Así como después de la Segunda Guerra Mundial se propició una ola para liberar colonias europeas en diferentes partes del mundo, al inicio del siglo XIX, y como venganza por la independencia de las colonias británicas que contaron con la simpatía y apoyo de Francia y España, Inglaterra propició y apoyó las aspiraciones de independencia de las metrópolis de las mencionadas regiones. Ofreció contactos e información a líderes como Simón Bolívar, Francisco de Miranda, San Martín, O´Higgins, así como el soporte de logias masónicas.
Por cierto, ninguno de los líderes de la Independencia estuvo en Inglaterra, pero sí llegaron al futuro México contactos masónicos tanto europeos como un poco más tarde americanos con Joel Poinsett, agente americano que ya había trabajado por la independencia de Chile, de donde salió expulsado.
Vale decir que Inglaterra supo de las inquietudes americanas y aprovechó la oportunidad, también los recién nacidos Estados Unidos de América.
Hablando específicamente de México es conveniente notar que, hacia el final de los tres siglos de conformación de la Nueva España, siglo XVIII, la sociedad adquiría cada vez más autoconsciencia social, fruto de la nueva cultura que el mestizaje de las culturas originales: europea y nativa había propiciado.
Es de notar que más los criollos que los mestizos de sangre supieron apreciar como la “mexicanidad” había nacido ya. A esto puede sumarse una legislación excluyente de estos criollos, con lo que queda conformado el clima propicio para reclamar la independencia política. La chispa la proporcionó la invasión napoleónica a España.
En 1808 personajes de relevancia, Francisco Primo de Verdad, Melchor de Talamantes y varios más, iniciaron un movimiento de protección a la Nueva España, España estaba en poder de Bonaparte, para impedir que los franceses reclamaran su gobierno, involucraron al Virrey Iturrigaray y sus propuestas llegaron hasta prácticamente la separación, la independencia. Pero, la Audiencia los detuvo, metió a la cárcel a Primo de Verdad y compañeros, enfrentó al Virrey y detuvo el movimiento. Primo de Verdad, el líder, murió en la prisión, muy probablemente asesinado. Su muerte levantó más los ánimos de los independentistas antes que aplacarlos y así llegamos al alzamiento de Hidalgo y sus compañeros conspiradores.
Diez años de luchas variadas, Morelos destacó en ese periodo sin llegar al éxito, la derrota en España de Bonaparte, en 1813, y la salida de sus tropas; ajustes en España: con el Tratado de Valencay Napoleón devolvió la corona a Fernando VII -esto en Europa y en la Nueva España-; Agustín de Iturbide decide poner fin al desorden que arruinaba la economía de la antes próspera nación, cuando Vicente Guerrero era el único insurgente aislado y sin posibilidades, así este militar realista concluye la Independencia del hoy México.
Iturbide, brillante militar y hábil negociador, sabe poner de su lado a otros oficiales del ejército imperial y consolida la Independencia haciendo que el recién llegado Juan de O´Donojú, Capitán General de la Nueva España, considerado el último Virrey, reconozca la Independencia de la Metrópoli.
Desafortunadamente Iturbide, que en forma por demás notable logra la Independencia, no tuvo tamaños de estadista, no se percató de que estaba rodeado de personas comprometidas con otros intereses -logias masónicas escocesas y yorkinas-, ajenos a la mexicanidad.
Por cierto, Simón Bolívar, que sí conoció la masonería, terminó proscribiéndola.
Esos intereses obstaculizaron a Iturbide y sus programas, lo desbancaron de su posición y en forma por demás ruin lo asesinaron cometiendo un parricidio que ensució para siempre nuestra independencia.
¡Viva Iturbide!
Cita este artículo
Guevara, J. M., (2026, octubre 9). Conmemoración de la independencia. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/conmemoracion-de-la-independencia/
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