Se trató de una acción estratégica, resultado de una planeación exhaustiva. Un comando ingresó a la residencia del dictador venezolano Nicolás Maduro, de forma rápida y precisa, sin margen de reacción.
Horas más tarde, desde su residencia en Mar-a-Lago, al sur de Florida, el presidente de Estados Unidos ofreció una conferencia de prensa acompañado por su gabinete de seguridad, en la que dio a conocer los pormenores de la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores.
La operación —según palabras oficiales— se ejecutó “con poder, precisión y confianza”. Se informó que el dictador y su esposa dormían en su mansión de Caracas y que intentaron huir hacia un búnker interno, pero la acción de los equipos estadounidenses fue superior a la de las fuerzas venezolanas.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, señaló que Maduro y su esposa se rindieron en cuanto el primer comando ingresó a la habitación donde se encontraban. Añadió que se esperaron condiciones climáticas óptimas para permitir el ingreso aéreo a Caracas.
Durante el operativo, una flotilla de más de 150 aeronaves de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos —incluidos helicópteros y aviones de combate— atacó objetivos militares estratégicos en distintas ciudades venezolanas. El saldo fue de aproximadamente 40 soldados venezolanos y cubanos abatidos, mientras que del lado estadounidense solo se reportaron heridos.
La CIA contó con la colaboración de una fuente interna del régimen, quien proporcionó información clave sobre la ubicación de Maduro en los días previos a su captura. El propio gobierno estadounidense reconoció la cooperación de la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez, quien asumiría el poder de manera provisional durante una transición “ordenada y pacífica”.
Delcy Rodríguez, abogada laboralista y diplomática, es hija de Jorge Antonio Rodríguez, fundador del partido marxista Liga Socialista. Su carrera política inició con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 y se consolidó tras ocupar cargos clave: ministra del Despacho de la Presidencia, ministra de Comunicación e Información, canciller, presidenta de la Asamblea Constituyente, ministra de Economía y Finanzas, directora del Banco Central de Venezuela y ministra de Petróleo. Su hermano, Jorge Rodríguez, es actualmente presidente de la Asamblea Nacional.
Aunque en su primera declaración pública Rodríguez aseguró que Nicolás Maduro seguía siendo el único presidente legítimo de Venezuela y exigió su liberación y prueba de vida, en los hechos aceptó sin resistencia una resolución del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que le ordenó asumir el poder de manera interina.
FUE EL TRÁFICO DE DROGAS, NO LA DEMOCRACIA
Desde hace meses, el gobierno de Donald Trump había ofrecido una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro, acusado de delitos como terrorismo, narcotráfico y de ser responsable indirecto de la muerte de cientos de miles de ciudadanos estadounidenses por el consumo de drogas.
Paradójicamente, la violación de las leyes electorales venezolanas no figura entre los cargos penales. Sin embargo, Estados Unidos y numerosos países nunca reconocieron el supuesto triunfo de Maduro en las fraudulentas elecciones del 28 de julio de 2024, donde la oposición —con actas en mano— demostró la victoria contundente de Edmundo González.
Durante el anuncio oficial, Trump fue claro: Estados Unidos se encargaría de la administración transitoria del país sudamericano, incluyendo la “joya de la corona”: el petróleo, que durante décadas el chavismo entregó a aliados como Cuba, Nicaragua y Rusia.
El Cártel de los Soles se convirtió en el principal objetivo militar estadounidense. La participación directa de altos funcionarios venezolanos fue el elemento decisivo para golpear al primer círculo del poder. A esto se suma el papel histórico del ejército venezolano y el intervencionismo cubano desde 1999.
Fidel Castro jugó un rol central en la formación ideológica y estratégica de Hugo Chávez. Tan profunda fue la conexión entre el modelo chavista-madurista y el castrismo que muchas de sus estructuras se inspiraron en el sistema cubano, con una diferencia clave: el acceso al poder mediante elecciones y el respaldo petrolero.
Se sabe que Chávez dejó como sucesor a Nicolás Maduro por recomendación directa de los Castro, por encima de figuras militares como Diosdado Cabello. La lealtad de Maduro a Cuba se explica por su militancia temprana en organizaciones de izquierda radical como Ruptura y posteriormente en la Liga Socialista.
Maduro nunca fue un político hábil ni preparado. Gran parte de su permanencia se debió al respaldo de su esposa Cilia Flores y al asesoramiento permanente del régimen cubano, que incluso se encargaba de su seguridad personal.
El gran dilema para erradicar el chavismo no es solo remover a su líder, sino desmontar el modelo político cubano que lo sustenta. La historia demuestra que los regímenes no caen únicamente con la captura de su figura central, sino con la desarticulación total de su sistema.
Las próximas semanas serán decisivas. La estrategia de Trump es de largo plazo, no una acción inmediata ni simbólica. No se trata únicamente de entregar el poder a María Corina Machado, sino de garantizar una transición profunda que erradique de raíz el chavismo y sus estructuras.
Cita este artículo
Quiroz, G. T. (2026, 10 febrero). La caída de Nicolás Maduro, ¿fin del chavismo? Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-caida-de-nicolas-maduro-fin-del-chavismo/
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Número 5, año 6, enero 2026 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-52/





