Política y Esperanza Cívica
El reciente jubileo de los gobernantes no es ingenuidad. Es una exigencia de nuestro tiempo. Es creer que en la política el bien común es posible y que gobernar puede volver a ser un acto de esperanza. No esperamos un milagro. Esperamos un despertar.
Vivimos la vorágine de batallas ideológicas que multiplican sus trincheras: tribunales, plazas, espacios de poder, escuelas, medios digitales y lo más trascendente, la cultura. Es ahí donde realmente se decide el rumbo
de la humanidad. Es ahí donde está la confrontación de nuestra era.
Al poner al alcance indiscriminado el poder de la comunicación en quienes la manejan por capricho, intereses, irresponsabilidades o con el afán de dominio y sometimiento de aquellos a quienes los medios sin fronteras puedan alcanzar, ha generado despreocupación o indiferencia respecto de la búsqueda de la verdad. Esto ha llevado a que se afirme, con toda tranquilidad, que vivimos en la era de la posverdad.
A la institucionalización de la posverdad contribuyen quienes desde el inicio de la educación hasta los más altos niveles universitarios, han hecho del subjetivismo y el relativismo su herramienta más frecuente.
Exploremos cómo cualquier sistema democrático debe tener como ejes centrales el derecho fundamental a la participación ciudadana, la construcción del orden basado en la virtud y la edificación del Bien Común. Una reflexión sobre los pilares de la democracia y el poder de la participación en el siglo XXI.
Bajo sutiles argumentos de sanidad o en claros desplantes autoritarios, gobiernos de distintas esferas e ideologías atacan la libertad religiosa y con ellos rompen los cimientos democráticos de una convivencia respetuosa.