A propósito de la llegada de las vacaciones, ahora que el colegio esté en silencio, he leído por recomendación, la columna de Jorge Burgos titulada “En los días azules, cuando fuimos acampados” en ella él autor refleja el entusiasmo y la felicidad que simbolizan las vacaciones para los chicos, sin embargo, también nos aterriza en una realidad dolorosa, pues hace énfasis en la discrepancia entre la vida laboral de los padres y la familia. Lo externa de la siguiente manera:
“La dialéctica entre trabajo y paternidad se encarniza. Han olvidado hace mucho la euforia de sus días azules y del sol de su infancia”.
Mientras los chicos sueñan con días de diversión, de aventuras, los padres atrapados por los sistemas rígidos, tienen que seguir con su dinámica cotidiana, señal de que aún queda mucho por hacer respecto a las leyes que abordan la conciliación entre la vida laboral y la familia.
A cambio de diversión, playa, montañas, juegos, muchos niños y jóvenes se quedan atrapados en la realidad virtual, destinando horas anclados a sus móviles, a las redes sociales sin una alternativa que les permita disfrutar lo que son: niños y jóvenes.
Quedan a merced de los peligros que implica la red, o en la calle presas de una cultura de poco esfuerzo, drogas y delincuencia, en un mundo que se ve tan caótico y oscuro.
¿Algo se puede hacer al respecto?
Todos podemos contribuir desde el lugar en el que estamos, aunque los padres siguen siendo los principales responsables de los chicos, como docentes, amigos, comunidad podemos aportar a una cultura de paz donde los niños y jóvenes puedan crecer en entornos sanos y seguros.
Algunas iniciativas exitosas, que no solo tratan de mantener ocupados a los niños y jóvenes acompañándolos en la formación del carácter, son los campamentos, el deporte, el voluntariado, las artes; pero el enfoque debe ser la vivencia de experiencias verdaderamente transformadoras y bajo un auténtico interés por la persona.
Esto supone una responsabilidad muy importante pues la primera forma de educar y formar es el ejemplo, lo que implica congruencia, y que muchas veces resulta difícil en una cultura que enaltece el engaño y las apariencias, solo hace falta recordar dichos como “vergüenza es robar y que te cachen” es decir, el tema no es la acción sino ser descubiertos. Recordemos que la integridad es hacer lo correcto, aunque nadie nos vea.
Desafortunadamente, la dependencia al móvil es un problema que nos ha alcanzado a todos. Basta constatar que la relación familiar y la forma de comunicarse ha cambiado tanto que a veces resulta “más fácil” mandar un mensaje a quien tenemos sentado a nuestro lado que hablarle directamente. Sin darnos cuenta nos están robando el trato personal y la riqueza de descubrir y acompañar sobre todo a quienes tenemos cerca.
No neguemos la oportunidad a las nuevas generaciones de vivir acorde a su etapa de vida, en sus manos está el presente y el futuro de nuestras naciones, lo que hagamos hoy será determinante para lo que queremos construir y lograr en nuestras sociedades y pueblos que hoy presentan un panorama poco alentador.
No se trata de romantizar o idealizar las vacaciones perfectas, pues será prácticamente imposible, las discusiones entre hermanos, los viajes sin contratiempos, los cursos en donde todo sea magnifico, es propio de la condición humana lidiar con estas situaciones, pero es justo ahí donde debemos aprender de tolerancia, dialogo, limites que nos permitan ser conscientes de nuestro rol y del impacto que podemos generar en lo que hacemos.
Tomemos parte, iniciativa para hacer realidad el sueño de paz y realización de las personas, no esperemos a que otros empiecen, demos generosamente un paso adelante, los propios jóvenes nos ponen el ejemplo.
Es el caso de la joven líder de grupo que asumió la tarea de ser guía y que durante las inundaciones de Texas logró con liderazgo rescatar a las chicas que tenía a su cargo.
Y si no tenemos la posibilidad de financiar actividades como campamentos, talleres, etc. Sí podemos ser amables y renunciar un tiempo al móvil para practicar la escucha activa; o quizá prepararle a los niños su comida o desayuno favoritos. Los grandes cambios pueden provenir de la suma de pequeños esfuerzos.
Cuidemos sus corazones, no olvidemos aquello que nos hacia ilusión, los momentos en casa de los abuelos, las tardes de juegos, las caminatas al aire libre, las noches de películas.
Como diría Antoine de Sanit-Exupéry, autor de El Principito “Todos hemos sido niños, pero lo hemos olvidado”.





