En este septiembre varios países latinoamericanos celebran su independencia. México se prepara para celebrar el 213 aniversario del inicio de la lucha por la independencia de lo que fue el Virreinato de la Nueva España. Después, ya con los Borbones, una colonia dependiente de una monarquía muy venida a menos, entre otras razones por los líos entre la familia real y la Francia napoleónica.
Lo más sensato en aquellos años era separarse de una metrópoli emproblemada, aunque se trajera a este país a uno de los monarcas en disputa, así lo dijo el Cura Hidalgo: ¡viva Fernando VII!
En septiembre de 1821, Agustín de Iturbide logró que el último virrey de la Nueva España firmara el reconocimiento de separación de este territorio que pasó a llamarse México. Se había logrado la creación de un nuevo país.
Ciertamente cuando una colonia se separa de su Metrópoli suele hablarse de independencia política, pero: ¿qué significa para la población esa independencia? Juan ciudadano ya cambió de gobernantes, tal vez de sistema de gobierno, ¿significa eso que él es independiente?, ¿qué ya no depende de otra voluntad?
Juan es independiente solamente cuando pude tomar decisiones positivas para su vida, para su persona, ¿Qué puede significar esa independencia cuando vive en la ignorancia, cuando vive enajenado?
La América Ibérica tuvo variados procesos de independencia de las dos Metrópolis a las que respectivamente pertenecía: Madrid y Lisboa.
El caso de Brasil es el extremo más terso. Su guerra de independencia 1822-1824, se redujo a algunas escaramuzas entre las tropas leales a Portugal y las fuerzas de Don Pedro, el príncipe heredero que ante el peligro en que se encontraron varios países europeos a causa del expansionismo de Bonaparte, se fue a Brasil. No se declaró república, fue el Imperio de Brasil con Don Pedro como monarca.
La mayoría de los territorios españoles tuvieron conflictos mayores para lograr la independencia. El de la Nueva España, ahora México, fue de diez largos años que lastimaron duramente la economía del territorio y dio a luz a un país que nació pobre y tuvo que endeudarse para poder iniciar su nueva vida.
Pero estas independencias políticas no entregaron rendimientos a la mayoría de sus habitantes, en varios casos el alejamiento de Europa significó retrasos educativos que a la larga han propiciado pobreza y marginación.
Un recorrido superficial desde Argentina y Chile, los países sureños, hasta México, el país Iberoamericano en Norteamérica, nos muestra cambios bruscos de orientación gubernamental: golpes de estado, guerrillas, camarillas abusivas apoderadas del país completo, calamidades que entorpecen el desarrollo político, económico y social. Lo que verdaderamente proporciona INDEPENDENCIA a sus ciudadanos.
¿Acaso no hay remedio?
Si lo hay, vivir a plenitud y fortalecer nuestras raíces culturales, tenemos la básica educación occidental que recibimos de la Península Ibérica; una religión que invita a la superación personal con soporte Divino, y en algunos de nuestros países, pueblos originales que fueron laboriosos.
Las bases existentes, aprovechémoslas.





