Resurrección, dignidad y desarrollo humano.
Artículos seleccionados sobre esta temática, con enfoque académico y profesional
Resurrección, dignidad y desarrollo humano.
Este artículo pretende desgranar los hallazgos globales, analizar la deriva ideológica en América Latina y aterrizar en la dolorosa realidad de un México que parece haber borrado la agenda educativa de sus prioridades nacionales y como en muchas naciones, se le da prioridad a la instrumentación política.
La erradicación de la pobreza es uno de los objetivos fundamentales del desarrollo humano. Sin embargo, definir quién es pobre y quién no lo es sigue siendo un reto técnico y conceptual. Tradicionalmente, se consideran pobres aquellos hogares que no cuentan con los recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de sus miembros.
Para permitir el florecimiento humano es fundamental proveer las condiciones necesarias a través de un desarrollo constante en todas las esferas de la sociedad. Cuando esto no ocurre, el florecimiento humano se estanca, y el caos social y político comienza a asomarse.
Actualmente, la educación es esclava de los negocios, la economía de datos, las tecnologías con pretensiones mesiánicas y tantos otros intereses. Las instituciones se han convertido en un mercado en donde el fin es la capitalización del aprendizaje y no el desarrollo integral del individuo. Se escudan dentro el progreso económico para justificar la deshumanización del aprendizaje.
La familia dentro de los aspectos de su misión y realización resalta el papel de la educación de los hijos y con ello debe de venir de la mano de una adecuada visión de la educación, en dos aspectos clave: una visión a corto plazo y una a largo plazo, esto supone tener una serie de cuestionamientos clave para lograr concretarla y el reto de su día a día.
El desarrollo social, en principio, no tiene ninguna cercanía con regalar cobijas, varillas, tarjetas plásticas con dinero, materiales de construcción, las clases masivas de boxeo o los calentadores solares.
Las instituciones económico-políticas deben garantizar que todos los ciudadanos sean participes de los beneficios del crecimiento económico.
La economía del bien común, es un sistema económico que presenta conceptos frescos y humanistas, basado en la subsidiariedad y la solidaridad, la distribución equitativa de la riqueza y los valores humanos como la confianza, honestidad y la responsabilidad.