Sin duda alguna las vacaciones escolares pueden generar un verdadero reto y presentar grandes desafíos para la armonía de las familias.
A pesar de ser un periodo de descanso y diversión para los estudiantes, estos cambian en gran medida la dinámica y la rutina de toda la familia; desde los horarios para acostarse y levantarse, la hora de los alimentos, hasta pensar con quien se quedan mientras papá y mamá trabajan. Cursos de verano, actividades extras, requieren planeación y organización. Papá y mamá tendrán que organizarse para buscar un equilibrio entre la casa y el trabajo.
La primera clave para afrontar como familia estos desafíos, para planear y organizar, es la comunicación. Si la edad de los niños lo permite, es importante escuchar y atender en la medida de las posibilidades las expectativas y planes para sus vacaciones, esto les ayudará a tomar decisiones y sentirse responsables.
Para formarlos en la responsabilidad es importante asignarles actividades en el hogar acordes a sus capacidades, de manera que vayan generando rutinas, hábitos, disciplina. También es importante definirles horarios flexibles para sus momentos de trabajo, juegos, televisión, uso de celulares o aparatos electrónicos, ejercicio, lectura, descanso, comidas, etc.
Esto ayuda a poner límites sobre todo en el uso del celular y de aparatos electrónicos. La intención de las vacaciones escolares es también “desconectarse” del internet y las redes sociales para cultivar las relaciones personales y familiares.
En esta época de vacaciones hay muchas lugares que ofrecen cursos de verano. Mientras esto para algunos es una buena oportunidad para aprovechar el tiempo propio y de los hijos, para otros, lamentablemente, es una forma de “deshacerse” de los niños.
Respecto a los cursos de verano habría un sinfín de argumentos a favor y en contra, por eso la importancia de platicar y coordinar las actividades con los hijos. A fin de cuentas es su receso escolar y la primera intención es que este sea un tiempo de descanso productivo bien aprovechado, dejando de lado la presión y las actividades escolares.
Lo ideal de las vacaciones escolares es generar tiempos de calidad en familia, generar y gestionar una agenda común. He aquí algunas ideas: juegos de mesa, cuánto tiempo hace que no pasamos una tarde en familia jugando lotería, turista, damas chinas, ajedrez, juegos de memoria, armando rompecabezas, etc.
Otra opción “necesaria”, es fomentar la lectura: buscar libros interesantes que capten la atención de los niños y les permitn disfrutar de momentos tranquilos de lectura, ya sea cada individualmente, o en familia leyendo un libro juntos; o escuchando cuentos divertidos.
Asimismo, hacer conjuntamente una buena selección de películas o series que dejen alguna enseñanza o aprendizaje, para después comentarlas. Esto ayudará a los niños a ir formando un sentido crítico y analítico.
De la misma manera llevar a cabo actividades al aire libre: desde una simple caminata en la misma calle o colonia, hasta una excursión; un paseo por el parque más cercano; o día de campo que incluya actividades físicas como jugar encantados, escondidas, saltar la cuerda, futbol, etc.
Aunque podríamos seguir mencionando muchas más actividades, esto y más dependerá en gran medida de la voluntad y de las posibilidades de los padres, quienes primero deberán trabajar la voluntad, (las ganas de querer hacerlo); agregar la paciencia, porque los niños la necesitan -al igual que cariño- empatía, comprensión, escucha y especialmente de tiempo para expresar sus necesidades e inquietudes; de igual manera, requiren aprender a tener límites, como a ser más flexibles.
Queda claro que hay principios y valores que no se pueden negociar, al igual que muchas cosas en las que sí pueden ser flexibles.
Las vacaciones escolares deben ser un tiempo de descanso, de alegría, de conexión, de convivencia, de aprendizaje, pero sobre todo un momento de reencuentro familiar, entendiendo que también con el descanso de puede aprender y crecer.
No hay tiempos de pausa en la formación de los hijos, pero las vacaciones constituyen un espacio privilegiado en el que los padres pueden profundizar y afinar los aspectos axiologicos, actitudinales, intelectuales y de laboriosidad que les resultarán identitarios de su persona, y necesarios para su desarrollo humano, espiritual, social, familiar y profesional. La manera como los padres logren involucrar a los hijos en cada una de estas tareas determinará el éxito o el fracaso de su labor.





