Este relato se refiere a los pormenores del asesinato a balazos de Juan Bosco Rosillo de 20 años, de la Ciudad de México; y de César Fernando Calvillo de 21 años, de la Ciudad de Aguascalientes.
Muy temprano de ese día, apenas amanecía, subimos al Santuario de Cristo Rey algunos integrantes del Comité Nacional de la ACJM para iniciar los preparativos del evento, y ante la imagen de Cristo Rey, la soledad y el silencio que nos rodeaba, Juan Bosco dijo: “Que padre sería morir a los pies de Cristo Rey”, frase que nos impresionó.
Se instaló la mesa de registros abajo, en Aguas Buenas. Como a las 10 de la mañana, cuando empezaban a subir los contingentes juveniles, llegó un auto con placas de Texas en donde iban cuatro sujetos, los cuales se detuvieron cuando un integrante de la Comisión de Orden les tomó una foto. Lo metieron al carro para llevárselo, por lo que los de la Comisión de Orden rodeamos el vehículo y empezamos a gritar ¡ACJM, ACJM! Inesperadamente, uno de los sujetos se subió al techo del auto y desenfundando una pistola dio dos tiros al aire diciendo que todos se estuvieran quietos; les pedimos como respuesta que soltaran a nuestro amigo y así sucedió; se identificaron como policías militares y se fueron. Estuvo presente en este momento el Padre Rutilio Ramos, Asistente Eclesiástico de la ACJM, y que fue un testigo importante ante el Episcopado Mexicano.
Como a las 12 del día, Juan Bosco Rosillo fue a la mesa de registros a decirme que se iba a Silao a traer las rosas de plata que ahí se habían quedado, lo iban a acompañar César Fernando e Isaac Balderas, se iban en un carro que habíamos rentado una semana antes en la Ciudad de México. Al despedirse Juan Bosco dijo: “Hoy es el día más feliz de mi vida”.
A los 20 minutos regresó Isaac a la mesa de registros, a decirme que los habían detenido unos sujetos, en el atajo que habían tomado pues el camino principal estaba lleno de camiones, y unos pobladores les indicaron que por ahí podían llegar a Silao. Agregó Isaac que Juan Bosco les pedía de buena manera que los dejaran pasar, y los otros contestaron que los iban a matar, gritándoles papólatras. Ante esto, Isaac se bajó del carro y se fue corriendo por el lecho de un arroyo seco; le tiraron algunos balazos que no acertaron, gracias a Dios.
Algunos muchachos de la Comisión de Orden y otros de Primeros Auxilios fueron corriendo al lugar que indicó Isaac. Mientras que yo le preguntaba acerca de los agresores y señaló a un grupo de 6 a 8 sujetos armados que venían como a 50 metros de la mesa de registros, por lo cual 6 muchachos de la Comisión de Orden los fueron a interceptar, hubo algunas discusiones e intentos de agresión pero los sujetos se fueron corriendo, gracias a Dios y a la valentía y arrojo de nuestros compañeros.
Los muchachos de Orden que fueron a ver a Juan Bosco y César Fernando regresaron y nos dijeron que ellos ya habían muerto. En ese momento llegó Fernando Zepeda, del Comité Central de la ACJM, con un Sacerdote; pero ya sólo les pudo mandar una bendición desde lejos ante otra posible agresión.
Casi al mismo tiempo llegaron a verme un grupo de 4 muchachas muy espantadas, porque les habían quitado su carro unos sujetos que iban corriendo por el camino entre Aguas Buenas y la carretera a Silao. 20 minutos después llegó la policía de Silao a la mesa de registros para interrogarnos y pasar al lugar de los hechos, no hubo detenidos.
La Marcha Juvenil continuó, los contingentes de jóvenes no se dieron cuenta del suceso. Se informó a los Señores Obispos presentes del acontecimiento y a las 7 de la noche, como estaba programado, se celebró la Santa Misa en el Santuario de Cristo Rey, con gran fervor de parte de los miles de jóvenes que asistieron.
El Señor Obispo Rafael Muñoz ofició la Misa, acompañado del Señor Obispo Fidel Cortés y varios Sacerdotes. En su homilía Mons. Rafael Muñoz explicó el significado de la Fiesta de Cristo Rey y del Reino de Cristo, y exhortó a los jóvenes a vivir en la justicia sin caer en la tentación de la violencia, y al final dijo: “Hoy la juventud ha venido a ofrecer a Cristo Rey lo mejor de sus dones”, y agregó ante la bandera original de la ACJM que estaba a los pies del altar: “El rojo de la bandera de la ACJM es hoy más brillante por la sangre de sus mártires”.
Al final de la Misa se dio el aviso de que por causas de fuerza mayor se retiraran todos los jóvenes a su Ciudad de origen, sin pernoctar en el Santuario o en el cerro del Cubilete.
Las Marchas se suspendieron, pero un año después fuimos un grupo de 30 jóvenes a dejar las rosas de plata al Santuario de Cristo Rey, y se las entregamos al Rector del Santuario, el Padre Eleuterio Gutiérrez.
El Papa Paulo VI mandó sus condolencias, en una carta dirigida al padre de Juan Bosco, el 18 de diciembre de 1975, a través de la Delegación Apostólica en México, que dice lo siguiente: “El Santo Padre, hondamente apenado por el injustificado y cruento episodio, y por otra parte, confortado por la cristiana actitud manifestada por usted y sus familiares, me expresa su paternal condolencia por el crimen perpetrado, y con su oración de sufragio cristiano, implora de la Divina Bondad la paz eterna para las almas de las inocentes víctimas.”
También varios Señores Obispos de México mandaron a las dos familias sus condolencias, manifestando sus mejores deseos en esos momentos difíciles.





