La familia y la visión educativa integral

Israel Sánchez Martínez

La familia y la visión educativa integral
La familia dentro de los aspectos de su misión y realización resalta el papel de la educación de los hijos y con ello debe de venir de la mano de una adecuada visión de la educación, en dos aspectos clave: una visión a corto plazo y una a largo plazo, esto supone tener una serie de cuestionamientos clave para lograr concretarla y el reto de su día a día.

«…la mayor parte de lo perteneciente al ser del hombre es en principio potencial, y no se va desplegando y actualizando más que muy paulatinamente. Que se despliegue, y cómo lo haga, depende de las influencias que reciba de su entorno.” (Santa Edith Stein La estructura de la Persona, 1942).

Mi reconocimiento a una gran mujer, Edith Stein, santa y doctora de la Iglesia, quien en su libro “La Estructura de la Persona”, señala el papel preponderante del entorno en la definición de la personalidad del ser humano, así como de su papel en los espacios en los que participa, entre ellos, la familia, donde -a través de la educación- se inicia la labor civilizatoria de las nuevas generaciones.

La transición natural de la individualidad del matrimonio -esposa y esposo- a la colectividad de la familia -procreación de los hijos-, conlleva una variable fundamental que fortalece su integración y desarrollo: la educación, tarea primordial y permanente en la familia, la cual evoluciona en cada una de las etapas de la vida de sus integrantes, haciéndolos más conscientes y responsables de sus deberes y derechos consigo mismos, con la familia y hacia la sociedad.

En la primera etapa de formación de los hijos su eje gira en torno a la educación escolarizada donde los hijos puedan lograr el desarrollo cognitivo básico: comprensión lectora y las llamadas habilidades socio emocionales, que darán durante esta primera etapa darán solidez a su realización académica y profesional futura.

En esta etapa de la formación de los hijos muchos padres de familia valoran la importancia de invertir en servicios educativos directos -públicos y particulares- y complementarios para, de manera generosa, garantizarles a los hijos el acceso a una mejor educación, a veces mejor que la que recibieron los propios padres.

Es importante destacar la importancia de los aprendizajes en las etapas básicas de los hijos, que se proyectan y fortalecen en su etapa adulta. Esto es, son aprendizajes para la vida, no son conocimientos que se agotan en una etapa de la vida, sino que se amplían y profundizan en las subsiguientes, sin prescindir -sino perfeccionar- las anteriores.

Esta primera etapa, que comprende la educación básica, permite el desarrollo de los hijos, el aflorar de sus habilidades individuales y el fortalecimiento de estas como parte de su identidad personal y de su vocación en el ámbito humano y profesional. Las etapas educativas subsecuentes implican la profundización, la fijación de objetivos personales, la definición de la misión personal, el desarrollo de la voluntad, de los talentos y de las metas necesarias para su consecución.

La inversión pública y privada en educación intermedia y profesional suele ser más alta por el grado de especialización en los conocimientos requeridos -por el uso de materiales, especialistas y tecnologías más sofisticados- según sea su campo profesional de desempeño. La calidad educativa de algunas universidades tiene a profesores con título de maestría, como su piso; y en otras con grado de doctorado.

No siempre los padres o los propios hijos pueden sufragar los gastos educativos universitarios, por lo que, solidaria y subsidiariamente, se requieren mecanismos financieros complementarios que permitan la continuidad de los estudios y con ello la profesionalización de los educandos.

Resulta importante que los padres de familia tengan una visión educativa de corto y largo plazo que les permita prever y proveer lo necesario en cada momento. Para ello los padres requieren preguntarse: ¿Qué requiero para que mi hijo desarrolle sus habilidades cognitivas, sus conocimientos básicos y pueda fortalecer sus capacidades?; ¿qué pasos tengo que dar, o qué pasos me faltan dar –en las condiciones actuales-, para que cada uno de los hijos pueda tener una educación de calidad?; ¿qué debemos hacer como familia para que en esta visión educativa hagamos tanto los logros como de los fracasos una oportunidad para el crecimiento y fortalecimiento de la familia?

Además de las preguntas y de las respuestas concretas, requerimos reflexionar los para qués de hacer todo eso, a fin de no perder de vista el objetivo de formar personas íntegras, de ciudadanos responsables, de padres y esposos ejemplares, como lo demanda nuestra sociedad. Siempre, al final, debemos visualizar los beneficios esperados en cantidad y calidad.

Cada etapa educativa es motivo de cuestionamientos y reflexiones. En la niñez, hacernos preguntas como ¿Qué modelo educativo es el mejor para el desarrollo de los talentos de mi hijo?; ¿qué institución educativa, privada o pública, tiene el modelo educativo que quiero para mis hijos?; ¿en qué aspectos institucionales los padres de familia se deben de involucrar para supervisar la educación de sus hijos?; y, ¿qué hacer en el caso de que no exista el modelo educativo ni la escuela que sean acordes a los valores familiares?

En la etapa profesional: ¿Qué universidad o institución educativa le puede aportar los elementos científicos, culturales, técnicos, éticos, sociales, de intercambio internacional, etc., para que mi hijo sea un profesional calificado?

Los padres deben tener claro, antes de inscribir a sus hijos a las escuelas, si se trata de definir qué quieren o, simplemente, de aceptar las ofertas educativas que hay y qué pueden hacer ante ese panorama.

Al final, aunque no es una fórmula, dado que cada familia tiene una circunstancia muy particular, las inquietudes, expectativas, e incluso la realidad misma de las familias (limitaciones y dinámicas propias), será necesario atenderlas y entenderlas dentro de un adecuado ámbito de la comunicación, en el que la fraternidad y la generosidad -tanto de los Padres como de los hijos- se encaminen a maximizar los beneficio para ambos.

De parte de los padres: logrando la realización de los hijos. De parte de los hijos: el agradecimiento, solidaridad y corresponsabilidad hacia los Padres y hacia la familia. Y, de parte de todos, fortalecer los lazos de amor, servicio y unidad, ya que la educación proyecta el desarrollo del ser humano.

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Educar para la verdad, la persona y el bien común

Educar para la verdad, la persona y el bien común

En una época en la que la IA parece capaz de responder cualquier pregunta, surge una interrogante más profunda y decisiva: ¿quién enseñará a las nuevas generaciones a descubrir el sentido de la vida, distinguir la verdad del error y poner el conocimiento al servicio del bien común?

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.