¿Nayib Bukele es la solución?

Juan Francisco Montalvo

¿Nayib Bukele es la solución?
El domingo 4 de febrero de 2024 el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ganó un controvertido segundo término de 5 años, convirtiéndose en el primer presidente salvadoreño desde 1944 en alcanzar tan deseado objetivo.

El domingo 4 de febrero de 2024 el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ganó un controvertido segundo término de 5 años, convirtiéndose en el primer presidente salvadoreño desde 1944 en alcanzar tan deseado objetivo. El general Maximiliano Hernández Martínez, de triste memoria, fue el último en pretender reelegirse provocando un golpe de Estado y una huelga nacional que terminaron con su proyecto.

La reelección de Bukele se monta sobre su reducción de la violencia pandillera (de 38 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2019 a 2.4 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2023) y su poderosa imagen pública: el “dictador más cool del mundo” se presenta con camisetas cómodas, jeans, chaquetas de cuero y lentes de aviador, un conjunto fácilmente reconocible frente al exceso protocolario y anquilosado del resto de los jefes de Estado.

Por si esto fuera poco, el presidente Bukele suma a sus logros la promoción del surf, el certamen número 72 de la competencia Miss Universo con sede en San Salvador, la construcción de la Biblioteca Nacional del Salvador, la remodelación del centro histórico de la capital y, su mayor proyecto hasta ahora, el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) con capacidad para 40,000 presos.

Los éxitos de Bukele han generado envidia y anhelo en los países de América Latina: Noboa en Ecuador le ha copiado la lucha contra las pandillas y las chaquetas de cuero, Xiomara Castro en Honduras ha mencionado múltiples veces su deseo de adoptar las estrategias salvadoreñas; diversos miembros de gabinetes presidenciales han manifestado su aprecio por el modelo, y más de un candidato ha utilizado la imagen de Bukele como ejemplo a seguir.

Por otro lado, la población no se ha quedado atrás: las encuestas en los países latinoamericanos muestran un fuerte apoyo a Bukele y a sus modelos; basta con mencionar su nombre para que las exigencias de “mano dura” se alcen a gritos.

¿Es el modelo de Bukele la solución? ¿Todos debemos de totemizar su imagen y replicarla? Estas preguntas se hacen, o deben de hacerse, en todos los círculos de “derecha” o “conservadores” -tan ávidos de líderes últimamente- que muchos se muestran dispuestos a adoptar a personajes de tan baja calaña como Putin, Trump o Milei sólo porque discuten con los progresistas o la cultura “woke”; olvidando que: el primero es un dictador violador de derechos humanos (no los inventados, sino los reales en los que todos concordamos) y criminal internacional; el segundo es un maquillador de cifras, un empresario chueco, misógino, racista y bully; el último afirma hablar con sus perros muertos, hasta hace poco era incapaz de decir algo positivo sobre el Papa Francisco y propone un modelo neoliberal inhumano.

Todos estos y muchos otros problemas que tienen estos personajes parecen “salvarse” con el sólo mencionar que no están a favor del matrimonio gay o del aborto (igual que Bukele), olvidando que la dignidad de la persona, la caridad y la búsqueda del Bien Común no se reducen sólo a esos temas (nos permitimos aclarar que no estamos ni estaremos a favor nunca de políticos abiertamente pro aborto o pro ideología de género), y que no podemos justificar todo tipo de conductas abiertamente anticristianas por el sólo hecho de que en algunas cosas se pueda coincidir con dichos personajes.

Pero, regresando a nuestro tema: ¿Quién es Bukele? Nayib Armando Bukele Ortez, nacido el 24 de julio de 1981 en San Salvador, es el ejemplo más acabado de un “príncipe” -no de los de Disney, sino de los que presenta Maquiavelo en su obra del mismo nombre-. Bukele nace en un país arrasado por la violencia propia de la Guerra Fría, la guerra civil entre el “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN) y sus aliados de izquierda apoyados por Rusia, Cuba y Nicaragua, y el Gobierno del Salvador y sus escuadrones de la muerte apoyados por Estados Unidos.

La guerra concluyó con los Acuerdos de Paz de 1992, 75,000 muertos (entre ellos numerosos religiosos católicos, incluidos San Óscar Arnulfo Romero, asesinados por los grupos leales al gobierno), más de medio millón de desplazados y con el surgimiento de dos partidos mayoritarios: el FMLN representando a la izquierda, y la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) por la derecha.

Bukele inicia su carrera política en el FMLN. Con el partido obtiene la alcaldía de Nuevo Cuscatlán (2012 a 2015) y posteriormente de San Salvador (2015 a 2018), logrando en ambas éxitos inusitados en materia de seguridad y desarrollo. Se declara abiertamente de izquierda y reniega de los métodos violentos para alcanzar la paz social, apostando por los programas preventivos en su lugar. Sin embargo, comienza a tener desencuentros políticos con el FMLN, lo que lleva eventualmente a su expulsión del partido en 2017.

Tras su salida, y persiguiendo la banda presidencial, Bukele funda un nuevo partido, “Nuevas Ideas”, y se une a “Cambio Democrático” (partido de izquierda) para las elecciones de 2019. Cambio Democrático es disuelto por el Tribunal Supremo Electoral, lo que fuerza a Bukele a unirse a Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) de centro derecha para mantener su candidatura.

El domingo 3 de febrero de 2024, Nayib Bukele gana con el 53.10% de los votos la presidencia de El Salvador, siendo el primer presidente desde 1992 que no formaba parte del FMLN o de ARENA, poniendo fin al sistema tradicional.

Tras ganar, Bukele anuncia su “Plan Control Territorial”, con el que afirma que se logrará la paz. Sólo él y su equipo conocen el Plan, pero rápidamente se logran resultados: disminuye la violencia y las pandillas parecen perder poder –Bukele ha logrado cumplir su primera promesa.

Aprovechando el apoyo popular masivo, el presidente decide en febrero de 2020 solicitar un préstamo a Estados Unidos para financiar el “Plan Control Territorial”. Ante la negativa de la Asamblea Nacional, Bukele penetra en el recinto legislativo custodiado por soldados en una escena digna de César o Napoleón, dejando claro quién tiene el poder en el Estado.

Posteriormente, en 2021 Bukele, con apoyo popular y legislativo, destituye a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y al fiscal general de la República, nombrando otros a modo y obteniendo una reinterpretación constitucional que le permitirá reelegirse en las próximas elecciones. Todo parece estar yendo conforme a los designios del “príncipe”.

Sin embargo, en marzo del 2022 la violencia estalla, las pandillas reaparecen con más fuerza que nunca y en un solo fin de semana (25 a 27 de marzo) asesinan a 87 personas al azar. Bukele no espera y solicita el estado de excepción, arrojando militares y policías a las calles, matando y apresando a miles de pandilleros y civiles. ¿Qué pasó? ¿Cómo es que los pandilleros habían regresado con tanta fuerza?

La respuesta es sencilla: nunca se habían ido. Resultado de las investigaciones periodísticas, se reveló que el famoso “Plan Control Territorial” no era más que una Pax Mafiosa, en la que Bukele había pactado con las pandillas la liberación de algunos líderes, la mejora de condiciones y el aumento de facilidades de control pandillero desde las prisiones y ciertas concesiones territoriales a cambio de que éstas bajaran su nivel de violencia. Bukele no había resuelto nada, sólo lo había escondido debajo del tapete; pero cuando las pandillas se cansaron, se arrojaron a las calles con singular violencia.

El pueblo, aterrado, no dudó en darle a Bukele todos los poderes que éste exigía a cambio de la seguridad que anhelaban, y así fue como logró no sólo capturar a más de 75,000 personas, sino de paso fortalecer su control sobre las instituciones públicas y perseguir a los disidentes. El Plan Control Territorial se había hecho realidad, y de paso el presidente había dejado todo preparado para su reelección: un golpe magnífico.

El Salvador es ahora uno de los países más seguros de América Latina gracias a Bukele, pero, ¿qué tenemos por otro lado? Actualmente, El Salvador tiene la tasa de población carcelaria más grande de América, por encima de Estados Unidos; asimismo, en sus prisiones no sólo hay pandilleros, sino gente común y corriente y disidentes, muchos de los cuales están en espera de un juicio, o, incluso, teniendo sentencias absolutorias, siguen presos sin fecha de liberación.

A esto debemos sumar el aumento en el número de torturas y de ejecuciones que se suceden dentro de las cárceles, que aplican igual para pandilleros que para inocentes. Por último, y producto de investigaciones recientes, se ha descubierto que el gobierno de Bukele ha estado en contacto con grupos delictivos fuera de sus fronteras, como el Cártel Jalisco Nueva Generación en México, con el objeto de recapturar a algunos de los líderes pandilleros que ellos mismos liberaron durante los primeros años de gobierno y que actualmente se encuentran fugados en México.

Para los que han leído “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, las semejanzas entre Nayib Bukele y el personaje del libro no pueden pasar desapercibidas. Cada una de las lecciones del libro parecen adquirir vida en el presidente salvadoreño, desde sus traiciones, hasta su uso de la religiosidad popular como herramientas para obtener, consolidar, aumentar y sostener el poder.

Es por esta razón que cabe entonces comparar a Bukele con otro asiduo y terrible discípulo del maestro florentino: Benito Mussolini. Al igual que Bukele, Mussolini pasó del comunismo a la extrema derecha (Mussolini era miembro del Partido Comunista italiano en un inicio, y en realidad su partido fascista nació como una división con el socialismo tradicional italiano); del pacifismo (antes de la Primera Guerra Mundial había desertado del servicio militar y al inicio del conflicto abogaba por la neutralidad) al belicismo extremo (obtuvo condecoraciones por el valor, dirigió un periódico pro militar y como Duce promovió la militarización italiana y la participación en diversas guerras); de la tolerancia al crimen, al combate total (uno de los objetivos de Mussolini fue controlar a la mafia siciliana, lo cual provocó un conflicto con el alcalde y jefe de la Mafia Francesco Cuccia, la solución de Mussolini fue enviar al Prefetto di Ferro Cesare Mori con un cheque en blanco para aplastar al crimen siciliano con métodos que recuerdan a Bukele: aprehensiones masivas, ataques directos a familiares de mafiosos y a ciudadanos comunes, torturas y castigos vejatorios ejemplares para humillar a los mafiosos).

Como últimas semejanzas podemos mencionar que ambos personajes entraron apoyados por militares o paramilitares a recintos públicos para demostrar su poder (Bukele a la Asamblea Nacional y Mussolini con su Marcia su Roma de octubre de 1922); que ambos se han sabido presentar como líderes “cool” o populares (Bukele con su vestimentas, pero también con su forma de gobernar a través de Twitter y de preferir a los influencers y las redes sociales por encima de los medios de comunicación tradicionales; y Mussolini con su dimensión intelectual, pues no sólo era un escritor y periodista prolífico, sino que era amigo de poetas, literatos, filósofos y artistas de vanguardia); y que ambos han servido de inspiración a otros líderes de su época o posteriores como modelos a seguir por sus éxitos políticos.

Sólo me queda cerrar con lo siguiente: Mussolini murió el 28 de abril de 1945 fusilado por partisanos comunistas y su cuerpo fue arrojado en la Piazzale Loreto de Milán para ser vejado por la multitud; la Segunda Guerra Mundial le costó a Italia casi medio millón de muertos y la destrucción de gran parte del país. La Italia de la posguerra fue escenario de encarnizadas luchas políticas y su inestabilidad política le valió ser presa de políticos corruptos y del aumento de la criminalidad.

Como última nota, la campaña de Mori en Sicilia no resolvió las causas profundas que habían generado a la mafia. No sólo esto, su presión provocó que una gran parte de los criminales huyeran a Estados Unidos, donde se fortalecieron y adquirieron más y peores medios. Al liberar las tropas aliadas a Sicilia del control germano-italiano, la violencia descendió sobre ella, y al poco tiempo la mafia regresó con mayor fuerza para volverse a hacer con el control ya no sólo de Sicilia, sino de toda Italia.

¿Es, pues, Bukele la solución?

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