La ratificación del papel de la familia en la Iglesia y en el mundo, por parte del Papa León XIV, ha sido recibido con regocijo dentro y fuera de la Iglesia, especialmente en medio de un clima de ataque y persecución a esta institución básica.
La ratificación de la inmovilidad de la doctrina y de la tradición en la materia, constituyen una guía clara para los padres de familia y las autoridades públicas sobre los campos de responsabilidad de cada uno, y un aliento, en medio de la incertidumbre, para impulsar el desarrollo integral de las personas frente a los desafíos del entorno.
Desde Encíclica Rerum Novarum, primer documento sistematizador de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), S. S. León XIII hace 18 referencias a la familia. La define como la célula fundamental de la sociedad, con derechos naturales que deben ser respetados por el Estado; como el lugar donde se gesta la vida, se transmiten valores y se asegura el sustento y el desarrollo de las personas, siendo así un pilar indispensable para el orden social y la prosperidad.
También hace un reconocimiento a esta al reflexionar sobre la importancia de la familia en el mundo laboral.
La doctrina social sobre la familia se amplía y enriquece en otras Encíclicas sociales. En algunas de ellas no es el tema central, pero se destaca su papel social Entre los documentos pontificios que abordan diversos aspectos de la familia, se encuentra: Quas Primas, donde S. S. Pio XI resalta la importancia de la piedad cristiana en la familia; Pacem in Terris, en la cual S. S. Juan XXIII, reconoce el papel de la familia y sus derechos fundamentales ante un mundo cuya modernidad contrapone a los derechos naturales.
Populorm Progressio y Humanae Vitae, de S. S. Paulo VI. En la primera señala que debe ser la principal beneficiaria del desarrollo y la justicia, ya que del bienestar que goce la familia -acceso a alimentos, vivienda, educación, salud y trabajo digno- depende el progreso de las naciones.
Por lo que toca a Humanae Vitae, dirigida específicamente a la familia, destaca el fundamento del matrimonio y la procreación -la paternidad responsable de los esposos-, trabajar en la unidad de la familia; y su naturaleza de acogida, protección y cuidado de la vida humana, bajo principios morales y teológicos que buscan salvaguardar la dignidad de la persona, la santidad del matrimonio y la vida misma.
Entre los Papas que más han escrito de la familia está S. S. San Juan Pablo II, quien en la exhortación apostólica postsinodal «Familiaris Consortio» (1981), abordó la misión de la familia en el mundo moderno.
Para San Juan Pablo II, el papel de la familia es central y tiene misiones como institución divina -iglesia doméstica- y humana: formar una comunidad de personas; ser una comunidad de servicio, amor y vida enriquecida por la indisolubilidad y la fidelidad; y vinculada al bien de la sociedad mediante la formación de ciudadanos responsables y comprometidos con el bien común.
El Papa Francisco, sin duda, logró un gran avance al entender la dinámica familiar actual en sus diversos documentos, Amoris Laetitia, en la que dio una importante atención a la familia en sus crisis y desenlaces internos -buenos o malos- que constituyen un reto institucional para equilibrar la situación social con las carencias de la familia.
Puede observarse que cada Papa en los últimos 120 años (11 pontífices en total) han aportado importantes enseñanzas sobre la importancia de conservar, desarrollar y proteger a la familia -en cada era y generación- de las amenazas de regímenes totalitarios, guerras, la propia modernidad, de “avances” del mundo y de las ideologías que dañan a la propia sociedad y la dignidad de la persona humana, desde la concepción.
Ante los ataques directos e indirectos que vive la familia, la Iglesia ha salido en su defensa iluminando las realidades sociales y políticas con su doctrinal para preservar su riqueza y el impulso que esta da al desarrollo humano y procurando conciliar los intereses de la sociedad y el gobierno para resolver los constantes retos que se presentan.
Los pontificados, sobre todo desde S. S. San Juan Pablo II, han dado especial énfasis al papel de las familias en el mundo. Es un gran logro que durante más de 2 décadas quienes formamos una familia, esperemos de cada Pontífice una carta, una exhortación y hasta una encíclica para recibir las orientaciones pastorales acordes a cómo vivir en la unidad y santidad del vínculo matrimonial frente a los retos de cada época. Educación, trabajo, economía, desarrollo, paz, justicia, la redención del hombre, el cuidado de la naturaleza, solidaridad, subsidiariedad y bien común son tan solo una muestra de los temas en la que la familia tiene una gran preponderancia y una vocación trascendente dentro de los deberes del mundo.
S. S. León XIV ha mostrado desde su elección un interés particular por las familias, lo que, sin duda, muestran que tendremos un Papa promotor y defensor de las familias. Este concepto lo pongo en el siguiente contexto:
En los últimos 10 años, las políticas gubernamentales en algunos países de los cinco continentes se caracterizaron por obstaculizar el desarrollo de la familia. Trataron de destruir su identidad, su preponderancia social, fracturarlas internamente y remplazar su institucionalizada dinámica social por identidades vinculadas a la diversidad de género. Desde el siglo XV, no se había visto tanta agresividad por destruir a la familia como se ha hecho desde 1960, tratando de reconfigurar su papel en la educación, la formación de valores, quitando a los padres la responsabilidad de educar a los hijos para transferírsela al Estado.
Esta Ingeniería Social ha dañado la dinámica de las comunidades donde se ha intentado implantar, mostrando que destruir a la familia afecta directamente la prosperidad. La pretendida inculturación ideológica de la familia ha tenido más perjuicios que beneficios. Los intentos por conquistarla han fracasado en romper los vínculos afectivos y espirituales que las unen, sin que por ello cesen los intentos por controlarla y por definir cómo debe ser, según el tirano en turno y su agenda ideológica autoritaria, neoliberal o neo socialista.
El Magisterio de la Iglesia ha señalado que la familia está llamada a ser «escuela y camino de santidad» para todos sus integrantes. Este llamado a la santidad no es exclusivo de unos pocos, sino una vocación universal, especialmente para los bautizados.
En este contexto de ataques a la familia, la figura de S. S. León XIV surge como refugio y esperanza para la familia. En su mensaje a los participantes en el seminario “Evangelizar con las familias de hoy y de mañana. Desafíos eclesiológicos y pastorales”, organizado por el Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, establece una pauta de lo que para el Papa representa hoy los desafíos en la familia:
En él, el Papa León XIV aborda los desafíos que enfrentan las familias en la actualidad, como la difusión de «modelos de vida ilusorios» a través de las redes sociales y otras plataformas; y reafirma el rol de la familia como «Iglesia doméstica», un «primer núcleo eclesial» al que el Señor ha confiado la transmisión de la fe, especialmente a las nuevas generaciones. El matrimonio y la vida familiar se presentan no como obstáculos, sino como un camino de santidad y misión, para concluir su mensaje con un llamado a la acción: convertir a las familias en «familias pescadoras» que, con su testimonio de amor y fe, atraigan a otras familias a la luz del Evangelio.
Sin duda el fruto de la vida interior se verá reflejada en las obras y acciones que realiza para el bien estar de la sociedad. La familia, dentro de su misión, tiene un compromiso por expandir la fe. Es por ello por lo que el acercamiento a las diversas iniciativas que la Iglesia promueve, los grupos pastorales y las iniciativas de inspiración cristiana que más muevan a la familia y a sus integrantes, pueda ser un camino para lograr que otras familias, que jóvenes y adultos y con nuestros Obispos y Sacerdotes contribuyamos al bien común de la sociedad.
Es así que el Papa León XIV, nos da pautas para entender y clarificar que la familia tendrá un papel fundamental en su pontificado, esperamos que estas orientaciones pastorales y en sus diversos documentos por venir, marquen la pauta para seguir que nuestra Iglesia doméstica siga aportando resultados a la misión encomendada, sobre todo para los más necesitados; que caminemos con un sentido de esperanza que ante las adversidades que presenta la sociedad. La familia, guiada por sus pastores, seguirá siendo un camino en la vivencia de la fe. No cabe duda: tendremos un Papa para la familia.
Foto de Ricardo Loaiza en Unsplash





