Entre las imprudencias que la hiperbólica personalidad de Donald Trump expresa, podemos tomar su propuesta de que Canadá y México se incorporaran a la Unión como dos estrellas más. Él no imagina las consecuencias que eso podría tener.
Orgullo de la República Romana SPQR (acrónimo de Senado y Pueblo Romano) fueron sus legiones integradas por ciudadanos romanos. Con ese ejército Roma se hizo dueña progresivamente del Lacio y, posteriormente, de tierras hacia el norte y hacia el sur, hasta adueñarse de la Península Itálica. Habiendo Julio César conquistado la Galia Transalpina, lo que hoy es Francia, incorporó el territorio del resto de la Galia para casi duplicar la extensión de Roma.
Al correr de los años los integrantes de las legiones del Imperio Romano dejaron de ser ciudadanos romanos, quienes fueron sustituidos con “barbaros” de las fronteras. Hasta los oficiales y generales de las legiones llegaron a ser “bárbaros” al servicio de la Roma, que ya no generaba ciudadanos para sus ejércitos. El mismo Alarico, que arrasó Roma, en algún momento fue oficial en las legiones romanas. Es decir, Roma facilitó su destrucción integrando a los temibles “barbaros del norte” a sus fuerzas armadas. De esta forma el Imperio Romano de Occidente prácticamente desapareció.
Imaginemos que México y Canadá aceptan integrarse como dos estados más a la Unión. Bienvenidos los “Barbaros del Sur” y los primos canadienses del norte. Entre los muchos ajustes legales necesarios tendrían que adoptar como lenguas oficiales, además del inglés, el francés, por parte de los canadienses y el español, ya en uso en los Estados Unidos, por parte de los mexicanos. No parece problema, hay otros países bilingües, podríamos tener uno trilingüe.
Esta integración fonética daría paso a comunicaciones de todo tipo: impresa, en redes sociales, radio, televisión, con mucha oferta en español para atender el potencial mercado multibillonario de los mexicanos y latinoamericanos. También en francés, aun cuando numéricamente seríamos más los hispanoparlantes. Esta nueva corriente facilitaría una mucho mayor integración entre las ya fuertes comunidades mexicanas existentes en Texas, California, Nueva York, Illinoi y en otros estados de la unión americana.
Aparecerían naturalmente líderes políticos de raíz mexicana que se sumarían a los que actualmente hay.
Seguramente, esta integración ayudaría a cambiar la actitud de algunos mexicanos que no se sentirían cómodos en el país de adopción, sino “arrimados”, padecerían autodiscriminación. A estos aun no los digieren los fuertes valores de la “tierra de los bravos”. Sin embargo, ahora les sobrarían motivos para sentirse “en su país” y esforzarse por afianzarlo.
Hasta aquí los cambios que suenan positivos para todos. Ahora bien, este clima facilitaría la aparición de líderes oportunistas -rubro en el que los mexicanos podemos aportar bastantes- quienes al revisar un poco la Historia, podrían cambiar la nueva actitud de asimilados por la de “recuperemos lo nuestro”.
Un poco de memoria nos permitiría recordar a Cesario Estrada Chávez, mejor conocido por César Chávez (1927–1993). Este líder de jornaleros agrícolas, de padres mexicanos, nació en Yuma, Arizona; cursó solamente hasta el séptimo grado en estudios regulares y sufrió todas las injusticias de la Gran depresión. Finalmente, después de que su familia perdiera todo en su lugar de origen, migraron a California donde César se convirtió en un poderoso líder nacional de los trabajadores del campo. Un orgullo para los hispanos. En sus desfiles recuerdo haber visto desde la imagen de la Virgen de Guadalupe hasta la de Zapata y otros símbolos mexicanos. En sus discursos solía mencionar, con un pequeño dejo de revanchismo, que amplios territorios del suroeste tenían raíz mexicana.
Los nuevos César Chávez con un buen uso de las redes sociales y millones de connacionales -los mexicanos en promedio tenemos más hijos que los anglosajones-, podrían desbordar los actuales partidos tradicionales sin necesidad de formar nuevos. Sobra experiencia.
En no demasiados años los senadores, y posiblemente un presidente de esa misma sangre, estarían llevando flores a la tumba de Donald Trump en agradecimiento por facilitar la final recuperación de los territorios mexicanos irredentos.





