Vaya sorpresas ha dado la política canadiense en los últimos meses. Bajadas y subidas del Partido Liberal, aranceles, amenazas, y la deshonrosa salida de Justin Trudeau. A esto debemos agregar que el nuevo primer ministro, Mark Carney, disolvió el Parlamento el domingo 23 de marzo y convocó a elecciones anticipadas para el 28 de abril. Este movimiento recuerda al de Macron en Francia hace unos meses, y podría, ya sea mantenerlo en el poder, o forzarlo a entregar el gobierno a una izquierda más radical o a la derecha centrista.
Permítame hacer un breve recorrido por Canadá y su panorama político.
Primera parada: Sistema político
Canadá es un reino de la Mancomunidad de Naciones que forma parte de la alianza económica formada por los antiguos territorios del Imperio Británico, con el agregado de reconocer como Jefe de Estado al monarca británico en turno.
El gobierno canadiense se compone del Parlamento canadiense, conformado por la Cámara de los Comunes, con 338 miembros; el Senado de Canadá, con 105 miembros; y el Monarca de Canadá representado por un Gobernador General que actúa como nuncio del rey Carlos III.
Los miembros de la Cámara de Comunes son electos mediante voto popular, mientras que los miembros del Senado son designados por el Gobernador General a instancias del Primer Ministro, por lo que no necesariamente representan las simpatías políticas.
Al ser un sistema parlamentario el rey actúa como Jefe de Estado, y el Primer Ministro -generalmente el líder del partido de la mayoría- funge como jefe de Gobierno.
Hasta antes de la reciente disolución del Parlamento, las fuerzas políticas en la Cámara de Comunes eran las siguientes, en orden de fuerza:
Partido Liberal (El Gobierno de Su Majestad): Liderado por Mark Carney. Tradicionalmente se ubica en la centro izquierda, pero desde hace varias décadas se ha atrincherado en una izquierda progresista woke que ha desgastado su posición, principalmente por los impuestos al carbono y su manejo de la inmigración. La sociedad canadiense, en general, no ha visto mal sus políticas como la liberación del aborto, legalización de drogas y la ideología de género.
Partido Conservador (La Leal Oposición de Su Majestad): Liderado por Pierre Poilievre. A pesar del nombre “conservador” sus políticas no distan mucho de las liberales en materia moral. Su conservadurismo es más económico que social y sus líderes han coqueteado con el populismo de Trump, aunque desde su regreso a la Casa Blanca y sus ataques a Canadá se han visto obligados a desligarse para mantenerse relevantes. Ha tenido victorias recientes en algunas provincias y municipios antes controlados por los liberales. Su éxito se ha debido al desgaste liberal y a su rechazo a las medidas económicas más controversiales de estos.
Bloc Québécois: liderado por Yves-François Blanchet. Es una amalgama de partidos y movimientos a quienes une el progresismo y el nacionalismo quebecois, el cual, curiosamente, había estado históricamente ligado al catolicismo por la ascendencia y cultura francesa (muy diferente del nacionalismo catalán, vasco o irlandés que eran profundamente católicos antes de volverse terroristas y progresistas). Su sueño es un Quebec independiente, la abolición de la Monarquía y del Senado canadiense, la legalización absoluta del aborto y de la eutanasia y de todo aquello que el lobby LGBT proponga. Su fuerza y apoyo se limitan, naturalmente, a Quebec.
Nuevo Partido Democrático: Liderado por Jagmeet Singh (miembro de la minoría Sij, la cual ha generado problemas entre Canadá e India en más de una ocasión). Suele ocupar la tercera o cuarta fuerza política (salvo en el periodo de 2011-2015 cuando fungió como la Leal Oposición). Políticamente se ubica entre el centro izquierda y la izquierda; apoya la agenda de género, el medio ambiente y el seguro social.
El Partido Verde de Canadá: liderado por Elizabeth May y Jonathan Pedneault. Los Verdes han sufrido divisiones, descalabros y deserciones desde su fundación, a inicios de los 80’s. Políticamente se ubica en lo social en la izquierda y en lo económico en la derecha. Su modelo de co-liderazgo es producto de su complicada historia.
Partido Popular de Canadá: Liderado por Maxime Bernier. Aunque carece de representantes electos, merece una mención especial por ser el único partido de derecha de Canadá , aunque sus detractores lo consideran de extrema derecha. No ha logrado conectar con el electorado canadiense y el único que ha tenido algún éxito ha sido el propio Maxime Bernier. Rechazan la ideología de género, el aborto y el cierre de fronteras. Coquetea con la xenofobia, el antisemitismo y ciertas teorías de la conspiración.
Segunda parada: Crónica de una caída
Justin Pierre James Trudeau (n. 25 de diciembre de 1971) obtuvo el gobierno de mayoría para el Partido Liberal en las elecciones de 2015; como Primer Ministro, reemplazó al conservador Stephen Harper. Trudeau logró subsecuentes victorias en 2019 y 2021 con gobiernos de minoría. El desgaste natural como gobernante, así como una serie de medidas impositivas; el manero de la pandemia de COVID; su laxitud en materia de inmigración; y algunas políticas progresistas controversiales, le granjearon el rechazo de una gran parte de la población.
Para la elección de 2024 el apoyo a los liberales decayó de forma estrepitosa. La derrota en Toronto, en junio -considerado un espacio seguro para los Liberales- mostró la debilidad de Trudeau. A esta derrota se sumó, en septiembre, la de Quebec, donde el NDP (quien en 2022 se había comprometido a apoyar a los Liberales hasta el 2025) les retiró su apoyo.
El 24 de octubre un grupo de liberales firmó una carta demandando la renuncia de Trudeau. Otros lo hicieron en privado. En diciembre, en un nuevo revés los liberales perdieron la Columbia Británica. Pero el golpe maestro llegó el 16 de diciembre con la inesperada dimisión (traición dirían algunos) de Chrystia Freeland, ministra de finanzas y viceprimera ministra de Canadá en rechazo a la política fiscal de Trudeau, desatando una tormenta.
El 20 de diciembre Trudeau reformó su gabinete, en medio de presiones: más de 20 parlamentarios liberales exigieron su renuncia, y más de 50 firmaron una carta privada solicitando su renuncia. El NDP anunció públicamente que apoyaría una moción de censura. Adicionalmente, los días 21, 23 y 31 de diciembre los caucus liberales de Ontario, Atlantic y Quebec se reúnen y exigen su renuncia.
El día 3 de enero de 2025 los presidentes de los caucus liberales llaman a una sesión extraordinaria para discutir sobre el futuro del partido que se hundía en el fondo de las preferencias electorales. El 6 de enero Trudeau -el líder liberal más votado de la historia del partido- anunciaba su dimisión, abriendo la posibilidad de elegir un nuevo líder.
Tercera parada: La promesa del hockey
Mark Joseph Carney, nació en el seno de una familia católica, de padres maestros, el 16 de marzo 1965 en Fort Smith, en Northwest Territories, Canadá. La familia no tardó en mudarse a Edmonton, Alberta. El primer contacto del joven Mark con la política fue mediante la candidatura de su papá, en 1980, por el Partido Liberal, en Edmonton, la cual perdió.
El joven Mark, aficionado al hockey, obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Harvard (1988) y, posteriormente, su maestría y doctorado en Oxford (1993 y 1995, respectivamente). Sus tesis de maestría y doctorado, sobre las ventajas de la libre competencia en el mercado, dejaron en claro su afinidad ideológica y su alta capacidad intelectual. Esto quedó más que demostrando con sus 13 años en Goldman Sachs, asesorando a diversos gobiernos y entidades, entre ellos a Sudáfrica, después del Apartheid, para que pudiera acceder al mercado internacional de bonos; y a Rusia, en 1998, cuando esta se enfrentaba a una crisis financiera.
Del 2003 al 2007 Carney fue subgobernador del Banco de Canadá, senior associate deputy minister y diputado del G7 del Departamento de Finanzas de Canadá, trabajando para liberales y conservadores. En 2007 fue nombrado gobernador del Banco de Canadá (2008-2013), convirtiéndose en el Gobernador de Banco Central más joven entre los miembros del G8 y el G20.
Como gobernador enfrentó exitosamente la crisis del 2008. Para mediados de 2009 Canadá fue uno de los primeros países en recuperar sus niveles de PIB, producción y empleo.
Del 2010 al 2019 ocupó diversos puestos en el ámbito financiero internacional y participó en las exclusivas reuniones del Grupo de Bilderberg, en 2011, 2012 y 2019. Pero fue del 2013 al 2020 cuando desempeñó su cargo más importante: gobernador del Banco de Inglaterra, siendo el primer gobernador no británico desde la fundación del banco, en 1694.
Su papel como gobernador le permitió empaparse de la política británica, entrando sin problemas a los temas más controversiales: el referéndum de independencia de Escocia (2014), como del Brexit (junio de 2016). Sus opiniones y directrices tranquilizaron a la población ante la ignominiosa actuación de David Cameron.
Su último tour de forcé fue el año de su salida del Banco Central, que coincidió con la pandemia del COVID. Nuevamente se mostró a la altura de las circunstancias, recortando las tasas de interés para proteger a la economía británica de los problemas financieros que se avecinaban. Tras su salida se convirtió en asesor informal de Trudeau en materia económica para enfrentar al COVID.
De 2020 a 2024 fue nombrado vicepresidente de Brookfield Asset Management (empresa de inversión con más 900 mil millones de dólares en activos) para llevar la estrategia de inversión en fondos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) de la empresa. En esta función no fue ajeno a las controversias por su apoyo a las “compensaciones de carbono” (carbon offset); sus infames declaraciones sobre el compromiso de Brookfield con el medio ambiente (que se demostraron falsas); las opacas solicitudes de préstamos a los fondos federales canadienses (al mismo tiempo que era asesor de Trudeau); y la mudanza de las oficinas centrales de Brookfield de Toronto a Nueva York (que afectó a Toronto y a las percepciones impositivas del gobierno canadiense).
Desde 2022 Carney abandera los temas de empresa y cambio climático, promoviendo la denominada “economía verde” con enfoque “social”. En 2024, con la victoria laborista en Inglaterra de Keir Starmer, apoyó la creación del British National Wealth Fund (fondo de inversión propiedad del Estado británico).
En eso estaba Carney cuando, el 6 de enero de 2025, Justin Trudeau anunció su renuncia como líder del Partido Liberal y primer ministro de Canadá. Diez días después Carney anunciaba sus intenciones de competir en las elecciones del Partido Liberal de Canadá, tras una larga trayectoria en el sector público y privado, y con amplia experiencia en la gestión de crisis. Su bendición, o maldición, es nunca haber ocupado un puesto de elección popular
El día 9 de marzo de 2025 se anunció el resultado de la elección para nuevo líder del Partido Liberal y, por ende, la de primer ministro. El resultado no dejaba lugar a dudas, Mark Carney vencía a Chrystia Freeland con el 86.84% de los votos (Chrystia obtuvo el 7.34%) rompiendo el record que Justin Trudeau estableció en 2013.
Así, Carney se convirtió en el primer Primer Ministro (valga la redundancia) en la historia de Canadá que nunca había ocupado un cargo de elección popular; el primero desde John Turner (1984) que no estaba sentado en la Cámara de Comunes en el momento de su nombramiento; y el primero en ser elegido por mayores de 14 años.
El 14 de marzo Carney designó al Trigésimo Ministerio Canadiense, reduciendo de 39 a 24 sus miembros (él incluido) y manteniendo a 6 del gabinete de Trudeau. Con este equipo deberá gobernar las próximas semanas y liderar al partido en la elección federal del 28 de abril. Con este movimiento evitó una moción de censura y espera aprovechar la inercia de su enfrentamiento con Trump.
Si bien Mark Carney es una persona preparada, con muchos éxitos y con temas en los que se puede concordar: cuidado del medio ambiente, economías saludables y una fuerte visión social, su progresismo es totalmente rechazable. Aunque se autodenomina un “católico devoto” -y así ha querido ser presentado por medios de comunicación laicos y católicos-, ha mostrado un apoyo irrestricto al aborto (twitteando su rechazo a la abolición de Roe v. Wade) y al resto de las políticas de su partido.
El caso de Carney es, lamentablemente, el de muchos políticos: técnicamente admirables y moralmente cuestionables o detestables. No faltarán quienes dirán que su capacidad técnica lo hace la mejor opción y que sus faltas pueden “compensarse” con su compromiso con los desfavorecidos; u otros que ilusamente hablen de su asistencia a misa y su predica sobre “valores” como una muestra de adhesión a la doctrina católica. Ante casos como este debemos ser críticos y no contentarnos con migajas ¿Tan difícil es aspirar a políticos que sean técnicamente excelente y congruentes con la doctrina?
Cuarta parada: Preferencias electorales
En las últimas encuestas publicadas por CBCNews (25 de marzo) los liberales se ubican nuevamente por encima de los conservadores con un 39.6%, frente a un 37.3%. El ascenso es vertiginoso si consideramos que hasta el 17 de marzo los conservadores contaban con el 38.9% de las preferencias mientras que los liberales tenían el 33.4%. El Nuevo Partido Democrático se ubica en un muy lejano tercer lugar con el 10.1% de preferencias, mientras que el Bloc Quebecois se mantiene en el cuarto lugar con el 6.4% de preferencias.
Respecto de la gestión de Trudeau, el Angus Reid Institute (7 de marzo del 2025) señala que esta tiene un 49% de rechazo y un 47% de aprobación, una mejora frente a la aprobación del 34% y la desaprobación del 58% registradas en febrero de 2025.
Los canadienses consideran que sus grandes logros fueron: la legalización de la marihuana, el manejo del COVID-19, su papel en la guerra en Ucrania y la expansión de seguridad social. Entre sus grandes fracasos se ubicaban: su política de aumento de la inmigración, el aumento de la inflación y del costo de vida y el controversial impuesto al carbono.
Mark Carney por su parte ha logrado darle a los liberales una vida que hace un par de meses parecía impensable. Su enfrentamiento a Trump, sus innegables éxitos y experiencia parecen augurarle una posible victoria en las próximas elecciones, especialmente si mantiene la inercia de estas primeras semanas. Sin embargo, la volatilidad de la política canadiense no garantiza que estas preferencias se mantengan, por lo que habrá que esperar para ver cómo se desarrollan las cosas.
Si algo podemos extraer como lección es que la sociedad canadiense es profundamente liberal en materia moral, y que su preocupación principal es su cartera, no el declive cultural. Así pues, no debe sorprendernos que tanto liberales como conservadores y los demás partidos -salvo los Populares- mantengan agendas progresistas, ni que los Populares sean justo lo contrario. Escenarios así llevan a algunos a plantear la opción de arrojar los principios por la borda para mantener los votos, pero al hacer eso se estaría perdiendo lo más por lo menos, hay que preguntarse nuevamente ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma?





