El mito del sistema de castas

Maru Mondragón Cobos

El mito del sistema de castas
Ahí te estás, tente en el aire, salta para atrás, albarazado, albino, no te entiendo, puchuela, mestizo, castizo, zambo, morisco y hasta más de 50 tipos de razas supuestamente rigieron la vida virreinal en Hispanoamérica.

La Universidad de Pensilvania, solo por citar una entre miles, define el sistema de castas como una clasificación racial resultante de la mezcla de etnias que demuestran la discriminatoria, rígida y complicada estratificación social novohispana.

Probablemente ahora tengamos en la mente alguno de los cuadros o pinturas de castas que abundan en los museos de historia para hacernos deducir que por 300 años ese fue el estado de las cosas.

Este capítulo de la leyenda negra es de los que menos se sostiene y sin embargo es de los más difundidos. Excluyendo a la propaganda malintencionada, es más o menos entendible que este mito prevalezca debido a dos factores principales: la mayoría de las fuentes de divulgación histórica han sido de origen anglosajón, para quienes la raza o la etnia son conceptos anquilosados en su cultura; y, al acceso bastante restringido que tenemos a fuentes primarias de la época.

El conteo poblacional

Exactamente al contrario de lo que dicha universidad sostiene, en la América hispana nunca se pudo definir ni si quiera quien era español, criollo o mestizo. Los académicos no han podido consensar un aproximado de la población en el continente en las diferentes épocas porque nunca hubo un criterio para definir quién era quien.

El indígena converso e hispanizado, podía pasar a ser mestizo si al que lo registraba —principalmente en los libros de Sacramentos en las iglesias— así le parecía. Para luego ser registrado años más tarde en sentido opuesto por otro administrador, recién llegado y poco conocedor de la realidad novohispana.

Pueblos de indios vs pueblos de españoles

Esta si fue una realidad comprobable, como lo son también sus motivos. Las crónicas de la época detallan exhaustivamente que los misioneros fueron los primeros en abogar por ello; para que los indígenas pudieran crecer en la fe de la forma más “limpia” posible; conservar su forma de vida original; mantener sus liderazgos autóctonos; y para facilitar el respeto jurídico a sus fueros[1]. De hecho, sería inverosímil creer que un puñado de españoles pudiera “controlar” a toda la población local, sino fuera porque ellos se autogobernaban en la mayoría de los casos.

Pero no eran reservaciones ni guetos; con el paso de los años, estos pueblos se fueron mezclando, sobre todo sus habitantes.

Raza vs calidades

Si la pintura de castas le induce a alguien a pensar que las clasificaciones raciales fueron tales, entonces esa persona debería explorar más el arte virreinal. Me viene a la memoria el cuadro de los Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola o la estatua de Moctezuma o Atahualpa en el Palacio Real en Madrid, solo por citar un par de ellas.

Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola Cusco, fines del siglo XVII

Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola Cusco, fines del siglo XVII

Las diferencias sociales han existido siempre, los mexicas tenían 11 estamentos, inquebrantables y heredables, por ejemplo. Y estas diferencias también existieron en Europa; para España en particular, los distintivos importantes eran de religión —cristiano nuevo o viejo—, de riqueza y de origen nobiliario[2]. Así, Isabel de Moctezuma podía codearse con la crema y nata de la corte española porque era de origen principesco, muy refinada y rica.

Esas diferencias tuvieron muchos matices y nunca institucionalizadas. Recuerde el lector, por ejemplo, a las decenas de indígenas puros y paganos aún, que testificaron a favor de Hernán Cortés en sus juicios de residencia y cuyas declaraciones juradas tuvieron igual valor jurídico en la corte.

Suponiendo sin conceder que las castas fueran la forma de vida virreinal, no podríamos aceptar lo de la rigidez. Si usted revisa las listas de mezclas posibles, las mismas que la leyenda negra difunde, observará que luego de varias generaciones vuelve a surgir la casta española; en otras palabras, un poco de linaje español, le sube en la escala. A diferencia del mundo anglosajón, en el que una pequeña “mancha” le degrada.

La ilustración sin luz

El concepto de raza surge a finales del siglo XVIII, de origen francés y luterano, con la idea de clasificar a las personas igual que a los animales; no deja de ser llamativo que algunos de esos nombres sean comunes como cuatralbo, lobo o coyote. Las pinturas de castas hispanas responden a ese movimiento cultural; y aun así, no abandonan del todo su raíz católica-humanista.

En efecto, lo que se ve en ellas es una especie de homenaje a la diversidad, de lo conveniente del mestizaje, de la plenitud de vida de unos u otros. De tal manera que un zambo viste a la española, un negro tonsurado es digno de los altares o se hace gala del decoro con el que visten las mujeres sea cual sea su origen —compare el lector el recato de las mujeres indígenas en las obras hispanas con respecto a las plasmadas en las obras neerlandesas—.

Mestizo con Yndia. Producen Cholo. Atribuida a Cristóbal Lozano y taller, 1771-1776. Museo Nacional de Antropología (Madrid).

Mestizo con Yndia. Producen Cholo. Atribuida a Cristóbal Lozano y taller, 1771-1776. Museo Nacional de Antropología (Madrid).

El color de la piel era meramente descriptivo, en ambos lados del Atlántico, sin discriminación alguna; inclusive en muchas ocasiones, para alabar rasgos considerados bellos, como la expresión de “ojos moros”, “negra linda” …

El francés Conde de Buffon (1707-1788) considerado uno de los grandes naturalistas escribió una Historia Natural en 44 volúmenes tratando de abarcar todo lo concerniente a la naturaleza. Su conclusión fue que todo en América (personas, animales y vegetales) es una degeneración de las especies prósperas europeas[3]. Lo mismo dijeron Raynal, Pauw o Montesquieu. Lamentablemente fue el “ilustrado” Carlos III quien se dio a la tarea de difundirlos en sus reinos. De hecho, los jesuitas Clavijero, Velasco, Molina, Julis, etc., escribieron monumentales obras para refutar tal teoría.

Los contemporáneos divulgadores de las ideas ilustradas han ocultado con éxito lo que en su época se consideró un adelanto de la humanidad: el racismo. Voltaire[4] escribió, por ejemplo:

 —es una reverenda idiotez lo que dice el jesuita, que un Adán rubio fuera antepasado de los negros…con razón le quemaron su obra—.

—observemos a los judíos con la misma manera que miramos a los negros, o sea como a una raza inferior—.

—[los judíos] sólo pudieron constituir un pueblo ignorante y bárbaro, proclive a la más sórdida avaricia, a la más detestable superstición y al más irrefrenable odio hacia los demás pueblos que los toleraban y enriquecían—.

— Imaginaos que un ejército de negros invada Europa, como una nube de langostas—.

— La virilidad no es, pues, inherente en América a los pelos negros o amarillentos. Existe, sin embargo, una diferencia específica entre esos bípedos y nosotros—.

¿Cuándo les compramos el discurso?

Esas eran las ideas de los ilustrados, confirmará el lector que las pinturas de castas no reflejan en absoluto esos sentimientos; llegó a América la “ilustrada” idea de clasificarlo todo; pero la visión católica e hispana y el racismo eran como el agua y el aceite.

El sistema de castas es pues, un concepto historiográfico moderno que comenzó a difundirse en el siglo XIX[5]. Es interesante comprobar que en las regiones en las que hubo asentamientos de comerciantes e industriales ingleses en la Hispanoamérica independiente fue donde se posicionó ese concepto, se distorsionó la vida comunitaria e inclusive se propiciaron levantamientos armados importantes, como la famosa guerra de castas en la península de Yucatán, en la era revolucionaria.

Pero, habría que mirar tan solo unos cuantos años atrás para darnos cuenta de que ahora escuchamos en el discurso “blanco europeo”, “pueblos originarios”, “afromexicanos”, etc. Así que el racismo no ha hecho más que hacer su acto inaugural.

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Imagen principal: Instituto Nacional de Antropología e Historia, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons 

Biblioteca del Congreso, Argentina, https://bcn.gob.ar/images/contenido/202006/5edda2a24d854_Iglesia-de-la-CompaAAa-de-JesAos-Cuzco.jpg

Universidad de los Andes: https://arcav1.uniandes.edu.co/artworks/1372 

[1] Que los pueblos indígenas se rijan por usos y costumbres no es una “conquista” moderna; es una re-conquista de un derecho que el siglo XIX liberal e independiente les arrebató.

[2] ALBERRO, Solange; GONZALBO Aizpuru (2013) La sociedad novohispana, estereotipos o realidades. México: Colegio de México.

[3] ROCA, Barea Mari ELVIRA (2019) Imperiofobia y leyenda negra. Madrid: Siruela; p. 369

[4] Cfr. VOLTAIRE (1764), Diccionario filosófico portátil. Texto íntegro consultable en https://historia1imagen.cl/wp-content/uploads/2010/08/voltaire-diccionario-filosofico.pdf

[5] El argentino Ángel Rosenblat y el mexicano Gonzalo Aguirre Beltrán en 1940, son los creadores de la idea del sistema de castas. Este último también introdujo el concepto “afromexicano”. En el ámbito internacional quizás el autor más destacado sea el sueco Magnus Mörner.

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