En una de sus primeras audiencias, como nuevo pontífice, y a unos días de festejar el día del maestro, el Papa León XIV; ha dejado muy claro el trabajo y la importancia para los maestros de vivir la enseñanza, la educación, como un ministerio y una misión.
En otros artículos hemos mencionado la importancia de la vocación docente: el sentido trascendente de formar a los niños y jóvenes, que la convierten en una de las actividades más nobles y gratificantes.
Ahora el Papa León XIV reconoce dos nuevas formas de entender la enseñanza y que -para quienes tenemos la dicha de ser formadores en alguna institución educativa-, debemos practicar y tener presentes: vivir ese nuevo ministerio y misión, con la intención de “ayudar a los niños y jóvenes a dar lo mejor de sí mismos, según el plan de Dios; transformando los desafíos de la época contemporánea en trampolines de lanzamiento” dijo el Papa León XIV.
Este ministerio de educación lo retoma el Papa del legado de San Juan Bautista de La Salle, reconocido por el Papa Pio XII, en 1950, con motivo del 75 aniversario de la proclamación de de La Salle como “patrono celestial de los educadores”. San Juan Bautista de La Salle no quería que hubiera sacerdotes dedicados a la docencia en las escuelas, sino solo “hermanos” para que el sacerdote no se distraiga de su ministerio sacerdotal y para que los hermanos -maestros o docentes- enfoquen sus energías, su tiempo, sus esfuerzos -con la ayuda de Dios-, a educar y formar a los niños y jóvenes.
Sin duda este ministerio y esta misión requieren de un gran compromiso; al momento de que el formador docente acepta esta misión y ministerio, debe aceptar la responsabilidad de ser un ejemplo para los educandos, y, por lo tanto, el deber de seguirse formando y preparando, ya que las nuevas generaciones exigen también nuevas formas de aprendizaje y comunicación; aprender a ser creativos y actualizarse en nuevas pedagogías y herramientas tecnológicas que ayuden a los educandos a afrontar los nuevos problemas y retos que presenta la sociedad actual.
El Papa hacía referencia a algunos de ellos: la superficialidad, el individualismo, el relativismo, la inestabilidad afectiva, el poco espacio para la escucha, la reflexión y el diálogo, tanto en la escuela como en la familia y que deriva muchas veces en la soledad. Estos desafíos son a los que el Papa denomina “trampolines de lanzamiento”.
Como docentes nos toca, junto con la familia, desarrollar nuevas y más eficientes formas de comunicación para acercarnos a los educandos, brindado espacios de diálogo, reflexión y escucha, de tal forma que podamos estimular y ayudarlos a enfrentar cada obstáculo o problema que se les presente.
Finalmente el Papa llama a todos los actores de la educación: docentes, padres de familia, directivos, Iglesia y Gobierno, a crear sinergia, y a que cada uno dé lo mejor de sí para una mejor formación de los niños y jóvenes; para hacer que ese “volcán de vida, de energía, de ideas” que son los jóvenes, entiendan las cosas maravillosas que pueden hacer para construir un sociedad mejor, más justa y santa y lograr así un sano desarrollo.
Un reconocimiento y felicitación nuevamente a todos los docentes, catequistas y todas las personas que tienen como tarea la enseñanza, formación y capacitación de las nuevas generaciones en el marco del Día del Maestro; un agradecimiento por su gran labor, recordando que esta gran misión requiere un gran compromiso con los educandos, con la sociedad, con la patria, pero, sobre todo, con Dios; es dar respuesta de ese don -talento- que nos ha regalado y confiado; para que cuando nos pida cuentas de ese talento no lleguemos con las manos vacías.
Referencias:
https://www.vaticannews.va/es.html
Imagen de https://fls.org.ar/





