La ratificación del papel de la familia en la Iglesia y en el mundo, por parte del Papa León XIV, ha sido recibido con regocijo dentro y fuera de la Iglesia, especialmente en medio de un clima de ataque y persecución a esta institución básica.
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La ratificación del papel de la familia en la Iglesia y en el mundo, por parte del Papa León XIV, ha sido recibido con regocijo dentro y fuera de la Iglesia, especialmente en medio de un clima de ataque y persecución a esta institución básica.
A dos meses del inicio del pontificado de León XIV, surge una certeza profunda: el Papa siempre es el Pontífice indicado para nuestros tiempos. A pesar de crisis, divisiones internas y errores humanos, la Iglesia se ha mantenido viva y unida más de 2 mil años, gracias a ese proceso de sucesión que es obra del Espíritu Santo.
Tenemos, sin duda, el Papa adecuado para ofrecer sabios consejos a la humanidad y sus variados gobiernos, gracias a su liderazgo universal. Como pastor de los católicos tenemos un experimentado misionero, y por la información disponible tal parece que tenemos un hombre sensible con dotes de dirección para ofrecer liderazgo a las naciones.
Sin duda la creencia de que el Espíritu Santo inspira la elección del Papa durante un cónclave es una enseñanza central de la fe católica. Para esta Iglesia la elección no es meramente un proceso humano, sino que está divinamente guiada para asegurar que el líder de la Iglesia sea el elegido por Dios.
La fidelidad al Papa —como garante del desarrollo orgánico de la doctrina y del discernimiento eclesial— no puede ser una adhesión rígida ni ideológica, sino dinámica y espiritual. Implica caminar “junto al Espíritu” en comunión, incluso cuando el rumbo no siempre sea claro desde la lógica humana.
El panorama con el nuevo vicepresidente estadounidense se advierte esperanzador, aunque por ahora los migrantes tendrán que seguir pagando el saldo de la tensión política.