El inicio de clases para el ciclo escolar 2024-2025 estuvo marcado por una serie de acontecimientos que lamentablemente siguen preocupando al país porque poco o nada se ha hecho para resolverlos: problemas graves de seguridad (balaceras en las inmediaciones de las escuelas; por citar algunos casos, en Tijuana, Tamaulipas y Puebla por mencionar solo algunos); paros de maestros; contingencias ambientales (inundaciones), entre otras.
Algunas escuelas no iniciaron clases -desafortunadamente esto no es algo nuevo- por las malas condiciones de sus instalaciones; por falta de luz, de agua y de internet; por goteras (ahora fue más fácil culpar a la lluvia).
También no abrieron algunas escuelas por el gran número de familias desplazadas por la violencia consentida por los gobiernos federal y estatales, lo que generó pueblos fantasmas con escuelas abandonadas por la inseguridad, lo que lleva a preguntarnos ¿dónde queda el derecho superior de la niñez de tener acceso a la educación gratuita?
Si a esto sumamos la dificultad de muchas familias por conseguir que la canasta básica les alcance para cubrir la mayoría de los días del mes por el encarecimiento de los alimentos y el crecimiento de la inflación, que han orillado a muchos niños a abandonar la escuela.
Es obligación incumplida del Estado garantizar la educación y la sana alimentación. El cierre de escuelas de tiempo completo quitó a muchas familias la posibilidad de mejorar la educación de sus hijos y de que estos contaran con el principal alimento del día.
El abandono escolar de los niños ha ido al alza en los últimos 3 ciclos escolares; véase tabla de la Secretaría de Educación, donde puede verse claramente cómo ha disminuido la matricula en la educación básica:

Si a los problemas antes mencionados sumamos el índice de natalidad, que también ha ido a la baja (véase tabla anexa STATISTA 2024) puede entenderse también la disminución de niños en las escuelas. Pese a ello, tampoco se ha logrado que el 100% de los niños en México acuda a las escuelas.

Otro indicador del deterioro educativo que se ha tenido en este gobierno es el grado de conocimientos de los niños y adolescentes en la educación básica, que también ha ido a la baja. Parece que para este gobierno es suficiente que los niños acudan a las instalaciones escolares y no que adquieran conocimientos y aprendizajes. Esto se confirma viendo los resultados en la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) que promueve la OCDE en sus países miembros.
Las últimas evaluaciones no son nada alentadoras (véase tabla anexa EL PAÍS, PRUEBA PISA 2022). Con la puesta en marcha de la dizque Nueva Escuela Mexicana y los nuevos libros de texto ha quedado de manifiesto que los niños estarán menos preparados en matemáticas, ciencias y lectura, pero sí en el adoctrinamiento ideológico marxista-leninista. La posible incorporación de un nuevo libro de apoyo para matemáticas, este ciclo escolar buscaría resolver las graves carencias de los textos originales. De cualquier forma, es preciso esperar los resultados para evaluar su impacto en el proceso educativo.

Resolver los grandes rezagos educativos del país requiere de la intervención corresponsable de autoridades educativas, maestros, padres de familia, alumnos, asociaciones de padres y agrupaciones profesionales de educadores. Al Estado le corresponde poner los medios y garantizar que los derechos educativos de los niños y padres de familia se cumplan. La sociedad no puede ni debe estar al margen de esta grave responsabilidad.
Cada ciclo escolar representa una nueva oportunidad para la sociedad de mejorar la calidad de sus integrantes; de los nuevos ciudadanos que algún día tendrán bajo su responsabilidad la conducción del país.
Mejorar como país pasa por formar mejores ciudadanos y en ello las escuelas y todo el sistema educativo tiene una gran responsabilidad de formar mejores educadores y educandos; los padres de familia la tarea de convivir más íntimamente con sus hijos, de predicar con el ejemplo y fomentar en ellos el compromiso por estudiar, de salir adelante con esfuerzos (resiliencia), de cumplir con sus deberes escolares, de cultivar su inteligencia y desarrollar sus habilidades físicas mediante el deporte; de ser solidarios y subsidiarios con quienes lo necesitan; y, de contribuir al bien común haciendo su parte para ir construyendo una sociedad más justa, unida y preparada.
La educación, por naturaleza, debe siempre ser considerada una inversión que rendirá frutos. Por ello, invertir en instalaciones dignas, en el pago justo a los educadores, la alimentación de los niños necesitados, etcétera, debe ser al margen de las ideologías, una prioridad del Estado y de los gobiernos en turno. El futuro del país está en la educación de los niños y adolescentes.
Referencias:
secretaríadeeducaciónpública.gob
statista.com
Elpaís.com
Inegi





