Libertad de Expresión, control autoritario y discursos de odio.
La libertad de expresión, ese pilar esencial de toda sociedad democrática, ha transitado un largo y sinuoso camino a lo largo de la historia. Desde la persecución de Galileo Galilei en el siglo XVII por desafiar las creencias establecidas hasta la censura impuesta por regímenes autoritarios como el nazismo en Alemania o el comunismo en Rusia y Cuba, este derecho ha sido constantemente amenazado y defendido. En el caso de México, hemos sido testigos de episodios en los que la libertad de expresión ha sido vulnerada, como la represión a periodistas durante el periodo del PRI hegemónico, la censura de noticieros críticos como Monitor de José Gutiérrez Vivó o las presiones gubernamentales a medios independientes en tiempos recientes.
En México, la libertad de expresión se encuentra consagrada en el artículo 6º de nuestra Carta Magna, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Este artículo, fundamental para la vida democrática del país, garantiza el derecho de toda persona a manifestar libremente sus ideas y opiniones sin que pueda ser objeto de inquisición judicial o administrativa, a menos que se ataque la moral, los derechos de terceros, se provoque algún delito o se perturbe el orden público.
Pero la libertad de expresión no es un derecho aislado. Se encuentra intrínsecamente ligada a otros derechos fundamentales, como el derecho a la información, el derecho de reunión y el derecho de asociación. Juntos, estos derechos conforman un entramado que permite a los ciudadanos participar activamente en la vida pública, fiscalizar el poder y construir una sociedad más justa y equitativa.
México: El país sin guerra más peligroso para los reporteros
A nivel mundial, la ONU reconoce la libertad de expresión como un derecho fundamental, pero enfrenta desafíos constantes como la violencia contra periodistas y la censura. En México, el 7 de junio se celebra el Día de la Libertad de Expresión, pero no parece haber mucho que festejar ante las cifras preocupantes que proporciona Reporteros Sin Fronteras: México sigue siendo el país sin guerra más peligroso para los reporteros. Treinta y siete periodistas han sido asesinados desde 2019 y, según Artículo 19, desde el año 2000 se han registrado 170 asesinatos y 31 desapariciones de periodistas. Además, México ocupa el lugar 149 de 180 en el ranking mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras.
La provocación como recurso barato ante la falta de talento
En el mundo, es fundamental distinguir entre la verdadera libertad de expresión y sus abusos. Un caso reciente que ha generado gran controversia es la exposición «La Venida del Señor» de Fabián Cháirez, la cual ha sido denunciada por promover un discurso de odio contra la fe católica. La libertad de expresión no puede ser utilizada como un pretexto para discriminar y burlarse de las creencias de millones de personas. Este tipo de «arte» no fomenta el diálogo ni el debate, sino que busca la provocación y el escarnio, lo que constituye una forma de discriminación contra los creyentes.
Vale la pena recordar el artículo 6º de nuestra Constitución: el derecho de toda persona a manifestar libremente sus ideas y opiniones… siempre y cuando NO se ataque la moral, los derechos de terceros o se perturbe el orden público. Es decir, la libertad de expresión no ampara el insulto, la calumnia o la incitación a la violencia.
El uso del arte como un recurso de lucha ideológica, pervierte la expresión artística al convertirla en panfletaria; el arte deja de ser un vehículo de comunicación, de cultura, de promoción de valores para convertirse en instrumento de agresión, de insulto y de descalificación a quienes no pertenecen ni piensan como la comunidad lgtb, lo cual, lejos de ganarles simpatías, espacios de diálogo, los mete en una dinámica de confrontación y violencia verbal y conceptual.
Mientras, por un lado, exigen a los demás un trato políticamente correcto hacia ellos, por el otro, se sienten exceptuados del cumplimiento de la ley, con el derecho de agredir a los diferentes y de imponerles su voluntad, como si la ley solo se aplicara a unos y no a todos; como si ser minoría los colocara por encima de las mayorías.
El arte y la expresión deben estar sujetos a los límites establecidos en la Constitución: la moral, los derechos de terceros y el orden público. En este caso, la comunidad católica promovió amparos en defensa de su derecho a la no discriminación y la dignidad humana. Católicos ofendidos exigieron: «¡No ofendas mi fe en nombre del arte!». La lucha por la libertad de expresión no debe convertirse en una excusa para normalizar discursos de odio a través de recursos baratos que, a falta de creatividad, atentan contra las creencias de un sector importante de la población y basan su popularidad en la ofensa, tanto a grupos religiosos como, anteriormente, a la familia y seguidores de Zapata.
La reconfiguración de los medios en el actual gobierno
En la actualidad, México enfrenta un panorama preocupante en cuanto a la libertad de expresión. En los últimos años, hemos visto un cambio drástico en la política editorial de los medios, impulsado -u obligado- por el nuevo régimen autoritario de la Cuarta Transformación, encabezado por su «Tlatoani» fundador, Andrés Manuel López Obrador, y secundado por la hoy presidenta Claudia Sheinbaum. Este gobierno pontifica todos los días desde la conferencia «mañanera del pueblo», «informando lo que le interesa» o «informando con sus datos» y, sobre todo, generando una división social entre los mexicanos.
En el tema de medios, han promovido una narrativa en la que los críticos son estigmatizados, atacados y, en algunos casos, censurados (castigados con el látigo de su desprecio comercial). Un ejemplo claro de esto es la salida de Sergio Sarmiento del programa Tercer Grado de Televisa, periodista reconocido por su postura crítica al gobierno, mientras que los restantes se han alineado a una postura, cuando menos, bajada de tono.
Hacia una libertad de expresión responsable
En este contexto, es crucial defender la libertad de expresión como un derecho fundamental, pero también promover un ejercicio responsable de este derecho. Los medios de comunicación, los periodistas y los ciudadanos tenemos la responsabilidad de verificar la información, evitar la propagación de noticias falsas y fomentar un debate público respetuoso y constructivo. Solo así podremos construir una sociedad más informada, participativa y democrática.
Si perdemos la voz… ¿qué nos queda?





