En una película sobre la vida de San Felipe Neri se ve al Papa Gregorio XIII quien, maravillado por la obra oratoriana, ofrece al santo el palio episcopal; Felipe le responde con picaresca “perdone Su Santidad, pero yo prefiero el Paraíso”. No era inusual tener reservas frente a tales nombramientos, la tentación de la implícita condición señorial de los purpurados, no pocas veces, ganaba la batalla. Así pues, encontramos santos varones que huyeron de la mitra a toda costa; recordemos hoy a dos de ellos que haciendo todo para evitarla, se plegaron a los designios de Dios demostrando que el silicio y el sayal son compatibles con el poder eclesiástico y civil. Buen tino tuvo Isabel I de Castilla en elegirlos como confesores y extraordinaria aliada tuvieron ellos para explayar sus dotes políticas al servicio de sus vocaciones pastorales.
Fray Hernando de Talavera y Fray Francisco Ximénez de Cisneros; el primero jerónimo y el segundo franciscano; intelectuales doctorados en su juventud que abandonaron sus incipientes y prometedoras carreras eclesiásticas para entregarse a la vida mística e íntima monacal; a la que, ya bastante entrados en años, tuvieron que renunciar por obediencia. Primero Talavera y luego Cisneros, fueron cruciales para dar forma a la unificación del reino español; su configuración como el primer estado moderno; la providencial reforma religiosa: antesala e impulso de Trento, blindaje ante la herejía protestante y la que permitió la inigualable obra evangelizadora y civilizatoria de América.
Isabel la Católica cautivada por los escritos espirituales de Talavera le elige como su confesor, asesor y “cómplice” en diversos proyectos. El primero fue la reforma eclesiástica de la que hablaremos un poco más adelante; el segundo, el de la pacificación interior y la reorganización institucional para garantizar el orden público indispensable en calles y caminos; paz que era alterada por salteadores y malhechores auspiciados intencionalmente por nobles que hipotecaban el poder y las rentas del patrimonio real en perjuicio del pueblo. La tarea requirió un delicado equilibrio entre diplomacia para doblegar de buen agrado, a punta de razón y buen trato a los nobles; y del sentido de justicia escrupuloso y exigente del confesor.
Resuelto el problema interno, llegaba la hora de la reconquista de Granada. La iglesia entera la celebró como una compensación por la pérdida de Constantinopla. Ahora el reino tenía el gran reto de la conversión y asimilación de los súbditos moriscos granadinos; con todo el pesar de su alma, la reina prescinde de su entrañable confesor Fray Hernando para asignarle tal misión; la cual el propio Talavera, ahora primer Arzobispo Metropolitano de Granada, misionero y organizador, calcula que tomará al menos 40 años y a la cual dedica el resto de su vida.
Isabel tiene un nuevo confesor, Cisneros; quien pronto será comisionado para la reforma religiosa iniciada por su antecesor con el Concilio de Sevilla de 1478. Entre muchos otros aspectos, ésta incluía cambios en obispados y sus cabildos; el retorno a los ideales originarios de las órdenes religiosas; la formación sacerdotal; la instrucción cristiana del pueblo; una renovación de la vida espiritual e interior, la devotio moderna, etc.
A la muerte del Cardenal Mendoza, Cisneros es nombrado arzobispo. Tras dos años de resistencia para entrar en su sede, tuvo que ser “obligado” a asumir el episcopado primado de Toledo y a usar las vestiduras que le eran propias de su dignidad; sin embargo, muy pronto descubre el potencial de su posición para impulsar empresas de gran envergadura. Como cuando financió y encabezó la conquista de Orán, con lo que se liberaron miles de cautivos cristianos, se logró la seguridad en las costas eliminando uno de los focos principales de la piratería berberisca. África representa el control estratégico del occidente mediterráneo. Esta fue obra de Fernando el Católico, pues aunque ya había muerto la reina, ambos compartían la misma agenda; además formaba parte del testamento de Isabel, del que Cisneros era albacea y para quien el sentido del deber con el reino estaba por encima del rey; y por encima del reino, la cristiandad.
El cardenal asume la regencia de Castilla para contener la incertidumbre por las contrariedades políticas y dinásticas que ponen en riesgo la anhelada unidad de las coronas castellana y aragonesa tras la muerte de Isabel. Mas tarde la cederá a Fernando. Fue en esta época cuando se implicó de lleno en la situación de América, organizando, supervisando y resolviendo; su talante estadista y humanista se deja ver en las Leyes de Burgos, primera en su tipo para las indias. A la muerte de Fernando volverá a ocupar la regencia, ahora de todas las Españas, hasta entregarle un vasto y unido imperio a Carlos I.
Si Talavera fue prolífico en textos ascéticos, morales y catequéticos, Cisneros lo fue en eso y en todos los demás rubros; bien puede ganarse el título de obispo reformador y humanista católico por excelencia. La misión de renovación de la iglesia está detrás de todas sus obras. La leyenda negra lo caricaturiza como un hombre cerrado, intolerante, rígido. Nada más alejado de la realidad. Pensando en la formación del clero, el cardenal funda la Universidad de Alcalá cuyo eje central es la Teología; la metodología del trabajo en Alcalá se basó en la conciliación del legado de la antigüedad con lo mejor de la tradición cristiana; en el dialogo entre diversas culturas, lenguas, concepciones. No asume un único modelo teológico, se abordan los tres conocidos en la época: la vía tomista, la de Duns Escoto y la nominalista. A su paso por Granada y Orán recupera todos los libros de ciencia médica, astronómica, matemática, etc. Teólogos, filólogos y hasta rabinos conversos fueron incluidos en el que quizás fue su más grande proyecto, el de la Biblia Poliglota, en la que el estudioso podía tener acceso a los textos Sagrados en griego, latín, hebreo y arameo en un mismo volumen. Se le quedó en el tintero una obra similar pero compilando toda la obra de Aristóteles.
No puede omitirse tampoco el rescate, ordenamiento, traducción y unificación del misal y breviario del rito Mozárabe, el cual sobrevive hasta nuestros días y cuyo proceso excusó al Cardenal para incursionar en el mecenazgo en un peculiar estilo de arte, música, escultura y arquitectura ad hoc para tal liturgia.
Algunos dicen que Francisco Ximénez fue el Richelieu español… ¡menuda ofensa para el toledano! El sueño dorado del francés, que llegó a obispo sin ser sacerdote, era la centralización del poder, la aniquilación de la nobleza y de todo contrapeso, incluyendo el de la propia iglesia; bloqueó la aplicación del concilio de Trento, se alió con los protestantes en aras de intereses políticos anti Habsburgo y propició la sangrienta guerra de los 30 años. El pomposo duque de Richelieu fue de hecho, la mente detrás del absolutismo francés. En cambio, Cisneros institucionalizó contrapesos, fortaleció mecanismos, leyes, cortes, consejos, con voz y peso ante el rey; fue ante todo un humilde hombre de Dios, cuyo celo pastoral trascendió fronteras, demostrando que se puede ser excelente gobernante sin perder el Paraíso, no por nada se abrió su proceso de canonización.
Referencias:
RODRIGUEZ VALENCIA, Vicente. (1974) Perfil moral de Isabel la Católica, Valladolid: Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica p. 184.
DIONISIO, Vivas Miguel Ángel (2016) El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros reformador, humanista y estadista en Revista Toletana: cuestiones de teología e historia. ISSN 1575-8664, Nº. 34, Toledo, p. 27-33 disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6146560
SAN MIGUEL, VILLAPALOS (2006) Momentos decisivos de España. Madrid: Libros libres pp. 146-151.
La elaboración de las leyes resulta de un largo proceso epistolar, entrevistas, consultas con juristas y teólogos; fue parte de una serie de acciones fundacionales para los virreinatos posteriores. Para una sintética aproximación de sus intervenciones en este tema, Cfr. SAAVEDRA INARAJA, M. (2020) El cardenal Cisneros y la continuidad en la evangelización tras la muerte de Isabel I publicado en Simposio Internacional Isabel la Católica y la evangelización de América. Madrid: Biblioteca de autores cristianos. p. 401-423.
Juana de Castilla fue la reina, propietaria de la corona, desde la muerte de Isabel. El injusto apelativo de “la loca” ha desvirtuado el hecho de que ella no quería gobernar, pero a la vez sabía que no se renuncia a la corona y menos cuando ello está estipulado en el testamento de su madre, así que ve con agrado la regencia de Cisneros. Muchas de las conductas “erráticas” de la reina “loca” hayan explicación en el hecho de asegurar la corona para su hijo Carlos I, sin abdicar.
Op. cit. DIONISIO, Vivas… p. 33.
KNIGHTON, DOMÍNGUEZ Eds. (2022) El cardenal Cisneros: música, mecenazgo cultural y liturgia.Bellaterra: Universidad Autónoma de Barcelona p.7-21. Disponible en https://ddd.uab.cat/pub/llibres/2022/268752/carcismusmeccullit_a2022.pdf





