Llega septiembre en México y le acompañan los festejos de la independencia, una “gesta gloriosa” que se conmemora, literalmente, a gritos y sombrerazos. ¿Gloriosa? realmente no lo fue.
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Llega septiembre en México y le acompañan los festejos de la independencia, una “gesta gloriosa” que se conmemora, literalmente, a gritos y sombrerazos. ¿Gloriosa? realmente no lo fue.
En los últimos tres capítulos hemos esbozado el proyecto de cómo recuperar la grandeza de Hispanoamérica a la luz del Acontecimiento Guadalupano, siguiendo una metodología capaz y competente para el planteamiento del problema y su solución, metodología utilizada en espacios serios de estudios doctorales, sociales, tecnológicos y científicos.
Con objeto de desarrollar estrategias eficaces para la restauración de la grandeza de México e Hispanoamérica, continuamos profundizando en el planteamiento del problema que ha causado nuestra decadencia, y así estar en condiciones de esbozar una solución.
La grandeza inicial de Hispanoamérica, que se dio en los primeros 300 años de nuestra infancia como nación, se debió a la acción colaborativa de los cuatro actores principales: el Estado católico del Virreinato, la Iglesia Católica, una sociedad que vivía de acuerdo con los valores y principios del Evangelio y, sobre todo, a la intervención de la Santísima Virgen de Guadalupe al posar sus divinas plantas en suelo mexicano, y al habernos dejado su sagrada imagen en su casita del Tepeyac.
El Acontecimiento Guadalupano es -y ha sido siempre- el aliento, el motor y el fundamento del esplendor de México e Hispanoamérica. Esta luminosidad y claridad inicial contrasta con la oscuridad que prevalece en la situación actual, en que parece que las fuerzas del mal van ganando la batalla.
Los primeros 300 años de vida de los países que conforman Hispanoamérica transcurrieron en paz, con un gran desarrollo humano, económico y social que englobó a todos los estratos, órdenes e instituciones sociales, cívicas y políticas.
En el instante en que la Divina Imagen de la Virgen de Guadalupe aparece asombrosamente “pintada” en el Ayate de Juan Diego, María Santísima inicia, desde su casita sagrada, la configuración de todo un país, México, y de toda una nación, Hispanoamérica.
Toca ahora el turno de narrar el acontecimiento más hermoso y conmovedor que tuvo lugar en México, cabeza de Hispanoamérica, el 12 de diciembre de 1531: el milagro del ayate.
En 1948, José Vasconcelos escribió un breve ensayo que tituló como “La raza cósmica”; dicho trabajo viene al caso porque el maestro se mete en el tema prediciendo que en Iberoamérica se está gestando la quinta raza. ¿A qué se refería exáctamente?
En la última década, una serie de investigaciones históricas, ensayos y discursos públicos han vuelto a poner en el centro del debate cultural e historiográfico el legado del mundo hispánico.
Ahí te estás, tente en el aire, salta para atrás, albarazado, albino, no te entiendo, puchuela, mestizo, castizo, zambo, morisco y hasta más de 50 tipos de razas supuestamente rigieron la vida virreinal en Hispanoamérica.
Es tradición en México denominar al mes de septiembre como “mes de la patria”, pero ¿qué es la patria?, ¿quiénes la conforman?, ¿puede ésta desintegrarse?, ¿cuáles son los requisitos indispensables para que se pueda considerar como tal y exista?
Inglaterra -y posteriormente Estados Unidos-, quizás por envidia de los logros de España, y deseando someter a los pueblos de Hispanoamérica, tanto para evitar dejar crecer al gigante Hispanoamericano, como para usarlo para sus intereses de dominación global, ha inventado una historia apócrifa –la leyenda negra– acerca de España, la conquista, la Iglesia Católica y la Virgen de Guadalupe.
El Ideario Bolivariano son el conjunto de ideas, obras y pensamientos de integración latinoamericana, por parte del libertador Simón Bolívar, con las que en el primer tercio del S. XIX logró una enorme influencia en América del Sur -aunque permearon hasta México con una visión más limitada-. Agustín de Iturbide era su adalid: se oponía a la visión anglosajona de hegemonía en América.
¡No hizo cosa igual con ninguna otra nación! Con estas palabras expresa el Papa Benedicto XIV (1740–1758) su sorpresa y admiración cuando conoce la historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe. A lo largo de la historia la Santísima Virgen María se ha manifestado a sus hijos, ¡pero nunca como lo hizo en México!