Con banderas de anime, consignas digitales y una narrativa forjada en redes sociales, la primera marcha contra el gobierno de Claudia Sheinbaum reveló algo más profundo que el simple descontento político: la irrupción de una protesta híbrida donde la cultura pop, la identidad digital de la Generación Z y la disputa por el sentido del poder se trasladaron del entorno virtual al espacio público, planteando nuevas preguntas sobre cómo se construye hoy la oposición, la legitimidad y el significado mismo de manifestarse.
¿Una narrativa que trasciende fronteras, religiones, visiones políticas y edades?
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