Una urgencia para la infancia y el futuro educativo.
La evidencia acumulada en los últimos años —como UNPF desde 2009, analizamos y profundizamos sobre esta realidad, con estudios de salud mental hasta experiencias concretas en escuelas y de la mano de comunidades educativas, que han restringido dispositivos— muestra que el exceso de recursos digitales en la infancia y la adolescencia no garantiza mejores aprendizajes, sino que frecuentemente los obstaculiza.
Como Padres de familia y aún frente a los efectos post pandemia, en varios países, será una tarea urgente el recuperar un modelo educativo con menor dependencia de pantallas. Estas acciones no significarían un retroceso en el uso de la tecnología, sino una respuesta responsable a los riesgos que enfrentan nuestros niños y adolescentes: ansiedad, disminución de la capacidad de concentración, rezago y aprovechamiento escolar.
Las implicaciones positivas de reducir el uso de dispositivos en el aula y en el hogar son claras. El cerebro en desarrollo necesita interacciones cognitivas reales, interacción social y personal, lectura en papel y conversación para consolidar la atención sostenida, la empatía y el pensamiento crítico, elementos que son indispensables durante la infancia y la pre-juventud (adolescencia). Sin duda en los centros escolares, cuando se liberan las aulas de la distracción constante de los dispositivos, los estudiantes recuperan la capacidad de escuchar, argumentar y construir dialogo y conocimiento de manera colectiva y comprender la realidad y el fruto de la información transformada en conocimiento, es decir la cultura del ser. Se fortalece la salud mental: disminuye el malestar psicológico asociado al uso intensivo de redes y dispositivos, se abre espacio para la actividad física y el contacto con elementos del exterior (naturaleza, interacción social con otros, amplia conversación). Además, se restablece el vínculo entre maestros y alumnos, entre padres e hijos, que es el verdadero cimiento de una educación integral. En países como Australia, Indonesia, Brasil, China y muy recientemente en Francia, Turquía, y Reino Unido entre otros, que implementaron restricciones a redes sociales para menores de 16 años.
En el caso de México, cabe resaltar que solo el Estado de Querétaro, en 2024 impulsó una de las grandes medidas que limitan celulares en escuelas y regulan el acceso a plataformas digitales.
La Ley Kuri (https://queretaro.gob.mx/web/educacion/ley-kuri) significó un esfuerzo de padres de familia y comunicades educativas para lograr que la normativa proteja a nuestros hijos y devolver la autoridad en el aula al construir reglas claras sobre el uso de dispositivos móviles en el aula y regresar a las dinamias de enseñanza–aprendizaje que resultan efectivas para los docentes. Como UNPF participamos activamente y en 2025 fuimos testigos de sus excelentes resultados, entre las que destacan un aumento considerable en el aprovechamiento escolar, estabilidad en la relación maestro-alumno y aumento de sus capacidades cognitivas (lectura, estructura y lógico matemática) sin mencionar la mejor sociabilización y herramientas de seguridad (disminución del acoso escolar y violencia interna escolar).
Para que esta transición sea posible, como UNPF, propones tres consejos concretos que las familias pueden adoptar de inmediato.
Primero, establecer criterios sobre el uso de dispositivos y redes sociales. La mesa familiar, el dormitorio, deben ser espacios sin dispositivos. Esto no es una restricción arbitraria: crea el hábito de la presencia y permite que la conversación y la apertura a la escucha o el simple silencio se conviertan en rutinas valiosas. Cuando el niño llega al aula sin la ansiedad de la última notificación, está más disponible para participar.
Segundo, recuperar el juego y la conversación como herramientas formativas. En lugar de sustituir el aburrimiento con una pantalla, invitar a los hijos a resolver problemas juntos, a contar historias, a jugar al aire libre o a realizar actividades manuales. Estas experiencias desarrollan la creatividad, la tolerancia a la frustración y la capacidad de negociación, competencias esenciales para un aula participativa donde el estudiante no es un consumidor pasivo de contenidos, sino un constructor activo del conocimiento.
Tercero, acompañar de cerca el proceso escolar y dialogar con los maestros. Los padres de familia deben interesarse no solo por las calificaciones o si le quitan el dispositivo, sino por el tipo de interacciones que ocurren en el aula. Preguntar sobre conductas, el trabajo en equipo y el grado de avance académico o la interacción personal-social, apoya a los docentes en el ejercicio de autoridad que priorizan metodologías presenciales.
Cuando la familia y la escuela se apoyan en la alineación de criterios, el tránsito hacia un modelo participativo se vuelve más coherente y sostenible y fortalecer la autoridad del docente para el mejoramiento del clima escolar.
La conclusión no puede eludir el panorama global. El rezago educativo que enfrentan muchas naciones, especialmente aquellas en vías de desarrollo, no se resolverá únicamente con más uso de tecnología o la regulación en redes sociales. Si bien la conectividad puede abrir puertas a la información, profundiza desigualdades: amplifica distracciones, debilita la atención y deja a los estudiantes menos preparados para los desafíos reales de la vida ciudadana y laboral. Cada país deberá integrar retos específicos en una agenda integral educativa: inversión en infraestructura física de calidad (bibliotecas, laboratorios, espacios de juego, aulas de cómputo o digitales, diseñar políticas que protejan la infancia en el entorno digital y la actualización docente) sin caer en la ilusión de que más pantallas equivalen a más progreso. En contextos de recursos limitados, priorizar lo esencial —la relación humana, el libro, la conversación, el juego— puede ser la estrategia más equitativa y eficaz tanto en casa como en el centro escolar.
Cita este artículo
Sánchez Martínez, I., (2026, octubre 18). Recuperar el aula sin pantallas. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/recuperar-el-aula-sin-pantallas/
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