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Ante el posthumanismo, parte I

por | Filosofía

El gran debilitamiento de la cultura cristiana en las sociedades de los llamados países occidentales es uno de los temas que más interés concitan en amplios grupos sociales.

El proceso de secularización acelerado en los dos últimos siglos ha sido recibido por algunos como un avance de la humanidad sobre las supersticiones e ignorancias de otros siglos, en tanto que otros lo ven como el derrumbe de los cimientos sobre los cuales están construidas estas sociedades.

Lo que inició como una crítica desde una pretendida superioridad de las ciencias físicas sobre las morales, ha pasado desde la destrucción de las jerarquías eclesiásticas, las formas de gobierno, la economía, las asociaciones humanas, y la familia, hasta llegar ahora a cuestionar el mismo concepto de lo humano, su ser, sus potencialidades, su papel presente y su futuro en el universo.

La deconstrucción de lo humano ha llegado a concebirlo como un fenómeno más de la naturaleza, y como un objeto susceptible de manipulación técnica para atacar sus ‘inherentes deficiencias’ e implantar nuevas capacidades al gusto del individuo. La dimensión fundante de lo humano, la conciencia del yo y de los otros, el llamado interior a la trascendencia, el descubrimiento de la Divinidad y la necesidad de entender y relacionarse con ella han sido descalificados por la vía del escepticismo; la más primitiva experiencia de la maternidad y la filiación, de la existencia de lo humano como sexuado entre varón y mujer están compareciendo ante al tribunal de la tecnología.

Una idolatría a una autodeterminación ilimitada del individuo, liberada no solo ya de las ataduras de la familia, la sociedad, la herencia y ahora de la biología se instala entre el aturdimiento y el horror de grandes grupos sociales.

A la contracepción siguió el sexo sin normas, la avalancha de la pornografía, que según las estadísticas disponibles significa casi la mitad de los contenidos que circulan en las redes sociales; la hipersexualización en el cine y la televisión, aún en programas para todo público, de allí a la homosexualidad apreciada y exaltada y, en su imparable carrera, a la transexualidad.

Los medios de comunicación masiva han logrado en un período de veinte años, cuestionar y ridiculizar las costumbres que dan vida a la sociedad, tales como la estabilidad conyugal, la fidelidad, el cumplimiento de las promesas, la responsabilidad sobre la prole, la crianza y educación de los hijos, la mayor parte de las veces sin pensar en las consecuencias.

Los relatos sobre estos temas son aterradores, por solo tomar algunos ejemplos a la mano, una diputada en México propone el aborto libre hasta los nueves meses de gestación, dos integrantes de un equipo femenil de futbol anuncian que están ‘esperando’ un hijo, en España una actriz española de 68 años obtiene un hijo por maternidad subrogada, se informa que en Barcelona se han disparado el 2000% por ciento los casos de mujeres jóvenes que piden un cambio legal de sexo, en Estados Unidos una persona transexual asesina a seis personas en su ex -escuela, en la Organización de las Naciones Unidas se discrimina y acalla a los países que no apoyan las políticas de ‘salud reproductiva’ que ahora se amplía a ‘salud reproductiva y sexual’.

Esta nueva antropología se extiende impulsada por los grandes medios de comunicación y grandes empresas capitalistas que aprovechan beneficios fiscales en sus países para crear una masa obediente de consumidores y seres no-pensantes que vivan a gusto comprando y trabajando para ellos.

La amplificación que hacen las redes sociales de estas ideas pone en jaque a las familias naturales y a las propias instituciones eclesiales, muchas de las que ceden completamente a la presión mediática y otras que se ven obligadas, por lo menos, a callar sus antiguas enseñanzas de los aspectos morales de la persona en relación con la familia, la procreación y la educación

¿Qué pueden hacer las familias antes esta avalancha? ¿Cómo evitar la perversión moral de sus hijos en las escuelas? ¿Cómo combatir los omnímodos eslóganes sobre el tema en los canales de televisión, los cines y los millones de pantallas celulares? A estas interrogantes de respuesta Rod Dreher en su interesante libro “La opción Benedictina”, que comentaremos en el próximo número.

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