Mi primer contacto con el trabajo no ocurrió en una oficina corporativa ni frente a un algoritmo. Ocurrió en la economía informal, ese terreno donde millones de mexicanos sobreviven al margen de los derechos mínimos. A los ocho o nueve años compraba pirotecnia en el tianguis de San Pablo Tultepec para revenderla en mi barrio, y en los Viernes Santos vendía bebidas congeladas a los procesantes. Posteriormente vinieron las jornadas en el mercado local cortando pollo fresco, el dolor físico en las manos que deja la jornada directa, el trabajo de empacador en un supermercado frente al hoy Museo Soumaya y la etapa como despachador de gasolina, donde no había prestaciones de ley.
La universidad me abrió las puertas a firmas como Google Educación, Accenture y Grupo Salinas, así como a experiencias en Oklahoma y en el Grameen Bank en Bangladesh. Contemplo esta trayectoria no para romantizar o idealizar el esfuerzo realizado como mexicano: la informalidad no es un mérito ni un diplomado de vida; es un medio para muchos y, de igual forma, puede ser una trampa de baja productividad que sofoca el talento nacional. Sin embargo, este recorrido me otorga una perspectiva ineludible para plantear una pregunta incómoda:
¿Sigue teniendo sentido hablar de la «cultura del esfuerzo» que se planteó en el pasado —el clásico «échale ganas»— cuando la inteligencia artificial va ganando terreno en el mundo de la inmediatez y en nuestro país, avanzando a pasos agigantados sobre una estructura social profundamente desigual?
Para evaluar el impacto de la inteligencia artificial en el México real, sugiero analizarla desde una aritmética cruda y básica:
- Sumar capacidades: Puede democratizar herramientas y potenciar las habilidades del trabajador individual en tareas analíticas y operativas.
- Restar fricciones: Puede eliminar costos en temas individuales y corporativos, tiempos muertos y burocracia en procesos productivos.
- Multiplicar escala: Puede amplificar de forma exponencial el alcance de los emprendimientos, procesar un mayor número de datos para tomar mejores decisiones y preparar a las empresas para utilizarla.
- Dividir a la sociedad: Puede acelerar la brecha entre una minoría que multiplica su riqueza y una mayoría atrapada en la irrelevancia económica o en una nueva servidumbre digital.
En este contexto, los primeros empleos en la economía formal —esos que permiten leer el entorno, moldearse, cometer errores y contar con supervisión— probablemente se replantearan o repensaran a causa de la IA o al menos tendrán una transformación en sus roles y responsabilidades y con ello se deberá aprender a trabajar diferente. Esto supone un gran reto, pues la brecha entre empleos formales e informales podría ampliarse enormemente.
El Foro Económico Mundial (WEF) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierten sobre la urgencia de regular la automatización para evitar una obsolescencia laboral masiva.
Sin embargo, estas cúpulas suelen pecar de candidez. En México, la inmensa mayoría de las pymes operan con lo elemental: presupuestos ajustados y matemáticas básicas. Pretender que adopten modelos sofisticados sin acompañamiento es condenarlas a la quiebra o la IA puedes ayudarle a organizar el caos, en fin, escenarios tenemos muchos.
Por otro lado, hablar de un «piso parejo» en nuestro país exige dejar a un lado la retórica bienintencionada. Las multinacionales tecnológicas no van a renunciar a su ventaja por convicción ética, y hoy el Estado mexicano carece de la capacidad técnica para auditar o regular algoritmos complejos. La regulación inteligente no ocurrirá por consenso amable; exige voluntad política, soberanía digital y frenos normativos contundentes con el fin de estabilizar el mercado laboral en México. De lo contrario, la economía informal alcanzará niveles aún más altos. Hoy en día, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la informalidad ronda el 54% y si la brecha tecnológica se ensancha, esta cifra podría dispararse varios puntos porcentuales.
Asimismo, apelar al «pensamiento crítico y las matemáticas básicas» como solución educativa sería demagogia pura si no reconocemos el escenario actual del sistema público de educación. En las aulas mexicanas muchas escuelas carecen de agua potable, internet e infraestructura básica para los temas de IA. Esto nos llevaría a tener un pensamiento crítico frágil ya que si el sistema sigue atrapado en inercias burocráticas y presupuestos insuficientes. Los alumnos y profesores muchas veces hacen lo que pueden con lo que tienen. Por otro lado, las matemáticas elementales no son un requisito de examen: son una herramienta cívica para evaluar datos, entender el entorno y evitar abusos. Y el pensamiento crítico no sirve si se queda en el aislamiento individual; «levantar la mano» en un país con tal nivel de desigualdad requiere protección jurídica, contrapesos institucionales y una sociedad civil articulada para que el cuestionamiento no se traduzca en despido o marginalidad.
Cuando miro hacia atrás y recuerdo a aquel niño que ha logrado cierta movilidad social, si vale la pena “echarle ganas” esforzarte todos los días, todas las pequeñas acciones cuentan y aunque en la sociedad actual pueda ser complejo ejercer dicha movilidad y la brecha entre la informalidad y la formalidad podría volverse insalvable, tambien podemos ser optimistas, hacernos amigos de la IA y reducir la brecha de ambos escenarios. Sin duda, la preparación continua desde las aulas universitarias no debería ser una anomalía estadística ni un milagro individual.
La respuesta ante la disrupción tecnológica no puede ser la resignación ni el heroísmo aislado de unos cuantos.
El verdadero bien común exige construir una sociedad donde dejemos de estar fragmentados y el éxito no sea la excepción, sino la regla de un sistema educativo e institucional que proteja la dignidad humana potencie el esfuerzo real y garantice que nadie se quede al margen del futuro por un México mejor.
Cita este artículo
Pinedo Ramos, B., (2026, octubre 14). Inteligencia artificial y bien común: repensar el trabajo en un país desigual. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/inteligencia-artificial-y-bien-comun-repensar-el-trabajo-en-un-pais-desigual/
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