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Golpe de Estado en Chile

por | Historia

En 1973 fui enviado por El Heraldo de México a Chile para cubrir la información del levantamiento denominado Tanquetazo como un intento de golpe de Estado el 29 de junio de 1973, el cual fue sofocado rápidamente. Sin embargo, durante varios días permanecí en aquel país informado sobre la realidad del momento. Ya de regreso en México ocurrió el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende. Posteriormente publiqué en la revista Resumen el artículo siguiente y que fue reproducido en El Mercurio de Chile el 25 de marzo de 1974. Lo reproduzco a 50 años de aquellos sucesos.

Los Militares Acataron la Voluntad del Pueblo Chileno

Por José J. Castellanos

Si los húngaros hubieran contado con el apoyo de un ejército. Si los checoslovacos no estuvieran tan cerca de Rusia. Si las botas del totalitarismo no estuvieran tan juntas a sus cadenas a los pueblos de Europa oriental o de Cuba, podríamos escuchar un coro de voces que expresaran sus experiencias en el infierno socialista. Todo el mundo quisiera escuchar el testimonio de esos oprimidos.

Pero, en extraña contradicción, no hay un poco de atención o de reflexión para quienes sí lograron regresar de ese infierno: los chilenos.

“En ese mismo ánimo libertario que movió a checoslovacos y húngaros, para luchar contra su enemigo poderoso e inclemente, es que se ha impregnado el espíritu de los chilenos para derrotar al marxismo internacional”, dijo Augusto Pinochet en la ceremonia conmemorativa del primer mes del alzamiento del Ejército contra la anarquía socialista.

Y el propio jefe de la junta militar agrega: “por ello, inicialmente en todo el mundo se ha hecho presente la campaña en contra de Chile, desatada por los países socialistas. La calumnia y el engaño han entrado en juego permanentemente para distorsionar en el exterior la imagen real de Chile, pero ya los países se han dado cuenta de esta acción encubridora del comunismo internacional y la verdad volverá a triunfar sobre el embuste”.

Dos chilenos, Avisai Rodríguez Correa y Mario Fernández, enviados de la Junta Militar a nuestro país hablaron para RESUMEN.

Fue un diálogo en el que al mismo tiempo que se habló se sacaron a relucir datos, cifras, documentos, periódicos. No era la presentación de la versión oficial, sino la recopilación del pensamiento chileno.

“En estos momentos, explicaron, lo más importante es la solidaridad nacional. Es conmovedor observar cómo todos los sectores han contribuido voluntariamente para la integración del Fondo de Reconstrucción”.

Esa actitud, agregan, explica la verdad del movimiento militar del Ejército y los carabineros. Respondieron al llamado del pueblo.

LAS CAUSAS DEL GOLPE

Al recordar que la fecha del golpe de Estado es el 11 de septiembre, los dos chilenos muestran un documento de la Cámara de Diputados Chilena que podría tomarse como la raíz y justificación legal del alzamiento, ya que constituye un llamado a la responsabilidad del Ejército (que tiene como misión la conservación interna del país) para salvar a Chile de la anarquía. Tras exponer en 14 puntos el quebrantamiento nacional, los legisladores acordaron el 22 de agosto:

“PRIMERO. Representar al Señor Presidente de la República y a los señores Ministros de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Carabineros, el grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República que entrañan los hechos y circunstancias referidos en los considerandos quinto y duodécimo, precedentes;

“SEGUNDO. Representarles asimismo, que, en razón de sus funciones, del juramento de fidelidad a la Constitución y a las leyes que han prestado y, en el caso de dichos señores Ministros (los militares), de la naturaleza de las instituciones de que son altos miembros, y cuyo nombre se ha invocado para incorporarlos al Ministerios, les corresponde poner inmediato término a todas las situaciones de hecho referidas (la anarquía del país) que infringen la Constitución y las Leyes, a fin de encauzar la acción gubernativa por las vías de derecho y asegurar el orden constitucional de nuestra patria y las bases esenciales de convivencia democrática entre los chilenos.

TERCERO. Declara que si así se hiciere, la presencia de dichos Ministros en el Gobierno importaría un servicio valioso a la República. En caso contrario, comportaría gravemente el carácter nacional y profesional de las Fuerzas Armadas u del Cuerpo de Carabineros, con abierta infracción a lo dispuesto en el artículo 22 de la Constitución Política y grave deterioro de su prestigio institucional.”

No se trató, entonces, de un golpe “fascista” promovido por ambiciosos militares, sino la respuesta a un llamado de uno de los poderes. Asimismo, la Corte Suprema había expresado que el “presidente acogió las erróneas insinuaciones de sus presuntos colaboradores y asumió plena militancia partidaria en la ofensiva desencadenada contra un poder (el judicial) que, sin desvirtuar su oficio, no puede someterse a las exigencias o deseos de cualquier otro de los Poderes del Estado”.

Comunicaron los Ministros a Allende que su actitud era un “intento de someter el libre criterio del Poder Judicial a las necesidades políticas del Gobierno, mediante la búsqueda de interpretaciones forzadas para los preceptos de la Constitución y de las leyes. Mientras el Poder Judicial no sea borrado como tal de la Carta Política jamás será abrogada su independencia.”

Después de la lectura de estos párrafos en donde dos de los poderes del Estado, el legislativo y el judicial, denunciaban los abusos del Ejecutivo, ¿queda duda de lo que pasaba en Chile?

Sería imposible presentar aquí siquiera un extracto de esos dos documentos, muy anteriores al Golpe militar, en los que los chilenos explicaban la desesperada situación del país.

PARA MUESTRA BASTA UN BOTÓN

En su deseo por ser objetivos pero a la vez suficientemente explícitos para que los mexicanos entendieran lo desesperada de la situación, los dos chilenos mencionaron algunos de los puntos críticos de la situación que prevalecía en el gobierno de Allende, además del quebranto constitucional.

La situación económica puede resumirse en las palabras del propio Salvador Allende el 7 de septiembre (pocos días antes del golpe), cuando en la celebración de la Secretaría Nacional de la Mujer dijo: “Hay harina sólo para tres o cuatro días más”. Toda la economía se había derrumbado, mientras que los militantes marxistas controlaban el mercado negro y las bodegas de las empresas nacionales (como se descubrió más tarde) ocultaban los productos.

En la maniobra de la destrucción económica –que era la vía por la que se introducía la violencia y un autogolpe de Estado- se llegó a extremos que se resumen brevemente en los siguientes datos: inflación del 1% diario; baja de la producción agrícola de un 18%; baja de la producción industrial de un 8.8%; baja de la producción de la Gran Minería del Cobre en un 12.5 por ciento; agotamiento de la reserva de divisas; déficit presupuestario de 148.434 millones de escudos; emisión de billetes de 12.094 millones en diciembre de 1970 a 406.000 millones para diciembre de 1973; el dólar en el mercado negro que en 1970 valía a 20 Escudos, llegó a cotizarse a 3 mil en este año.

La crisis social estaba representada por una división absoluta a consecuencia de la lucha de clases. Se provocaba el odio de una clase contra otra y se incitaba a la destrucción del adversario. En lugar de colaboración en beneficio del país había una guerra declarada, primero de palabra y, a últimas fechas del régimen allendista, de hecho.

En el aspecto empresarial y patronal, por un lado se habían intervenido ilegalmente numerosas empresas “desde industrias familiares textiles”, explica Mario Fernández. Por otra parte, los propios obreros no controlados por organismos marxistas fueron perseguidos por el Gobierno, como en el caso de los transportes y las minas de cobre.

La Unidad Popular pretendió acabar con todas las libertades, principalmente con la Prensa, por lo que se cerraron periódicos, estaciones de radio y se saboteó a la TV de la Universidad Católica de Chile.

Uno de los esfuerzos más grandes que hizo Allende para conseguir esta meta –además de haber adquirido numerosos medios de difusión- fue el intento de estatizar “La Papelera”, la fábrica de papel periódico. A pesar de las atractivas ofertas del Estado, los 16 mil accionistas se niegan a vender la empresa. Los propios trabajadores organizaron guardias permanentes para evitar que se realizara una “ocupación”, método favorito de los activistas marxistas.

En represalia, el Gobierno no permitió los reajustes del precio del papel, a pesar de la inflación galopante, pero Allende no pudo salirse con la suya.

Hubo inflación con recesión, mercado negro, falta de producción, enfrentamientos de los poderes, huelgas, represión, organismos marxistas paralelos a los legales, activistas extranjeros, violencia, inmoralidad en el manejo de los organismos controlados por el Estado (“escogían no a los elementos capaces de la Unidad Popular -que los había-, sino a la canalla que podía llevar a la ruina a la industria”, explican los dos chilenos). Protestaron los obreros, las amas de casa, los políticos y los profesionistas.

¿Qué podía pasar en Chile?

Vino el golpe.

LA REPRESIÓN “FASCISTA”

Al mismo tiempo que se deterioraba la composición total de la sociedad, la Unión Popular creó cuerpos paramilitares del poder, ya que las fuerzas armadas eran un obstáculo al desbordamiento total, en vista del compromiso inicial de Allende de respetar la Constitución.

Para el 7 de agosto de este año estaba programada una rebelión militar comunista que fue descubierta a tiempo. Estaban implicadas en ella el diputado por Concepción, Oscar Garreton, secretario general del MAPU, fracción pro socialista, el senador socialista por Santiago, Carlos Altamirano, secretario general de su partido, y el secretario general del MIR, Miguel Enríquez, por lo que se pidió el desafuero de los dos primeros y se inició la persecución policiaca del último.

Ante este intento fallido se programó otro que debía realizarse con motivo de la conmemoración del aniversario de la independencia del país. El movimiento consistía en la liquidación de los dirigentes militares del ejército y el control por parte de los elementos infiltrados en la tropa y los grupos paramilitares perfectamente armados (se localizó equipo disponible para 20 mil hombres). El ejército tuvo conocimiento de esta situación y se adelantó.

En las acciones hubo muertos. ¿Cómo no los iba a haber cuando numerosos francotiradores se opusieron a las tropas? Siempre se intimó a los rebeldes para que se rindieran y cuando se resistieron fueron eliminados. Medida semejante se adoptó contra los delincuentes comunes que quisieron aprovechar la confusión para robar o cometer desmanes. Sin embargo, la situación fue controlada en poco tiempo.

El sentir interno de los chilenos fue de apoyo a los militares. Los Colegios Profesionales, numerosos sindicatos, empresas y partidos políticos se adhirieron a la acción. Lo mismo ocurrió con los poderes Legislativo y Judicial.

Como muestra –sería muy largo reproducirlo todo- he aquí algunas opiniones de partidos políticos:

Democracia Cristiana: “Los antecedentes demuestran que la FF. AA. y Carabineros no buscaron el poder. Sus tradiciones institucionales y la historia republicana de nuestra patria inspiran la confianza de que tan pronto como sean cumplidas las tareas que ellas han asumido para evitar los graves peligros de destrucción y totalitarismo que amenazaban a la nación chilena devolverán el poder al pueblo soberano para que libre y democráticamente decida sobre el destino patrio”.

“Chile estuvo al borde del “Golpe de Praga” que habría sido tremendamente sangriento. Las fuerzas Armadas no hicieron sino adelantarse a ese riesgo inminente. La Democracia Cristiana agotó los esfuerzos por una solución democrática. Hasta la última quincena conversamos con el Presidente Allende y su Gobierno, en busca de las rectificaciones indispensables para salvar a Chile de la quiebra institucional y del desastre económico. Nuestros esfuerzos no encontraron acogida seria y su fracaso condujo a la intervención militar, que las Fuerzas Armadas no buscaban y que contradecían todas sus tradiciones”.

Social Democracia: “Las FF. AA., de probado profesionalismo, patriotismo y prescindencia política, se vieron obligadas, muy a su pesar, a intervenir en resguardo de la sobrevivencia de nuestro país como nación organizada, máxime si como ha quedado comprobado plenamente ahora, la UP, bajo la dirección del Gobierno de la República, y de mercenarios extranjeros, había formado un ejército paralelo, fuertemente armado con el objeto evidente de provocar una guerra civil de trágicas consecuencias para el país”.

Nacional: “El régimen marxista se ha derrumbado bajo el peso de su incapacidad, de su sectarismo, de su inmoralidad, sus crímenes. A las Fuerzas Armadas y Carabineros ha correspondido la difícil misión rectificadora, guiados por el significado profundo de su existencia institucional, impulsados por la rebelión activa de todo un pueblo que rechazaba la dictadura marxista”.

Democracia Radical: “Las Fuerzas Armadas ante la progresiva marcha de la empresa transnacional del marxismo-leninismo que, al obedecer directrices extranjeras estaba transfiriendo nuestra soberanía a dictados foráneos, debieron hacer el patriótico sacrificio de suspender su tradición  profesional y apolítica, para proteger la soberanía y la democracia en Chile”.

“Por eso, indicaron, el Gobierno de la Junta Militar no ha proclamado ni vencedores ni vencidos, y ha llamado a la Unidad Nacional. La responsabilidad de los muertos recae en quienes envenenaron sus mentes y, como dijo el General Pinochet: “Aspiramos a derrotar al marxismo en la conciencia de los chilenos, que podrán comparar y juzgar a cada cual por sus resultados”.

Que esta dolorosa experiencia para el pueblo chileno, sirva de ejemplo a toda Hispanoamérica.

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