En la calle Dumaine en Nueva Orleans hay un museo sui generis: figurillas, máscaras, objetos siniestros y hasta olores abrumadores, crean la atmósfera perfecta para acoger una exposición pequeña, pero apologética del vudú. Era la casa donde Marie Navaou, reina de la brujería o santería a la créole, realizó sacrificios, maleficios e invocaciones obscuras. El denso ambiente obliga al visitante creyente a santiguarse y salir apresurado; para luego ver en cada esquina, tiendas de souvenirs que querrán venderle el típico muñeco con alfileres. Nueva Orleans no siempre ha necesitado de esos monitos para fastidiar a otros. Vera usted…
En 1519 Alfonso Álvarez de Pineda, primer cartógrafo del golfo de México, exploró la costa desde Florida hasta la Bahía de Corpus Christi, navegó río adentro unas 18 millas de un gran afluente sobre el que había muchas aldeas. Era el Mississippi[1]. Posteriores expediciones sufrieron grandes tragedias, tratando de cruzarlo murió Pánfilo de Narváez, a Cabeza de Vaca y otros tres sobrevivientes les tomó ocho años caminar desde ahí hasta Sonora y luego a Culiacán. Hernando de Soto lo llamó el Espíritu Santo. Todavía en 1601 había expediciones por tierra para conocer su curso[2].
Desde Quebec, los franceses hicieron lo propio. En 1673, Jacques Marquette y Louis Jolliet navegaron los afluentes que nacen de los grandes lagos y se conectan con él; pensando que podía conducirlos al mar de California o al de China y a numerosas minas de oro[3], iniciaron la expedición. Después de muchas vicisitudes, a la mitad del trayecto -los mosquitos, el excesivo e irrespirable calor de estas tierras y el miedo a los nativos[4]– les hicieron contentarse con saber que, los restantes 1,100 km eran mas de lo mismo hasta el Golfo de México; y regresaron por donde vinieron. Les tomó 9 años navegarlo hasta la desembocadura. Cavelier de La Salle en 1682, tomó posesión del río y su valle en nombre del Rey galo. En Francia alentó a Luis XIV para poblar aquellas “bellas” tierras y limitar el avance de españoles e ingleses. A su regreso, el recién gobernador a cargo de 4 navíos y 300 colonos se pierde en las costas del golfo y encalla en la Bahia de Matagorda, 600 km al oeste del Mississippi. Las penurias del camino, conflictos entre los sobrevivientes y nativos hostiles, terminaron con toda la tripulación, incluyéndolo.
D’Iberville toma el relevo. Aquellas tierras no son tan bellas, los inhóspitos pantanos solo atraen huracanes, mosquitos y caimanes, nadie quiere ir a poblar. Dos años después de fundar Mobile solo quedaban 23 familias en la costa sobreviviendo de caza y pesca. El rey no quiso movilizar colonos de Quebec, pues la mayoría eran -contrabandistas, bootleg, hombres sin domicilio, comerciantes errantes, especuladores, adictos al juego y al alcohol, que no reconocían ninguna autoridad, ni policía, ni juez, hasta los mismos indígenas se escandalizaban de ellos.[5].
Mientras tanto, los ingleses armaron a los Chickasaws para secuestrar nativos aliados de los franceses y comprárselos; podría ser mas rentable adquirir esclavos locales, y de paso, hostilizar a los nuevos vecinos de la Luisiana. En respuesta, los franceses armaron a los Choctaw. Esta situación inspiró a D’Iberville. Había un negocio mas cómodo, rentable y atractivo que el oro: la trata de esclavos. El gobernador pensó en todo; los cultivos ad hoc a la zona requerían mano de obra aclimatada, los colonos franceses harían negocios produciendo algodón, azúcar, etc. y comercializando esclavos. Para cuidar el vasto territorio desde Quebec hasta el golfo, se trasplantarían tribus nativas aliadas a lo largo del gran rio. Todo ello sería gestionado por la Compañía de Indias Francesa; se necesitaría fundar una ciudad para acoger a los nuevos colonos. Así nació la Nouvelle Orléans, en 1718.
Empleados de la compañía se rehusaban a residir en -esa miserable tierra-. Según el censo de Diron d’Artaguiette en 1721, -había 145 hombres (16 oficiales, 44 obreros y marinos, 42 convictos, 43 sin clasificar) 65 mujeres, 38 niños, 29 sirvientes, 172 negros y 21 esclavos salvajes[6]-. Charlevoix dijo de aquella villa, que no eran mas de 100 chozas, y dos o tres casas que no destacarían en un pueblo francés[7]. En 46 años solo las plantaciones y el comercio de esclavos despuntaron. En 1764, Nueva Orleans y toda Luisiana fue cedida a España tras la derrota de Francia en la guerra de los 7 años.
El gobierno español duró solo 39 años, pero muy efectivos. Luisiana quedó en banca rota después de la guerra. El cambio de visión colonial a virreinal afectó intereses, especialmente de los tratantes de personas; las leyes de indias prohibían esclavizar indígenas, el comercio negrero se abolió en 1770, había condiciones asequibles para la manumisión, matrimonios mixtos, y toda una serie de prerrogativas que el antiguo code noir[8], no. La rebelión contra la autoridad española desapareció en algunos años al ver la transformación, prosperidad y autonomía de la región. La población creció 500%. Dos grandes incendios destruyeron la ciudad y se reconstruyó en ladrillo con una moderna visión urbanística, diseñada para evitar los embates de huracanes e incendios; con patios centrales, arcos para ventilar, fuentes, etc. regulando el ancho de las calles y altura de edificios para mitigar el clima. Se construyeron nuevos canales que facilitaron el comercio, fuertes para proteger la ciudad, se instaló el alumbrado público, se instauraron rondas nocturnas de vigilancia y se publicó el primer periódico de Luisiana. Se construyó el Cabildo, la Catedral de San Luis; se implementó un sistema educativo bilingüe y multicultural. Nueva Orleans adoptó la estampa que tiene hoy en día; a lo largo de todo el Mississippi se fundaron ciudades prósperas; inclusive, a regañadientes, se liberó el comercio tanto en el puerto como sobre el curso del gran rio[9].
El tesoro cultural creole de Luisiana, motivo de orgullo para los norteamericanos no se puede entender sin esos casi 40 años de presencia hispana y su característico espíritu de mestizaje. La provincia regresaría a manos francesas en 1803, para ser vendida a los Estados Unidos al poco tiempo.
¿Y el vudú? Pues esta práctica tendría su apogeo cuando miles de inmigrantes haitianos paganos llegaron después de su revolución en 1804 a Nueva Orleans, el oasis para negros libres que España dejó a su paso. Al parecer, esta hermosa ciudad le hizo vudú a su propia fundación y luego a su memoria histórica, la extraordinaria labor española en Luisana es desconocida; el hispanísimo centro histórico se llama French Quarter, el castellano desapareció, indígenas y afroamericanos reniegan de los europeos por igual, a la paella le llaman jambalaya y a la rosca de reyes king cake.
Nueva Orleans volverá “a hacerle vudú” a España, a México y a Centro américa en el siglo XIX y XX en varias ocasiones, esas historias ameritan una segunda parte.
Referencias:
[1] Mitch Sipi, en lenga nativa.
[2] ROJO PINILLA, Jesús A. (2019) Los invencibles de América. Madrid: El gran capitán ediciones, pp. 175-204
[3] Los nativos les dieron tal información. Para aquel entonces España tenia claro el curso del Mississippi, pero las cartografías e información geográfica eran secreto de estado.
[4] Schllarman, Joseph (1929) From Quebec to New Orleans, the story of the French in America. Belleville: Buecheller Publishing Company, p. 69.
[5] Ibid p. 119
[6] Ibid p. 208. Nota: las crónicas francesas, aun las de misioneros, llaman a los nativos, salvajes; a diferencia de las españolas donde prima el termino indios o naturales.
[7] CHARLEVOIX, Pierre SJ (1766) A voyage to North-America. Dublin: J. Exshaw, and J. Vol2, p163.
[8] Código Negro francés. Para profundizar en los cambios sustanciales de la condición de los esclavos en Nueva Orleans se sugiere el trabajo de Ulentin, Anne, «Free women of color and slaveholding in New Orleans, 1810-1830» (2007). LSU Master’s Theses. 3013. Disponible en https://repository.lsu.edu/gradschool_theses/3013
[9] FERNÁNDEZ-SHAW Carlos Manuel (1987) Presencia española en los Estados Unidos. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica-Instituto de Cooperación Iberoamericana.





