Este artículo examina la compleja relación entre el pensamiento de Michel Foucault sobre la resistencia al poder y su adaptación contemporánea en el activismo Woke. A través del análisis de casos prácticos, se revelan las paradojas que emergen cuando estas teorías se implementan en el activismo social contemporáneo, frecuentemente produciendo estructuras de poder similares a las que intentan desmantelar. El estudio propone una reevaluación crítica de cómo las teorías de resistencia se traducen en prácticas efectivas de transformación social.
Introducción.
El pensamiento de Michel Foucault sobre el poder y la resistencia ha influido significativamente en los movimientos sociales contemporáneos, particularmente en el denominado activismo woke. Este artículo explora cómo las estrategias de resistencia y protesta derivadas del pensamiento foucaultiano se materializan en prácticas concretas, revelando tensiones y contradicciones que merecen una evaluación crítica. El análisis se centra en cómo estas manifestaciones prácticas frecuentemente reproducen las mismas estructuras de poder que buscan desmantelar.
Convergencias y sus manifestaciones prácticas en la ideología woke.
Una de las similitudes más notables entre el pensamiento foucaultiano y el activismo woke radica en su concepción de la resistencia como una práctica cotidiana y omnipresente. Ambos enfoques sostienen que la transformación social no ocurre únicamente a través de grandes movimientos políticos, sino principalmente mediante la subversión en las interacciones diarias. Esta convergencia se manifiesta claramente en prácticas como el «llamado de atención» (calling out) de microagresiones en los espacios y relaciones cotidianas. De esa forma cuando un activista woke señala el uso de lenguaje que entiende como discriminatorio en una reunión de trabajo, está aplicando la noción foucaultiana de que el poder opera en las interacciones más sutiles y aparentemente inocentes. Sin embargo, esta práctica deriva en una dinámica de vigilancia y fiscalización constante que, paradójicamente, crea verdaderas estructuras de poder, pues los convierte en los únicos fiscales de la moral, discursos, lenguajes y conversaciones.
Otra similitud fundamental se encuentra en el énfasis que ambos enfoques ponen en la producción de contradiscursos. Tanto Foucault como el activismo woke creen que la resistencia debe incluir la creación de narrativas alternativas que desafíen los discursos dominantes. Esto se observa en la práctica cuando el movimiento woke promueve términos como «latinx» o «personas gestantes» en un intento por subvertir el lenguaje. No obstante, esta estrategia termina en la imposición de su ortodoxia lingüística que es infinitamente más restrictivas que las que pretenden reemplazar.
La atención a las relaciones de poder en espacios institucionales representa otra convergencia significativa. Ambas perspectivas creen que las instituciones reproducen y mantienen estructuras de dominación a través de prácticas aparentemente neutrales. En la práctica, esto se manifiesta en iniciativas como la «descolonización del currículum» en universidades o la implementación de programas de «capacitación en diversidad» en empresas. Sin embargo, estas iniciativas terminan creando jerarquías de expertos y guardianes morales que ejercen su propio poder institucional.
La implementación práctica de estas ideas compartidas revela contradicciones significativas que merecen una crítica profunda. En primer lugar, la insistencia en la omnipresencia de la opresión, derivada de la teoría foucaultiana del poder, conduce a una parálisis social y a la imposibilidad de diálogo constructivo. Por ejemplo, cuando cualquier desacuerdo con la ortodoxia woke se interpreta automáticamente como una manifestación de prejuicios sistémicos, se cierra el espacio para el debate y el entendimiento.
La adopción del concepto foucaultiano de resistencia distribuida también presenta múltiples limitaciones en su aplicación práctica. Mientras Foucault concebía la resistencia como genuinamente descentralizada, el activismo woke ha desarrollado estructuras implícitas donde ciertos individuos o grupos se convierten en árbitros de la corrección moral. Esto se evidencia en fenómenos como el «capital de opresión», donde la legitimidad para hablar sobre ciertos temas se determina por la posición del individuo en una jerarquía de identidades.
En el ámbito educativo, la convergencia entre estos pensamientos ha llevado a prácticas como la «pedagogía crítica», que pretende exponer y desmantelar estructuras de poder en el aula. Sin embargo, estas iniciativas a menudo resultan en la simple creación de jerarquías en las que establecen una autoridad moral incuestionable que interpreta todo desacuerdo como una forma de perpetuar el poder del enemigo imaginario que busca desmantelar.
Manifestaciones concretas y sus consecuencias.
Un caso que ilustra estas contradicciones ocurrió en junio de 2020, cuando el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) organizó un foro titulado «Racismo y/o Clasismo en México», que incluía la participación del comunicador Chumel Torres. Este incidente ejemplifica cómo la aplicación práctica de la resistencia en el activismo contemporáneo produce estructuras de poder reales y no logra el supuesto objetivo de desmantelar las que creen ya existentes.
La participación anunciada de Chumel Torres, conocido por su programa de crítica política y social «El Pulso de la República», desencadenó una intensa campaña de presión en redes sociales. Los activistas woke, argumentando que combatían estructuras de privilegio y discriminación, exigieron la cancelación de su participación basándose en que consideraban a él y sus comentarios como racistas y clasistas. La situación escaló rápidamente hasta alcanzar niveles gubernamentales cuando la esposa del Presidente de la República se sumó a las críticas.
La respuesta institucional reveló las contradicciones inherentes a estas dinámicas. CONAPRED, una institución creada precisamente para combatir la discriminación y promover el diálogo, terminó cancelando no solo la participación de Torres sino el foro completo. Esta presión incluso llevó a la renuncia de su titular, Mónica Maccise. Paradójicamente, un espacio diseñado para discutir racismo y clasismo fue cerrado por completo, eliminando la posibilidad de cualquier diálogo constructivo sobre estos temas.
Este caso expone varias contradicciones fundamentales. En primer lugar, estos activistas entienden la resistencia como su medio para desmantelar estructuras de poder opresivas, mientras que sus acciones establecen formas de censura y exclusión. La cancelación del foro completo, en lugar de promover el debate y entendimiento, resultó en la eliminación total de un espacio de diálogo.
Las consecuencias institucionales fueron significativas y de alcance nacional. CONAPRED, una institución enfocada en la lucha contra la discriminación en México, se vio severamente debilitada. La renuncia de su titular y la posterior discusión sobre la pertinencia misma del organismo ilustran cómo la aplicación de este activismo socava las mismas instituciones diseñadas para promover el avance social.
El incidente generó efectos más amplios en el debate público mexicano. Se estableció un precedente donde la presión de estos grupos podía no solo censurar voces individuales sino cerrar espacios institucionales de diálogo. El mensaje implícito fue que ciertas discusiones sobre discriminación y privilegio solo podían ser abordadas por voces previamente aprobadas por determinados grupos de activistas, creando una jerarquía de poder moral.
La ironía del caso radica en que un foro diseñado para discutir racismo y clasismo terminó creando y legitimando nuevas formas de exclusión. En lugar de aprovechar la oportunidad para un debate constructivo sobre estos temas cruciales en la sociedad mexicana, incluso con lo que podrían entender como voces controversiales, se optó por el autoritarismo y el silenciamiento total. Esta respuesta revela cómo el activismo woke, en su aplicación práctica, crea estructuras reales de poder y exclusión.
El caso CONAPRED resulta especialmente significativo en el contexto mexicano porque involucró a una institución gubernamental creada específicamente para combatir la discriminación. La contradicción entre su mandato institucional de promover el diálogo inclusivo y su decisión de cancelar un foro sobre discriminación ilustra las paradojas del activismo woke cuando se materializa en acciones concretas.
La ironía central del caso radica en que un espacio institucional diseñado para discutir y combatir la discriminación terminó reproduciendo mecanismos de exclusión y silenciamiento.
Conclusión.
Las convergencias entre el pensamiento foucaultiano y el activismo woke revelan contradicciones fundamentales en su implementación práctica. La tendencia a reproducir estructuras de poder mientras se pretende desmantelarlas, la creación de nuevas ortodoxias en nombre de la liberación, y la paradójica centralización de la autoridad moral demuestran la necesidad de reconsiderar cómo se traducen las teorías de resistencia en prácticas efectivas.
Para avanzar hacia una transformación social genuina y la construcción del bien común, es necesario desarrollar aproximaciones que reconozcan la complejidad de las relaciones de poder sin caer en la trampa de simplemente invertir jerarquías existentes o crear nuevas formas de ortodoxia. Esto implica un compromiso con el diálogo genuino y la construcción de espacios verdaderamente inclusivos de debate y transformación social.
Referencias:
Foucault, M. (1980). Power/Knowledge: Selected Interviews and Other Writings, 1972-1977. Pantheon Books.
Gutting, G., & Oksala, J. (2019). Michel Foucault. En The Stanford Encyclopedia of Philosophy.
Lewandowski, D., Ullrich, J., & Seeling, L. (2022). The language of wokeness: A linguistic approach to defining a new social movement. Journal of Language and Social Psychology, 41(4), 425-449.





