Un gobierno tomado por la fuerza puede llegar a legitimarse si promueve el Bien Común, después de reemplazar a un gobierno que no lo promovía. Ese no era el caso.
Un plebiscito es un mecanismo de consulta directa mediante el cual el gobierno somete una decisión, política pública o medida excepcional a votación popular para que la ciudadanía apruebe o rechace la propuesta. Ese gobierno con sus intransigencias sometió a la opinión del pueblo su “Ley Calles” y recibió la respuesta que se merecía, el levantamiento en armas que conocemos como La Cristiada.
El gobierno ilegítimo dirigido por Plutarco “el Turco” Elías Calles, además, probablemente propició el asesinato de su socio Álvaro Obregón, fue intolerante, emitió leyes aberrantes que tenían como finalidad impedir que se viviera con libertad el culto religioso católico, naturalmente esto obligó finalmente a las autoridades de esta Fe a suspender el culto público.
Con anterioridad el Arzobispo Primado de México, Mons. José Mora y del Río previó lo que podía venir de la actitud antirreligiosa que habían mostrado los constituyentes de 1917 e invitó a los Caballeros de Colón a actuar en defensa de los derechos de los ciudadanos católicos, entre sus acciones de respuesta fundaron en el mismo año la Unión Nacional de Padres de Familia. Además, por lo mismo algunos dirigentes católicos, habían recurrido ya a los recursos legales que las leyes vigentes otorgaban en contra de leyes injustas; la intransigente respuesta del gobierno fue la dejadez y el silencio a estos recursos y la imposición de sus persecutoras leyes.
Como está dicho arriba las restricciones obligaron a las autoridades religiosas a suspender el culto por falta de condiciones. Esto fue el colmo, así el pueblo católico viendo que los recursos legales no eran defensa tomó las armas en contra del gobierno represor. Bastó con el levantamiento de campesinos en un poblado de Jalisco para que la consciencia de defensa se extendiera y en unos meses medio país ardía con escuadrones guerrilleros de cristeros combatiendo al gobierno.
Tres años y unos doscientos cincuenta mil muertos costó a México la intransigencia masónica de Calles y sus incondicionales.
Las armas se silenciaron no porque el gobierno hubiese derrotado a los Cristeros, hoy sabemos que un ejército tradicional no puede derrotar una guerrilla sostenida por el pueblo y eso fue la Cristiada, la respuesta de un pueblo en armas en contra de la opresión alimentada y protegida por los que no estaban en la sierra.
La lucha se detuvo a causa de gestiones ante autoridades religiosas y la intervención de personas ajenas a México pero conscientes de la necesidad de paz para una población que venía sufriendo desde 1910, así en 1929 se llegó a algunos arreglos, por cierto, injustos y mal respetados por el gobierno.
¿Qué celebramos y que nos dejó la experiencia?
Celebramos a un pueblo, nosotros los mexicanos, que aun en condiciones adversas tenemos un límite para soportar el abuso a nuestros derechos, los ahora muy citados derechos humanos, el derecho a la libertad de consciencia y de practicar la religión que hayamos decidido profesar, libertad de culto tanto privado como público mientras no se violen otros derechos; exigir ese derecho costó miles de vidas. La Iglesia Católica ha declarado beatos y santos a varios de los que entregaron sus vidas.
Si el gobierno se considera heredero del de Calles debería presentar sus disculpas, pedir perdón a familias, poblados y a la Iglesia Católica por tantos asesinatos, hasta de niños: José Sánchez del Rio y en muchos casos además del asesinato, torturas incivilizadas como muchos casos, señalado el de Anacleto y sus compañeros.
Ahora lo que nos dejó la experiencia. La sangre de mártires, dijo Tertuliano, es semilla de nuevos cristianos. Dejo ese tema para personas mejor preparadas en el aspecto religioso, me limito a señalar el valor cívico de ese alzamiento. El gobierno autoritario e ideologizado que creyó que podía mediante leyes injustas e imprudentes dominar a un pueblo, tuvo que percatarse que no podía hacerlo por más que su capacidad bélica fuese superior, repito, una guerrilla bien soportada es imposible de vencer, tuvo que recurrir a buscar y ceder a gestiones externas para que las autoridades religiosas ordenaran a los combatientes deponer las armas en beneficio de su misma vida espiritual.
Es evidente que la camarilla dominante, la Familia Revolucionaria, se dio cuenta de sus limitaciones y del respeto que debe a los derechos humanos. El México que vivió el cambio de siglo y de milenio fue el heredero de los que defendieron hasta con la vida sus derechos.
Hoy estamos probando una nueva intransigencia y viene muy bien pensar que debe hacerse al legar al límite, las armas no vienen al caso, ¿podría ser un boicot al estilo Anacleto?, o ¿qué recursos reales tenemos, las votaciones serán limpias?
Cita este artículo
Guevara, J. M., (2026, septiembre 10). Plebiscito de los mártires. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/plebiscito-de-los-martires/
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