conservador, lo que naturalmente provoca las críticas de los “avanzados” -pro teoría de género y otras “libertades”-.
Por cierto, las fuertes limitaciones económicas que ha impuesto a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, tienen repercusiones hacia adentro de Estados Unidos y hacia fuera, ya que ha sido una herramienta para propagar estas posturas. Esto muchos lo entendemos como un reforzamiento moral.
Hacia el exterior -el ámbito internacional- su actuación despierta polémica y sin duda tendrá consecuencias geopolíticas. De entrada, es necesario plantearse su actitud hacia Rusia, o, más bien, hacia Putin. Ciertamente es algo que llama la atención, si se compara con el trato a China.
Por otro lado, a los miembros de la OTAN les está exigiendo más participación. Alemania está considerando reformar su constitución para armarse y asegurar su defensa en un orden y, en otro, busca cómo independizarse del gas ruso. Finalmente, Ucrania difícilmente saldrá beneficiada.
Rusia ha sido siempre una caja de sorpresas desde antes de que fuera la cabeza de la URSS. Al empezarse a hablar de geopolítica, cuando la nación hegemónica a nivel mundial era aún el Reino Unido, Halford John Mackinder llamaba al enfrentamiento de Rusia con el Reino Unido, “la lucha del Oso y la Ballena”. Las aspiraciones hegemónicas de Rusia, aprovechando su posición geográfica, siempre han sido grandes. Las explotó como líder de la URSS mientras la política fue dirigida por un grupo, no por solo un hombre.
Hoy, ¿qué representa Rusia? Ciertamente es el país con más ojivas nucleares -rebasa inclusive a Estados Unidos en cantidad- pero, ¿Putin tiene asegurada la continuidad de su política imperialista? Después de una tibia aproximación a Occidente, ha desplegado una actitud expansionista reconstruyendo la teoría de Nicholas Spykman sobre el RIMLAND que la proteja de Occidente ¿por qué? Podríamos decir que, al desbaratarse el Pacto de Varsovia, debió disolverse la OTAN, cosa que no sucedió y lo orilló a esa posición. Podría ser.
El hecho es que, aunque Rusia es una incomodidad, no tiene la estructura de un grupo gobernante, como sí lo tienen Estados Unidos, el actual hegemón, y China Comunista, la nación retadora. Eso obliga a ambas a tener un trato peculiar con Putin-Rusia. Pero ¿por cuánto tiempo?
Tal parece que Trump está actuando con esto en mente, pero, si para concluir la confrontación Rusia-Ucrania orilla a esta última a entregar territorio, ¿estará abriendo la puerta para que China continental reclame a Taiwán? ¿Tiene ya una respuesta para esto?





