La grandeza inicial de Hispanoamérica, que se dio en los primeros 300 años de nuestra infancia como nación, se debió a la acción colaborativa de los cuatro actores principales: el Estado católico del Virreinato, la Iglesia Católica, una sociedad que vivía de acuerdo con los valores y principios del Evangelio y, sobre todo, a la intervención de la Santísima Virgen de Guadalupe al posar sus divinas plantas en suelo mexicano, y al habernos dejado su sagrada imagen en su casita del Tepeyac.













